Guardiola pone en su sitio a los prostíbulos mediáticos

«El silencio de un hombre sabio es siempre significativo.» – Leo Strauss, filósofo político germano-estadounidense.

Hace unas semanas, con ocasión de la eliminatoria de cuartos de final de la Champions contra el Atleti de Simeone, Pep Guardiola se explayó en las intervenciones ante la prensa, contestando a todas las preguntas, hablando solo y mucho sobre fútbol y dando todo tipo de explicaciones. Por desgracia, para lo único que le sirvió fue para que la caverna, con el apoyo complaciente del Cholo, tergiversase sus declaraciones, sacando incluso palabras sueltas de contexto, para atacarle tal y como vienen haciendo desde los lejanos tiempos en los que entrenaba al Barça. Vamos, casi desde la prehistoria 😉

Ahora, tras la victoria del City sobre el Real Madrid (4-3) en el partido de ida de semifinales de la misma competición (sí, resalto lo de victoria del City, porque leyendo y escuchando a los trompeteros de la caverna parece que el Madrid arrasó en el Ethiad) se vivió un nuevo episodio del bochornoso trato que los medios españoles le dan a Pep Guardiola. En esta ocasión, el míster citizen no entró al trapo que le ofrecía el reporterete de turno, trabajador de la plataforma que retransmite el partido y que al mismo tiempo patrocina a uno de los equipos, al que liquidó con un par de frases hechas, unos monosílabos y unas obviedades sin ninguna chicha, mientras le miraba con cara de estar muy atento a la soplapollez que le iba a preguntar.

Por supuesto, al acabar una de las entrevistas más intrascendente de la historia del periodismo, los medios capitalinos saltaron todos a una, como si todos al mismo tiempo hubiesen recibido la misma instrucción (cosa que no se descarta). Y es que les da igual que Guardiola hable o no hable porque el relato ya lo tienen escrito (al dictado, por supuesto) y no tienen ningún interés en hablar con él sobre fútbol, tácticas, cambios, sistemas. Solo buscan un titular morboso para dejarle en evidencia, mientras se pasan por la entrepierna el código deontológico de la -en otros tiempos- prestigiosa profesión de periodista.

En un país de mediocres, en el que hace tiempo que la opinión publicada ha engullido a la opinión pública (diferencia que le escuche hace años a Felipe González), el mundo del pseudoperiodismo deportivo-futbolero se nutre de (des)informaciones interesadas que traslada a sus consumidores aborregados en forma de alfalfa a través de panfletos que no sirven ni para limpiarse las cachas y de programas radiofónicos y televisivos de dudoso gusto, donde prima el espectáculo y el show. Por eso cuando en ese páramo aparece un triunfador se le atiza sin piedad. Y si, a mayores, el susodicho es una persona con criterio e ideas propias al margen del pensamiento único, ya pasa a ser un sospechoso habitual. Por todo eso, la mugre odia a Pep. @Bajarlaalpasto

 

El Cholo desprestigia la Champions con un planteamiento cagón

«Cuántas cosas perdemos por miedo a perder.» – Paulo Coelho, escritor brasileño.

Imagen de Twitter.

Bochorno, repulsión, vergüenza… y sí, venga, lo voy a decir, ASCO ante el planteamiento (si es que se puede llamar así) de partido que perpetró el Cholo en el Ethiad ante el City, en el partido de ida de cuartos de final de la que pasa por ser la competición por equipos más importante del mundo, aunque después de ver lo que ofreció el Atleti no pasaría de ser un partido más de un cuadrangular de las fiestas de pueblo entre solteros, casados, viudos y arrejuntados.

Y que no me vengan con la pamema del equipo pobre del pueblo contra un club estado, cuando el equipo colchonero lleva años instalado en el ranking de equipos europeos que se gastan en jugadores millonadas a paladas. Es más, ayer en su defensa de seis en línea jugó como lateral izquierdo Joao Félix, por quien pagaron hace ya tres años 120 millones de euros, lo que le convierte en el defensa mejor pagado de la historia del fútbol.

Si el Atleti comenzó el partido con un aparente 5-3-2, enseguida le debió parecer un planteamiento muy arriesgado por lo que no le dio vergüenza pasar a un 5-5-0, que en ocasiones fue un 6-4-0, sabiendo que su parroquia le consiente todo, incluido un desprecio total y absoluto por el balón. Al final, el Cholo firmó un partido sonrojante sin ningún tiro a portería, perdiendo 1-0 y fracasando en su plan inicial de firmar un triste empate sin goles utilizando la táctica del «autobús» ideada por Maguregui, uno de sus antecesores en el banquillo rojiblanco. Y es que cuando eres resultadista y no consigues el resultado perseguido, lo que queda es la nada más absoluta. @Bajarlaalpasto

Nota: la imagen que ilustra el post circula por Twitter ‘como la pólvora’, pero desconozco su autor.

Fuera la basura de las ruedas de prensa del Barça

«En California no tiran la basura: la convierten en programas de televisión.» – Woody Allen, director de cine, actor, guionista y músico estadounidense.

En la previa del partido FC Barcelona – Nápoles de 1/8 de final de la Europa League comparecieron Xavi y Pedri en rueda de prensa para responder, supuestamente, a las preguntas relacionadas con ese enfrentamiento. Esto es lo que sucedería ante unos medios de comunicación interesados por informar, pero es imposible cuando los pseudoperiodistas son simples pesebreros que actúan como correa de transmisión de la empresas que les llenan la nevera a cambio de dejar su prestigio profesional – muchos no han llegado siquiera a tenerlo – a la altura del betún.

Y tristemente eso fue lo que sucedió. El primero en sentarse ante los (des)informadores fue Pedri, que ya tuvo que soportar la primera bobada cuando le preguntaron «¿Mbappé o Haaland?». Ante semejante salida de pata de banco, el centrocampista azulgrana tiró de recursos como hace cuando está rodeado de rivales, tiró un amago y le metió un caño al tonto con micrófono: «Ambos son grandes futbolistas, sin embargo, mi enfoque está en el partido de Napoli.» Y a otra cosa.

A continuación, Xavi tomó el relevo, y demostró que sigue teniendo la misma cabeza bien amueblada que tenía cuando durante años fue el director de orquesta del Barça y de la selección española, y que conserva la paciencia que tenía cuando tocaba y tocaba, y paraba y cambiaba, y ora iba ora se quedaba, para desestabilizar a las pobladas defensas rivales. Porque sino sería imposible aguantar con una sonrisa la bochornosa intervención de una tal Helena Condis, que insistía en preguntarle por Mbappé, cumpliendo con su papel de marioneta mientras Juanma Castaño movía los hilos buscando detritus para su estercolero mediático nocturno El partidazo de Cope.

La solución para acabar con la utilización espuria de las rueda de prensa para buscar únicamente un titular explosivo sería regularlas, admitiendo solo preguntas relacionadas con el motivo de su convocatoria y que un encargado del departamento de comunicación del club (estoy hablando del Barça, pero valdría para todos) interrumpiese las intervenciones y le retirase la palabra, e incluso la acreditación para futuras comparecencias, al medio que incumpla. Y punto. @Bajarlaalpasto

 

Todos ganan con la salida de Coutinho

«Las despedidas siempre duelen, aun cuando haga tiempo que se ansíen.»  – Arthur Schnitzler, narrador y dramaturgo austríaco.

Dos verdades absolutas e indiscutibles sobre el periplo de Coutinho en el FC Barcelona:

1.- En su momento, y tras la marcha traumática de Neymar, el fichaje de Coutinho, independientemente de su coste y de convertirse en el más caro de la historia de club, generó una gran ilusión en el barcelonismo porque era el jugador más apetecible que ofrecía el mercado.

2.- Justo cuando se cumplen cuatro años de su llegada al Camp Nou, con un paso por el Bayern, la salida del brasileño era un clamor por no haber cumplido las expectativas deportivas y existir una discordancia sonrojante y manifiesta entre su ficha y su rendimiento sobre el campo.

Por eso, y después de haber desaprovechado innumerables ocasiones para convertirse en el líder del Barça, la mejor solución tanto para el «¿centrocampista, interior, delantero, extremo, mediapunta?» como para el club era negociar su marcha de forma que el jugador, con un Mundial a la vuelta de la esquina, volviese a recuperar sensaciones, al mismo tiempo que el FCB se liberaba de parte de una ficha desorbitaba que estaba lastrando que cuajasen otras operaciones.

Así, la confirmación de su cesión al Aston Villa hasta final de temporada, asumiendo el club inglés buena parte de sus retribuciones, produce un win-win de manual, al salir beneficiadas las cuatro partes implicadas en esta historia:

1.- El FC Barcelona: libera, posiblemente, la ficha más alta de su plantilla y rebaja masa salarial que le ayudará a cumplir con el fair play financiero para así poder inscribir nuevos jugadores, y se desprende de un futbolista alejado de su mejor versión y que, de seguir, podría lastrar la progresión de la perlas de la cantera azulgrana al quitarles minutos.

2.- El Aston Villa: instalado en la parte media de la tabla de la Premier y alejado de los puesto que dan acceso a competiciones europeas, el equipo villano está en un proceso de transición liderado desde el banquillo por Steven Gerrard, excompañero de Coutinho en el Liverpool, y seguro que uno de sus valedores para su aterrizaje en Villa Park.

3.- Coutinho: necesita encontrar un hábitat propicio para recuperar su mejor versión, alejado de los focos y de la repercusión mediática de un equipo como el Barça, y de jugar libre de presión para poder volver a disfrutar del fútbol. Y qué mejor lugar que en un equipo de perfil bajo y dirigido por un entrenador que conoce a la perfección lo que puede darle.

4.- La ‘canarinha’: en año de mundial todos los futbolistas con posibilidades de acudir tienen esa fecha grabada en sus cabezas. Y Coutinho sabe que la única forma de entrar en la lista es jugando con asiduidad y siendo importante en su equipo, consciente de que Tite ha contado con él siempre que ha rendido a buen nivel.

En principio, parece que el acuerdo entre FC Barcelona y Aston Villa es por la cesión del jugador hasta final de temporada, haciéndose cargo el club inglés de un porcentaje alto de su ficha y con una opción de compra, desconociéndose hasta el momento los importes de dichas operaciones. Lo que sí es una realidad es que Coutinho volverá a la Premier… y ojalá que por muchos años. @Bajarlaalpasto

 

Al madridismo se le incrusta el Balón de Oro en el ojete

«Lo que comienza con el odio, termina en la vergüenza.» – Benjamin Franklin, político y científico estadounidense.

Con los trofeos más que merecidos ganados por Messi, Alexia Putellas y Pedri, la gala del Balón de Oro 2021 se tiñó de blaugrana, lo que ha provocado un aluvión de críticas y llantos en la caverna madridista, acostumbrada a mirarse el ombliguito y siendo incapaz de admitir que, mas allá de hasta donde llegan los altavoces mediáticos de Su Florentineza, no engañan a nadie.

Desde que Florentino Pérez se hizo con el control de la casa blancabajo un régimen de semipropiedad encubierto, machihembrado entre una falsa ilusión de que el club es propiedad de los socios y un sistema electoral pergeñado para eliminar cualquier atisbo de disidencia – ha sido capaz de prostituir todo lo que rodea al mundo del fútbol, desde las competiciones nacionales hasta la Champions, pasando por los medios de comunicación, el VAR y, por supuesto, el Balón de Oro. En este caso, siempre optó por comprarlos antes que producirlos, de ahí que sea un gran misterio el motivo por el cual a la cantera merengue se le bautizase con el nombre de La Fábrica. Y así se hizo con los Zidane, Figo, Owen, Ronaldo ‘el bueno’, Cannavaro, Kaká y con un Cristiano Ronaldo que llegó a Madrid con su primer BdO ganado en el United, y al que el conseguidor le sumó otros cuatro a su palmarés, a base de reabrir votaciones y de trufar con la ayuda de sus palmeros como grandes hazañas el marcar penaltis regalados o el empujar balones a puerta vacía o en fuera de juego.

Una vez consumada la espantada de la vedette de Madeira a la Juventus, Florentino se propuso darle una vuelta más al columpio, convenciendo a Modric de que le conseguiría el dorado trofeo a cambio de que renunciase a su intención de abandonar el Real Madrid tras el Mundial de Rusia 2018 para irse al Inter. Y así fue. Presentó como credenciales para hacerle merecedor de tal honor que ese año el croata había ganado la Champions, con una participación intrascendente, y había sido subcampeón del mundo con su selección, aunque no fue ni de lejos gracias a su rendimiento. A los supuestos méritos deportivos le sumó dos historietas lacrimógenas con pinta de fake news, como que había sido un niño de la guerra y pastor de cabras, y Lukita – llamado así por el madridismo más bobo y cursi – se hizo con un inmerecido Balón de Oro.

En esta edición, el mandamás merengue pensó que podría volver a engañar a los trompeteros de ‘France Football’ y que Benzema, su capitán-delincuente, ganase el prestigioso trofeo, tras un año en el que firmó un nadaplete con su club, un desastrosa Eurocopa y un título de Nations League atracado a la selección de Luis Enrique. Pero fue tal el circo mediático que organizaron los pesebreros desde los medios financiados por el capo, que hasta el delantero francés se creyó que lo iba a ganar, hasta el punto de que se llegó a comentar que ya había ido a Bricoking a comprar una estantería para colocarlo.

Pero al final se impuso la lógica y el Balón de Oro de este año lo ganó Messi, por ser simplemente el que mejor jugó al fútbol (que es lo que debería ser este premio), quedando Benzema fuera del podium y cerrando Modric la lista de 30 candidatos. A partir de ese momento, salida en tromba de los chiringuiteros y demás fauna inclasificable equipados con un móvil y/o con un micrófono, para dar rienda suelta a sus frustraciones. Y es que ya sabemos que los bobomerengues son bipolares: se pasan meses y meses dando el puto coñazo con el Balón de Oro y el día de la gala de entrega desaparecen si no les gustan los resultados, o se ponen a hablar de tongo, estafa y pucherazo… y empiezan a dar el puto coñazo con el del año que viene. Y así en bucle.

Por el bien del fútbol y de la supervivencia del Balón de Oro, esperemos que sus organizadores no vuelvan a caer en viejas tentaciones y no se dejen manipular por quien se vale de un club como el Real Madrid para medrar y para ponerlo al servicio de intereses espurios que nada tiene que ver con el deporte. Y su aborregada afición tiene dos opciones: o espabilar y alejarse de ese modelo caudillista basado en una supuesta supremacía merengue, o seguir comulgando con ruedas de molino y entonces tener que untarse las cavidades corpóreas en las que nunca da el sol con ungüentos para aliviar el escozor cada vez que no se cumplen sus fabulaciones. Y mientras se deciden, seguirán balando: BEEEEEEEEEnzema. @Bajarlaalpasto1

Los niños mantienen vivo al Barça en la Champions

«Confía en los jóvenes; confía en la innovación de esta generación.» – Jack Ma (Ma Jun), empresario chino.

Final en Kiev en el alambre, ya que cualquier resultado que no fuese una victoria dejaba al Barça prácticamente fuera de la Champions. Y el equipo blaugrana se presentó, para jugar en un ambiente gélido y contra un rival que cuenta con un entrenador con más conchas que un galápago, con un interino en el banquillo y con un once titular formado por un portero alemán en horas bajas, un central francés alejado de su mejor versión, dos holandeses – un centrocampista zozobrando como «el holandés errante» y un delantero que iba para león y se está quedando en gatito – y siete canteranos ‘made in la Masía’, con sus dosis de estilo y de ADN culé.

Pero ni el partido ni la situación ni la clasificación estaban para tirar del manual del perfecto cruyffista, y sí para recordar el célebre discurso de Winston Churchill en 1940 cuando, ante la Cámara de los Comunes, apeló al “nada puedo ofrecer aparte de sangre, esfuerzo, lágrimas y sudor”, como reconocimiento al valor de los soldados británicos durante la Segunda Guerra Mundial.

Y así el Barça, con la ayuda del alemán, el francés y los holandeses, se agarró a la Champions con el orgullo de Mingueza, esforzándose por cumplir fuera de su puesto; la calidad y la jerarquía de Eric García, del que solo falta saber cuándo será el capitán y el líder del equipo; la omnipresencia de Nico, un todocampista que recuerda a Effenberg o Schweinsteiger; la extraña mezcla de calidad e intensidad de Gavi, que parece que juega con zapatillas de cuadros con tacos de aluminio y la inocente insolencia de Ansu Fati, a quien la camiseta con el ’10’ le queda como un traje hecho a medida. Junto a ellos, un Busquets llamado a pastorear esta nueva camada de canteranos, tanto en el Barça como en la selección, y un Jordi Alba que sigue melancólico tras la marcha de Messi y que deambula por el césped mandando centritos al área como si fuesen pellizcos de monja.

A estos siete se les sumaron durante la segunda parte Araújo, un pedazo de defensa que seguro que cuando nació le dijeron a su madre en el paritorio «señora, ha tenido usted un central», y Balde, un fino estilista destinado a ser el inquilino de la banda izquierda del Camp Nou durante la próxima década.

Lo que hicieron estos chavales en el Olímpico de Kiev es una pequeña muestra de lo que pueden llegar a hacer, siempre que se encuentren arropados y el club sea capaz de crear el hábitat propicio para que explote todo su talento. El futuro, e incluso la viabilidad del FC Barcelona, pasa por las botas de estos canteranos y por las cabezas pensantes de sus dirigentes. Por el bien del Barça, esperemos que estos tomen las decisiones correctas y que aquellos respondan a la confianza que están teniendo. Y es que un buen trabajo desde los despachos tendrá su reflejo en el campo. @Bajarlaalpasto1

En Merenguilandia siguen celebrando el atraco de Francia en la Nations League

«Una derrota peleada vale más que una victoria casual.» – José de San Martín, militar y político argentino.

Si os preguntasen en qué partido jugado en San Siro, con árbitro británico, en el que estaba en juego un título europeo, ganó el equipo que iba vestido de blanco con un gol marcado en fuera de juego, la mayoría seguro que habríais contestado la final de la Champions de 2016 en la que el Real Madrid se impuso al Atleti con un clamoroso gol ilegal de Sergio Ramos. Y doy tantos datos para identificar el partido porque si solo hubiese que adivinar qué final europea ganó un equipo de blanco con gol en fuera de juego también podríais haber dicho la que le atracó – perdón, ganó – el Madrid a la Juventus en Amsterdam en 1998, con arbitraje de Krug, uno de los benefactores de la Casa Blanca.

Pues desde hace unos días también sería una respuesta correcta el robo perpetrado en ese mismo estadio por Francia, ataviada de blanco impoluto, a España en la final de la Nations League, cambiando en el papel de cooperador necesario a Clattenburg por Taylor, que abandonaron la famosa flema británica para dedicarse a pastelear y a medrar.

Lo que tienen en común esos tres episodios lamentables, que seguro que ocuparían un lugar destacado si un día se publicase una recopilación de competiciones manipuladas por la UEFA, es que los tres se celebraron en Merenguilandia con fanfarria y repique de bombo, si bien es cierto que la victoria de Francia, o la derrota de la selección española de Luis Enrique, se festejó más en las redes sociales, sin necesidad de vallar Cibeles ni de embutir a la presidenta Ayuso en una camiseta blanca, como sí se hizo en otras ocasiones con sus antecesoras en el cargo, Aguirre o Cifuentes.

Y es que el título del equipo francés le proporcionó al nazionalmadridismo un doble placer: por un lado le sirvió para atizarle a Luis Enrique por no haber llevado a ningún jugador del Madrid, como si la presencia del tal Nacho o de una medianía como Lucas Vázquez hubiese alterado el resultado de la final; y por otro, lo están utilizando para seguir dando la matraca y seguir promocionando a Benzema en la carrera por el Balón de Oro.

Sin duda lo más chusco es que esta celebración está protagonizada por los que siempre han presumido de buenos españoles, y así se permitían criticar a Piqué, al que le negaban el derecho de jugar con la selección porque entendían que era un indepe que no sentía la camiseta, o se ponían estupendos por unos silbidos al himno en los prolegómenos de alguna final de Copa del Rey.

Pero la bipolaridad de estos infraseres les llevó a que, dos días después de jalear al vecino francés, desempolvaron la bandera rojigualda para ponerla en el balcón para celebrar la festividad del 12 de octubre, conocida como la Fiesta Nacional, y ahí sí que sacaron a relucir su extraño orgullo y su patriotismo de la señorita Pepis. @Bajarlaalpasto1

La caverna vomita bilis contra Luis Enrique

«La grandeza inspira envidia. La envidia engendra rencor. El rencor genera mentiras.» – JK Rowling, escritora británica.

Han pasado casi diez años desde la última gran victoria de la selección española, tras el periodo mágico entre 2008-2012 en los que dominó el planeta fútbol ganando dos Eurocopas y un Mundial desplegando un fútbol espectacular, y ahora que vuelve al primer plano y disputará el título de la segunda Nations League contra Francia, actual campeona del mundo, la afición vuelve a estar dividida. Y, tristemente, vuelven a ser los mismos que antes de 2008 organizaron una cacería contra el seleccionador Luis Aragonés los que ahora vuelven a la cargan para atizarle a Luis Enrique, y por el mismo motivo: plantarse para dejar que la selección española deje de ser una sucursal de la cochiquera madridista.

Y así, si en su momento Luis Aragonés tomó la decisión deportiva de prescindir de Raúl, de profesión capitán del Real Madrid y manipulador de vestuarios, para apostar por Fernando Torres y Villa, en la última Eurocopa Luis Enrique decidió que ningún jugador del Madrid daba el nivel para acudir a la cita en la que el combinado nacional volvió a la élite, llegando a disputar la semifinal y siendo injustamente eliminada contra la futura campeona, Italia. Y eso en los estercoleros mediáticos de la capital jamás se lo perdonaron.

La primera factura que le quisieron cobrar al técnico asturiano fue por la ausencia de Sergio Ramos en la convocatoria, cuando el camero estaba lesionado y prácticamente llevaba todo el año sin jugar, situación que se ha prolongado hasta la fecha. Pero daba igual, e incluso algún pesebrero prefirió meter su dignidad en el cubo de la basura, para exigir que el capitán merengue tendría que acudir a la cita europea por su capacidad para ejercer como líder. A partir de ahí ya todo valió, y el nazionalmadridismo salió en tromba para criticar a Luis Enrique por no haber llevado a un lateral derecho próximo a la cuarentena, al cuarto central del Madrid, a un centrocampista medio tocado del Betis o a un delantero del Celta que lo único que demostró en su carrera es que solo ha rendido a alto nivel en el club vigués. Como si llevar a esos cuatro (buenos) futbolistas hubiese mejorado el gran resultado final en el torneo.

Y ante la final-four de la Nations League, a la que España llegó tras dejar por el camino a la todopoderosa Alemania, volvieron las críticas feroces contra el seleccionador. Por un lado, por no haber llamado a ningún jugador del Madrid, como si hubiese alguno que se lo mereciese, como el tal Nacho, cuyo único mérito es ser capaz de jugar mal en varias posiciones, o Lucas Vázquez, una medianía que tendría difícil despuntar en una liga de peñas. Y menciono a estos dos tuercebotas, porque reclamar la presencia de Ausencio, perdón Asensio, o Isco parece una broma pesada. Y por otro la convocatoria de Gavi, un chaval de 17 años al que Koeman ha subido al primer equipo del Barça, y al que desde los panfletos capitalinos han atacado, argumentando que tenía por delante a Luis Alberto, a Brahim Díaz o que hasta el españolista Darder – ¡Darder! – reunía más méritos.

Pero la brillante victoria de la selección ante la Italia eurocampeona, que además jugaba en su casa, con Gavi de titular y con un atractivo 4-3-3 basado en la posesión, la presión alta y en jugar en campo contrario y con falso nueve, demostró que la caverna nunca descansa. Y así, después del partido se sucedieron los comentarios críticos, insistiendo en que Luis Enrique es un provocador, que la selección está formada por jugadores mediocres y de perfil bajo, e incluso algún atolondrado llegó a afirmar que, ante la final, hay más cosas que le unen a Francia que a España. Por supuesto que esta basura que trabaja en los medios es la misma que de vez en cuando reparte carnets de españoles buenos y malos, y son los mismos que durante años organizaron una cacería contra Piqué porque, según sus cerebros podridos de odio, era un indepe que no sentía los colores.

Por cierto, recordarles a esos botarates que aseguran sin ponerse colorados que la selección está formada por futbolistas de perfil bajo que el once titular que presentó Luis Enrique contra Italia estuvo formado por el portero del equipo campeón de la Supercopa y finalista de las dos últimas Copas del Rey, dos defensas del equipo que ganó la Champions, otro la Premier y el cuarto la Europa League; un centro del campo con un campeon de LaLiga, otro de la Copa y el tercero titular y revelación del Barça; y una delantera con un ganador de la Premier, un jugador del PSG y otro de la Real Sociedad, actual colíder de LaLiga.

En resumen, la caverna ya tiene escrito el relato, independientemente de lo que suceda en la final contra la Francia campeona del mundo: Si la selección pierde, a Luis Enrique le atizarán más que a una estera; si gana, dirán que la Nations League es un torneo menor. Y es que la caverna hará todo lo posible para deshacerse de un seleccionador que los ningunea y que presume públicamente de saber más de fútbol que ellos, algo que no le ocurriría discutir ni a quien asó la manteca. Pero, por suerte para el fútbol español, por lo menos hasta el Mundial de Qatar tendrán que tragar con el técnico asturiano, así es es recomendable que hagan acopio de Almax, Primperán, Lexatín y Hemoal para pasar estos meses de la forma más digna posible. @Bajarlaalpasto1

Luis Enrique vuelve a retratar al nazionalmadridismo

“Convicciones fuertes preceden a las grandes acciones.” – James Freeman Clarke, teólogo estadounidense.

Desde la pasada Eurocopa en la que la selección española firmó una gran actuación llegando a semifinales, donde fue eliminada injustamente por la Italia que se proclamaría campeona, cuando el seleccionador nacional Luis Enrique anuncia una nueva convocatoria, gran parte del fútbol español – desde pesebreros que manchan la profesión de periodista desde sus estercoleros mediáticos hasta aficionados que en su vida le han dado un puntapié a un bote, pasando por una cohorte de tuiteros que utilizan las redes sociales para dar rienda suelta a sus frustraciones – se pone en pie de guerra para criticar la lista, muchas veces antes de leerla completa y ya no digamos de analizarla.

Y es que ese grupo, capitaneado por la facción más radical del madridismo, como es el nazionalmadridismo, formado por los merengones más rancios, con olor a naftalina y llenos de caspa, se cree que sigue siendo el propietario de la selección, como sucedía en las épocas históricas más tristes y desoladoras del combinado nacional, y su sueño húmedo es tener al frente de la misma a un meapilas a quien pastorear para que la roja no sea nada más que una sucursal de la cochiquera del Bernabéu. El ejemplo más cercano es el de Lopetegui, a quien el convocar a los suplentes del Real Madrid le sirvió para que Florentino Pérez entrase a degüello en el vestuario de la selección en vísperas del inicio del Mundial de Rusia’18 para llevárselo con malas artes.

Pero con Luis Enrique, como diría un sabio popular, “van de cachas, cuesta arriba y con el viento en contra”, porque como diría otro castizo al asturiano las críticas “se la trae floja, oscilante y pendulona”, por lo que se siente libre para llamar – o no –  a quien considere oportuno.

Además, los resultados le están dando la razón. Y así, desde 2012 la selección española había dejado de ser un referente  en el panorama internacional, firmando ridículo tras ridículo, hasta que llegó Luis Enrique y la llevó a unas semifinales de Eurocopa y a la final four de la Nations League. Pero la miseria de sus críticos llega hasta el punto de que, en vez de reconocérselo, aseguran que se podría haber ganado la Euro si hubiese alistado a otro lateral derecho, al cuarto central del Real Madrid, a un centrocampista del Betis y al delantero del Celta, como si estuviésemos hablando de Cafú, Baressi, Neeskens y Batistuta.

Ahora el drama es que convoca a Gavi, como antes a Pedri, en vez de a Brahim Díaz. Y es que cómo estará un tal Nacho para que el nazionalmadridismo ya ni reclame su presencia en el puesto de Eric García o Laporte. Porque la pamema que organizaron con Sergio Ramos mejor no recordarla. Por cierto, un dato importante es que en el último partido de Champions, en el que el Madrid firmó un ridículo internacional frente al, ahora no recuerdo bien el nombre, el Bayern de Sheriff o el Sheriff City moldavo, Carleto acabó el partido con un once formado por 1 belga, 1 austríaco, 1 croata, 1 uruguayo, 1 alemán, 1 serbio, 2 franceses y 3 brasileños… vamos, que los que reparten carnets de españoles buenos y malos tienen la cara más dura que todo el cemento utilizado en la reforma del Alibabá Stadium, para acusar al seleccionador de antimadridista por no convocar a ningún jugador merengue.

Y es que en fondo son unos cachondos y lo que no quieren para ellos, lo quieren para los demás. Pero si a Rubiales no le tiembla el pulso y sigue aguantando las muchas presiones que está teniendo, los nazionalmadridistas van a seguir teniendo ese escozor en el ojete que les provoca cada victoria que consigue la selección con Luis Enrique al frente. @Bajarlaalpasto1

Piqué: ‘Es lo que hay’… y una mierda

«El hombre es dueño de sus silencios y esclavo de sus palabras.” –  Aristóteles, filósofo griego.

Comienzo con una aclaración, innecesaria para mis fieles y pacientes seguidores-lectores, por si hay algún despistado o alguna nueva incorporación: tanto en este blog como en la cuenta de Twitter @Bajarlaalpasto1 siempre he sido un gran defensor y un gran admirador de Gerard Piqué, al que le he dedicado varios posts. Y siempre he dicho que es [era] el mejor central del mundo… pero solo cuando le sale [salía] de las bolas.

Dicho esto, lo cierto es que desde 2017 – ¡ya cinco años!!! – Piqué aparece retratado en los ocho resultados más vergonzosos sufridos por el Barça en Champions durante este tiempo, siempre acompañado por Sergi Roberto, Jordi Alba, Busquets y Ter Stegen (sí, también Ter Stegen, ya sé que para muchos está mal recordarlo, pero la hemeroteca es así de caprichosa).

No seré yo quien dude de la profesionalidad del central, pero lo que sí es cierto, y aquí la hemeroteca vuelve a ser caprichosa, es que en los últimos años el fútbol no ha sido su única prioridad, diversificando sus actividades, principalmente a través de la empresa Kosmos, organizando el nuevo formato de la Copa Davis, representando a tenistas como Thiem o participando en proyectos futbolísticos como el FC Andorra, al mismo tiempo que arrasa en sus incursiones en el mundo de la comunicación, tanto a nivel personal con sus redes sociales como con su alianza con Ibai Llanos, tras haber comprado los derechos de la última Copa América y el debut de Messi con el PSG, o el nuevo proyecto que van a compartir en eSports. Y para todo eso se necesita tiempo, dedicación y concentración.

Recordamos que tras la vergonzosa derrota en Champions por 2-8 en Lisboa ante el Bayern, Piqué había declarado que «nadie es imprescindible, yo soy el primero que me ofrezco, si tiene que venir sangre nueva y cambiar esta dinámica soy el primero en irme, en dejarlo, porque creo que hemos tocado fondo”, añadiendo que “no competimos en Europa, llevamos unos años así, independientemente de quién sea el entrenador o de los jugadores que sean. En LaLiga nos daba, pero tampoco nos da.”

Pues bien, ha pasado más de un año y, centrándonos en la situación deportiva de Piqué en el Barça, el jugador sigue formando parte de la plantilla de la cual es el capitán y se ha vendido como un gran servicio al club una rebaja salarial que, en términos reales, ha sido diferirse el pago de su ficha a cambio de asegurarse una temporada más (hasta el 2024). Y, lo que resulta más triste, parece que a nivel futbolístico no está capacitado para  desempeñar el que tendría que ser su último gran servicio al club, como era el de apadrinar a Araújo y Eric García y que creciesen y se asentasen a su lado.

Así es que, y por mucho que me duela decirlo, Piqué no ha dado un paso a un lado ni, mucho menos, un paso al frente. Lo que sí da, y cada vez más, son pasos atrás sobre el terreno de juego, reculando para que no se le vean las costuras y metiendo al equipo a defender en su área, en vez de sacar la línea y hacer un bloque más junto, más compacto y más dominador.

Y está muy bien que tras una derrota dolorosa no se esconda y dé la cara. Pero lo que no es de recibo es que en septiembre, con solo tres jornadas de Liga y una de Champions disputadas, diga con cara lánguida: “es lo que hay, ahora somos lo que somos”, y transmita ese mensaje derrotista, como queriendo decir que con veteranos acomodados, fichajes de la clase media y jóvenes barbilampiños la temporada se nos va a hacer los culés más larga que el viaje de Marco para encontrar a su buena mamá… y eso que este serial lacrimógeno tuvo un final feliz. @Bajarlaalpasto1