Y la flor cambió de tiesto

ramosLa épica, la raza, la casta, la grandeza, el espíritu de no sé qué agresor, la remontada… todo ese lenguaje rancio y con olor a naftalina que utiliza el madridismo, y que recuerda más a las épocas en las que les regalaban los conocidos como los botijos del tío Paco en lugar de a un club moderno del siglo XXI, no le sirvió de nada en el último partido de liga, porque desde hace unos meses toda esa pamema de La Felizidane se demostró que se basaba en favores arbitrales y en la flor del entrenador francés (porque ya tiene el título, ¿no?).

Pero en el partido disputado este domingo en Sevilla y contra el Sevilla, aunque los favores arbitrales siguieron, la flor cambió de tiesto y al Real Madrid de Zidane se le vieron las costuras. Tras dos partidos seguidos de Copa contra el mismo rival en el que el protagonismo había sido para los menos habituales, a Zizou le dio un ataque de entrenador (porque ya tiene el título, ¿no?) y revolucionó su sistema habitual de 4-3-3, presentado una alineación rocosa basada en cinco defensas, un trivote por delante y dos bicocas arriba, más pendientes de sus florituras que del trabajo para el equipo.

Con esas hechuras el Real Madrid resultó un equipo plano, sin posesión, sin ocasiones de gol y sin dominio del juego, que se encontró por delante en el marcador gracias a un regalo en forma de penalti y que ni aun así fue capaz de mantener el resultado hasta el final de partido.

Y así, un Sevilla más ambicioso y con sus jugadores mejor posicionados sobre el campo, tuvo fe en la victoria y la consiguió gracias a un autogol de Sergio Ramos – ¿quién se atrevió a dudar de su sevillismo? – y a una jugada en la que le sacaron los colores al supuesto cerrojo implantado por Zidane, ya que ante cinco defensas y dos troncos por delante un jugador sevillista llegó hasta el borde del área como Perico por su casa. Con esa jugada mucho entendimos por qué al francés le costó tanto aprobar el título de entrenador (porque ya tiene el título, ¿no?).

A partir de ese momento el madridismo empezó con la letanía de los “quesis… Que si Keylor falló en el segundo gol, que si tenía que haber salido el matón de Curtis, que si el pobre Sergio Ramos se emocionó con el cariño de la grada, que si sobraron cinco minutos, que si con Mateu Lahoz eso nunca hubiese sucedido… En fin, un repertorio inagotable de disculpas absurdas antes que reconocer que Sampaoli y el Sevilla les dieron un baño táctico y de ritmo de juego.

No se puede afirmar que la flor de Zidane se haya marchitado, pero sí que se avecina la época de podas, trasplantes e injertos. Y, tras lo visto en el último partido, lo que sí es cierto es que la flor ha cambiado de tiesto. @Bajarlaalpasto

 

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