¿Y si cerramos ‘Estudio Estadio’ y dejamos la misa?

Hace unas semanas Unidos Podemos presentó una iniciativa pidiendo que se eliminase de La 2 el programa dominical que emite la misa católica, alegando que ese tipo de programa no tienen cabida en una televisión pública. Para argumentarlo metieron en una batidora lo público, lo privado, la libertad religiosa, la aconfesionalidad y lo laico, lo aderezaron con unas pizcas de demagogia y de intransigencia… y apretaron el botón.

En mi opinión, la televisión pública sí que debe retransmitir la misa de los domingos, así como otros programas dedicados a otras confesiones religiosas, ¿por qué no? Es un servicio público y, como tal, satisface la demanda de una parte de la sociedad. El tema da para un debate mucho más amplio, pero solo quería utilizarlo como introducción para mi propuesta.

estudio_estadio

Si en Unidos Podemos – o en cualquier otra formación, por supuesto – están muy preocupados por la programación de las cadenas públicas de televisión, les doy  el nombre de un programa que, en su formato actual, es indigno de que se gasten en él un solo euro público más: Estudio Estadio.

Para los que tenemos cierta edad, Estudio Estadio fue un referente de la información futbolística, ya que era la única forma posible de ver los goles y las jugadas más destacadas de la jornada liguera. Y ya no digamos el invento de la Moviola, utilizada para repetir las jugadas polémicas, gracias a los avances tecnológicos de la época (de memoria, estoy hablando de mediados los años 70).

A lo largo de los años, el programa siguió su curso con cambios de presentadores y adaptándose a las circunstancias de cada momento – llegando incluso a cambiar de nombre -, pero siempre manteniendo un rigor informativo, convirtiéndose en uno de los programas más prestigiosos de la historia de la televisión. Hasta que hace unos años la aparición de programas basura como Punto Pelota, Jugones o El Chiringuito iluminó la mente de algún botarate que decidió hacer en Estudio Estadio el mismo periodismo de alcantarilla.

Y, como empezamos con el tema de la misa, ahora tenemos ahí noche tras noche al padre Juan Carlos Rivero oficiando un extraño ritual, ayudado por monaguillos del más diverso pelaje, como Roberto Gómez o Siro López, quienes con un planteamiento mediocre y facilón optaron por chiringuitizar un programa de referencia como Estudio Estadio, hasta llevarlo a la marginalidad y a competir en audiencia con el tarot y la teletienda.

Lo triste es que ese pseudoperiodismo se financia con dinero público – en algún medio han publicado cantidades mareantes – y eso sí que censurable. Además, al final entre un original y su copia la audiencia suele elegir el original, por lo que los espectadores prefieren la pocilga de El Chiringuito antes que la corrala de Estudio Estadio.

Así es que, retomando el planteamiento inicial, le pido a nuestros políticos que dejen en paz los programas de contenido religioso, y pongan sobre aviso a Rivero y su rebaño con que o piden perdón y hacen propósito de enmienda, o les dan la extremaunción. Porque de seguir así las cosas, el siguiente paso tendrá que ser: Estudio Estadio, D.E.P. @Bajarlaalpasto

 

Anuncios