Todos ganan con la salida de Coutinho

«Las despedidas siempre duelen, aun cuando haga tiempo que se ansíen.»  – Arthur Schnitzler, narrador y dramaturgo austríaco.

Dos verdades absolutas e indiscutibles sobre el periplo de Coutinho en el FC Barcelona:

1.- En su momento, y tras la marcha traumática de Neymar, el fichaje de Coutinho, independientemente de su coste y de convertirse en el más caro de la historia de club, generó una gran ilusión en el barcelonismo porque era el jugador más apetecible que ofrecía el mercado.

2.- Justo cuando se cumplen cuatro años de su llegada al Camp Nou, con un paso por el Bayern, la salida del brasileño era un clamor por no haber cumplido las expectativas deportivas y existir una discordancia sonrojante y manifiesta entre su ficha y su rendimiento sobre el campo.

Por eso, y después de haber desaprovechado innumerables ocasiones para convertirse en el líder del Barça, la mejor solución tanto para el «¿centrocampista, interior, delantero, extremo, mediapunta?» como para el club era negociar su marcha de forma que el jugador, con un Mundial a la vuelta de la esquina, volviese a recuperar sensaciones, al mismo tiempo que el FCB se liberaba de parte de una ficha desorbitaba que estaba lastrando que cuajasen otras operaciones.

Así, la confirmación de su cesión al Aston Villa hasta final de temporada, asumiendo el club inglés buena parte de sus retribuciones, produce un win-win de manual, al salir beneficiadas las cuatro partes implicadas en esta historia:

1.- El FC Barcelona: libera, posiblemente, la ficha más alta de su plantilla y rebaja masa salarial que le ayudará a cumplir con el fair play financiero para así poder inscribir nuevos jugadores, y se desprende de un futbolista alejado de su mejor versión y que, de seguir, podría lastrar la progresión de la perlas de la cantera azulgrana al quitarles minutos.

2.- El Aston Villa: instalado en la parte media de la tabla de la Premier y alejado de los puesto que dan acceso a competiciones europeas, el equipo villano está en un proceso de transición liderado desde el banquillo por Steven Gerrard, excompañero de Coutinho en el Liverpool, y seguro que uno de sus valedores para su aterrizaje en Villa Park.

3.- Coutinho: necesita encontrar un hábitat propicio para recuperar su mejor versión, alejado de los focos y de la repercusión mediática de un equipo como el Barça, y de jugar libre de presión para poder volver a disfrutar del fútbol. Y qué mejor lugar que en un equipo de perfil bajo y dirigido por un entrenador que conoce a la perfección lo que puede darle.

4.- La ‘canarinha’: en año de mundial todos los futbolistas con posibilidades de acudir tienen esa fecha grabada en sus cabezas. Y Coutinho sabe que la única forma de entrar en la lista es jugando con asiduidad y siendo importante en su equipo, consciente de que Tite ha contado con él siempre que ha rendido a buen nivel.

En principio, parece que el acuerdo entre FC Barcelona y Aston Villa es por la cesión del jugador hasta final de temporada, haciéndose cargo el club inglés de un porcentaje alto de su ficha y con una opción de compra, desconociéndose hasta el momento los importes de dichas operaciones. Lo que sí es una realidad es que Coutinho volverá a la Premier… y ojalá que por muchos años. @Bajarlaalpasto

 

Al madridismo se le incrusta el Balón de Oro en el ojete

«Lo que comienza con el odio, termina en la vergüenza.» – Benjamin Franklin, político y científico estadounidense.

Con los trofeos más que merecidos ganados por Messi, Alexia Putellas y Pedri, la gala del Balón de Oro 2021 se tiñó de blaugrana, lo que ha provocado un aluvión de críticas y llantos en la caverna madridista, acostumbrada a mirarse el ombliguito y siendo incapaz de admitir que, mas allá de hasta donde llegan los altavoces mediáticos de Su Florentineza, no engañan a nadie.

Desde que Florentino Pérez se hizo con el control de la casa blancabajo un régimen de semipropiedad encubierto, machihembrado entre una falsa ilusión de que el club es propiedad de los socios y un sistema electoral pergeñado para eliminar cualquier atisbo de disidencia – ha sido capaz de prostituir todo lo que rodea al mundo del fútbol, desde las competiciones nacionales hasta la Champions, pasando por los medios de comunicación, el VAR y, por supuesto, el Balón de Oro. En este caso, siempre optó por comprarlos antes que producirlos, de ahí que sea un gran misterio el motivo por el cual a la cantera merengue se le bautizase con el nombre de La Fábrica. Y así se hizo con los Zidane, Figo, Owen, Ronaldo ‘el bueno’, Cannavaro, Kaká y con un Cristiano Ronaldo que llegó a Madrid con su primer BdO ganado en el United, y al que el conseguidor le sumó otros cuatro a su palmarés, a base de reabrir votaciones y de trufar con la ayuda de sus palmeros como grandes hazañas el marcar penaltis regalados o el empujar balones a puerta vacía o en fuera de juego.

Una vez consumada la espantada de la vedette de Madeira a la Juventus, Florentino se propuso darle una vuelta más al columpio, convenciendo a Modric de que le conseguiría el dorado trofeo a cambio de que renunciase a su intención de abandonar el Real Madrid tras el Mundial de Rusia 2018 para irse al Inter. Y así fue. Presentó como credenciales para hacerle merecedor de tal honor que ese año el croata había ganado la Champions, con una participación intrascendente, y había sido subcampeón del mundo con su selección, aunque no fue ni de lejos gracias a su rendimiento. A los supuestos méritos deportivos le sumó dos historietas lacrimógenas con pinta de fake news, como que había sido un niño de la guerra y pastor de cabras, y Lukita – llamado así por el madridismo más bobo y cursi – se hizo con un inmerecido Balón de Oro.

En esta edición, el mandamás merengue pensó que podría volver a engañar a los trompeteros de ‘France Football’ y que Benzema, su capitán-delincuente, ganase el prestigioso trofeo, tras un año en el que firmó un nadaplete con su club, un desastrosa Eurocopa y un título de Nations League atracado a la selección de Luis Enrique. Pero fue tal el circo mediático que organizaron los pesebreros desde los medios financiados por el capo, que hasta el delantero francés se creyó que lo iba a ganar, hasta el punto de que se llegó a comentar que ya había ido a Bricoking a comprar una estantería para colocarlo.

Pero al final se impuso la lógica y el Balón de Oro de este año lo ganó Messi, por ser simplemente el que mejor jugó al fútbol (que es lo que debería ser este premio), quedando Benzema fuera del podium y cerrando Modric la lista de 30 candidatos. A partir de ese momento, salida en tromba de los chiringuiteros y demás fauna inclasificable equipados con un móvil y/o con un micrófono, para dar rienda suelta a sus frustraciones. Y es que ya sabemos que los bobomerengues son bipolares: se pasan meses y meses dando el puto coñazo con el Balón de Oro y el día de la gala de entrega desaparecen si no les gustan los resultados, o se ponen a hablar de tongo, estafa y pucherazo… y empiezan a dar el puto coñazo con el del año que viene. Y así en bucle.

Por el bien del fútbol y de la supervivencia del Balón de Oro, esperemos que sus organizadores no vuelvan a caer en viejas tentaciones y no se dejen manipular por quien se vale de un club como el Real Madrid para medrar y para ponerlo al servicio de intereses espurios que nada tiene que ver con el deporte. Y su aborregada afición tiene dos opciones: o espabilar y alejarse de ese modelo caudillista basado en una supuesta supremacía merengue, o seguir comulgando con ruedas de molino y entonces tener que untarse las cavidades corpóreas en las que nunca da el sol con ungüentos para aliviar el escozor cada vez que no se cumplen sus fabulaciones. Y mientras se deciden, seguirán balando: BEEEEEEEEEnzema. @Bajarlaalpasto1

Rinus Michels, la escuela holandesa llega al Barça – Francisco Javier Roldán

«Michels puso a Holanda en el mapa futbolístico mundial. Todavía nos estamos aprovechando de ello.» – Johan Cruyff

En el primer párrafo de la introducción de este libro, el autor recuerda que en 2019 la FIFA proclamó a Rinus Michels como mejor entrenador del siglo XX, principalmente por haber revolucionado el fútbol entre los años sesenta y setenta, al ser el ideólogo del llamado fútbol total, y de la influencia que tuvo en las siguientes generaciones de entrenadores que se mantuvieron fieles a sus propuestas, como Cruyff y Guardiola

A lo largo de 216 páginas – divididas en una introducción, cinco capítulos y un epílogo – que dan forma a este libro publicado por la editorial librofutbol.com, su autor explica los inicios de la escuela holandesa, lo que supuso la aparición del Ajax de los 70 y ‘la naranja mecánica’ y como, a través de la labor de Michels en el banquillo y de Cruyff en el campo, acabaron implantando su filosofía futbolística en el Barça, convirtiéndola en su principal seña de identidad.

Esta joyita que nos ha regalado F. Javier Roldán, recomendada para paladares futboleros exquisitos, está plagada de datos históricos, anécdotas, crónicas de partidos, alineaciones, sistemas de juego, evolución de estilos, todo ello salpicado con referencias a presidentes, clubes, entrenadores, futbolistas, representantes y periodistas que marcaron una época irrepetible en la historia del fútbol.

Se aconseja leer este libro teniendo a mano lápiz, bolígrafo, iluminadores de distintos colores, post-it y la cámara del móvil para subrayar, marcar y captar toda la sabiduría futbolística que atesora. Podría poner muchos ejemplos, pero me quedo con estas líneas de la página 57: «Michels fue un técnico especial, alguien que verdaderamente cambió la historia del fútbol, y no lo hizo desde los títulos, sino desde una manera concreta de jugarlo.»

Así es que no lo dudéis, haceros con el libro y compaginar el disfrutar del buen fútbol con el placer de la lectura.

Twitter del autor: @JaviHipo

Este libro forma parte de mi biblioteca #LibrosFutboleros

Los niños mantienen vivo al Barça en la Champions

«Confía en los jóvenes; confía en la innovación de esta generación.» – Jack Ma (Ma Jun), empresario chino.

Final en Kiev en el alambre, ya que cualquier resultado que no fuese una victoria dejaba al Barça prácticamente fuera de la Champions. Y el equipo blaugrana se presentó, para jugar en un ambiente gélido y contra un rival que cuenta con un entrenador con más conchas que un galápago, con un interino en el banquillo y con un once titular formado por un portero alemán en horas bajas, un central francés alejado de su mejor versión, dos holandeses – un centrocampista zozobrando como «el holandés errante» y un delantero que iba para león y se está quedando en gatito – y siete canteranos ‘made in la Masía’, con sus dosis de estilo y de ADN culé.

Pero ni el partido ni la situación ni la clasificación estaban para tirar del manual del perfecto cruyffista, y sí para recordar el célebre discurso de Winston Churchill en 1940 cuando, ante la Cámara de los Comunes, apeló al “nada puedo ofrecer aparte de sangre, esfuerzo, lágrimas y sudor”, como reconocimiento al valor de los soldados británicos durante la Segunda Guerra Mundial.

Y así el Barça, con la ayuda del alemán, el francés y los holandeses, se agarró a la Champions con el orgullo de Mingueza, esforzándose por cumplir fuera de su puesto; la calidad y la jerarquía de Eric García, del que solo falta saber cuándo será el capitán y el líder del equipo; la omnipresencia de Nico, un todocampista que recuerda a Effenberg o Schweinsteiger; la extraña mezcla de calidad e intensidad de Gavi, que parece que juega con zapatillas de cuadros con tacos de aluminio y la inocente insolencia de Ansu Fati, a quien la camiseta con el ’10’ le queda como un traje hecho a medida. Junto a ellos, un Busquets llamado a pastorear esta nueva camada de canteranos, tanto en el Barça como en la selección, y un Jordi Alba que sigue melancólico tras la marcha de Messi y que deambula por el césped mandando centritos al área como si fuesen pellizcos de monja.

A estos siete se les sumaron durante la segunda parte Araújo, un pedazo de defensa que seguro que cuando nació le dijeron a su madre en el paritorio «señora, ha tenido usted un central», y Balde, un fino estilista destinado a ser el inquilino de la banda izquierda del Camp Nou durante la próxima década.

Lo que hicieron estos chavales en el Olímpico de Kiev es una pequeña muestra de lo que pueden llegar a hacer, siempre que se encuentren arropados y el club sea capaz de crear el hábitat propicio para que explote todo su talento. El futuro, e incluso la viabilidad del FC Barcelona, pasa por las botas de estos canteranos y por las cabezas pensantes de sus dirigentes. Por el bien del Barça, esperemos que estos tomen las decisiones correctas y que aquellos respondan a la confianza que están teniendo. Y es que un buen trabajo desde los despachos tendrá su reflejo en el campo. @Bajarlaalpasto1

Cuatro capitanes culés y un funeral

«La culpa ha sido mía, yo soy el único cabrón de esta historia…» – Hugh Grant en la película ‘Cuatro bodas y un funeral’.

Uno de los momentos más famosos de la historia de la liga es el desenlace de la que se disputó la temporada 1993/1994, que finalizó con el famoso penalti fallado por Djukic que le habría dado el título al Deportivo de La Coruña, y que se acabó celebrando en Barcelona en la que fue la cuarta liga consecutiva del ‘Dream Team’ de Cruyff. Al final el partido y con un Riazor desolado, un abatido Arsenio Iglesias se presentó en la rueda de prensa y soltó una de las frase que debería formar parte de cualquier compendio de filosofía que se precie: «Mucho que decir y poco que contar».

Han pasado 27 años desde ese episodio y, al acabar el esperpento protagonizado por el Barça en Vallecas, lo primero que me ha venido a la mente en la sentencia de o Bruxo de Arteixo; y es que cómo se puede explicar el delirante inicio de temporada del equipo blaugrana, que tras diez jornadas suma unos paupérrimos 15 puntos (la mitad de los posibles), producto de cuatro victorias, tres empates y tres derrotas, casualmente todas contra conjuntos madrileños, marcando unos ridículos 15 goles y encajando 11, destacando que en varios partidos el primer disparo entre tres palos ha acabado en las redes de la portería de Ter Stegen.

A la hora de buscar culpables seguro que la responsabilidad está compartida, empezando por la junta directiva, siguiendo por el cuerpo técnico y acabando por los jugadores, y dándole también su parte a los servicios médicos, a los que por la forma en la que están gestionando y tratando las lesiones habría que recordarles la máxima «si juegas a los médicos, hazlo sin pacientes reales», y a todos esos metemierdas que desde los medios de (des)información y desde las redes sociales pululan cerca del club y que son expertos en provocar incendios y en ofrecerse para apagarlos con gasolina.

Los antiguos romanos, que eran gente sabia y de buen razonar, decían que «el pescado se empieza a pudrir por la cabeza«. Y en el caso del Barça está claro que tanto el presidente Laporta como su antecesor Bartomeu, en unas ocasiones por acciones y en otras por omisión, tienen su cuota como máximos responsables de la institución; tampoco puede escapar de la quema un Koeman sobrepasado por los acontecimientos y que, como entrenador, está demostrando tener menos cintura que cuando era el último defensor en su etapa como jugador.

Pero en esta ocasión quiero dedicarle unas líneas a un cuarteto que lleva formando parte activa de los últimos estropicios que ha sufrido el FC Barcelona, que no son otros que sus cuatro actuales capitanes: Busquets, Piqué, Alba y Sergi Roberto. Y es que, por poner una fecha dolorosa en el recuerdo de los aficionados, los cuatro estuvieron en el vergonzante 3-0 de Roma y también acudieron puntuales a las sonrojantes citas europeas con el Liverpool (4-0), Bayern (2-8) Juventus (0-3), PSG (1-4) Bayern (0-3) y Benfica (3-0). Por el medio, también derrotas dolorosas en competiciones domésticas y una falta absoluta de nivel competitivo, tanto ante los grandes del fútbol español, como Real Madrid o Atleti, como últimamente ante sus nuevas bestias negras, como el Granada City, el Bayern de Cádiz, el Getafelsburgo o el Inter de Vallecas.

Resulta triste y preocupante comprobar que en la mayoría de las ocasiones en las que los cuatro capitanes están sobre el campo, el partido acaba en un funeral. Y es que Busquets no es capaz de llevar la manija de un equipo blandito, Piqué tiene otras prioridades que le ocupan mucho tiempo, Alba llevaba años viviendo de los caramelitos que le regalaba Messi y Sergi Roberto es un futbolista intrascendente con un juego más insulso que un bocadillo de miga de pan.

El problemas es que, cuando otros capitanes como Puyol, Xavi o Iniesta vieron que su momento había llegado y los tres pactaron una salida con honores del club de su vida, los actuales portadores del brazalete se han agarrado a sus contratos, cediendo únicamente en diferir la duración de los mismos para no perder ni un céntimo, y al poder que tienen en el vestuario para impedir la renovación a fondo que se debería practicar en la plantilla. Y con este comportamiento irresponsable, el aficionado culé seguirá asistiendo a un funeral tras otro mientras espera la resurrección de un equipo muerto y enterrado. @Bajarlalpasto1

La central lechera saca su peor versión para atacar a Gavi

«¡Oh miseria humana, a cuántas cosas te sometes por el dinero!» – Leonardo da Vinci, polímata italiano del Renacimiento.

Sin duda en un país normal, la irrupción de Gavi, un futbolista de 17 años, en el once titular del Barça y su posterior llamada para formar parte de la selección española que disputó la final-four de la Nations League sería una de las noticias deportivas más celebradas del año. Pero aquí no. Todo lo contrario. Su convocatoria por parte de Luis Enrique y posterior debut como titular ante Italia fue tildado por la caverna como ‘provocación’, y su inclusión en la alineación titular para disputarle el título a Francia se consideró como una declaración de guerra por parte del seleccionador quien, a juicio de esas cabezas podridas, solo pretendía dividir a la afición y alejar a los seguidores de la selección.

Lo cierto es que Gavi –insisto, un chaval de 17 años que tendría que estar en el instituto- se mostró ajeno a todas las críticas y se cascó dos partidazos contra Verrati y Pogba, para entendernos, frente a la campeona de Europa y la campeona del mundo, no desentonando en ningún momento, y siendo un factor determinante para que la selección española llevase el mando del juego en los dos partidos.

Pero la caverna ya había cobrado su presa y no la iba a soltar; y si con Luis Enrique no pueden, porque rueda de presan sí y rueda de prensa también les deja en ridículo, y con Koeman tampoco, porque el holandés ha decidido apostar por la masía, ahora han ido a por Gavi, ‘culpable’ de tener un talento innato para jugar al fútbol, y de querer agarrarse a la titularidad en el Barça y en la selección a base de buen juego y de darlo todo en el campo. Y, por supuesto, de ir al choque, meter la pierna y no achantarse.

Si bien es cierto que en todos los partidos comete dos o tres faltas, algunas de ellas evitables, que le han costado alguna tarjeta amarilla (hay que ver lo valientes que son los árbitros con los niños y cómo silban melodías mirando para otro lado ante auténticos guadañeros), resulta curioso como desde la Central Lechera han salido en tromba a acusarle de leñero y de jugador agresivo, cuando el club de sus amores ha dado cobijo desde hace décadas a auténticos carniceros, como De Felipe, Benito, Mino, Ruggieri, Rocha, Hierro, Sanchís, Pepe, Casemiro y el mismísimo Sergio Ramos, que comparte los curiosos récords de ser el jugador más expulsado de la historia de LaLiga, al mismo tiempo de ser el jugador al que más expulsiones le han perdonado. Y sería injusto olvidar en esta vergonzante relación a Zidane, tan gran jugador como sucio, quien tiene en su palmarés 14 rojas y el trofeo al jugador más expulsado en la historia de los mundiales.

Por eso resulta vomitivo que auténticos trompeteros de la (des)información se dediquen a atacar y a intentar desacreditar a un joven jugador porque va fuerte al balón, después de llevar años defendiendo el discurso de la intensidad y del echarle huevos. La diferencia es que Gavi tiene pinta de ser un futbolista en el que se van a mezclar lo talentoso con lo rocoso, y que irá alternando el guante con el garfio, la zapatilla con el zueco o el paso de ballet con el tackle según su inteligencia le marque lo que requieran las circunstancias del partido.

No soy muy de hacer comparaciones ni me gustan los rollos de estamos ante el nuevo Zutano o el sucesor de Perengano. Pero el otro día en una tertulia futbolera debatíamos sobre a quién se nos parecía Gavi y me mojé: creo que estamos ante un jugador tipo Deco que puede liderar el centro del campo del Barça y del fútbol español durante los próximos 12 o 15 años. Solo espero que se centre en su carrera y les calle la boca a los que pretenden desestabilizarle desde los estercoleros mediáticos. @Bajarlaalpasto1

El banquillo del Barça siempre ha sido un potro de tortura

“La vida es mi tortura y la muerte será mi descanso.” – William Shakespeare, dramaturgo y poeta inglés

Decir del banquillo del Barça que es una silla eléctrica sería un piropo. En la silla eléctrica te sientan, te amarran con unas cinchas, te ponen un casquete, le dan al interruptor, te achicharran y a otra cosa. En cambio el potro de tortura es un instrumento mucho más sofisticado. El objetivo no es que la palmes pronto, no, todo lo contrario. Aquí se trata de que su usuario sufra, se retuerza, pida clemencia, se humille… ¿os suena, culés de pacotilla?

Históricamente, el Barça ha tenido a los mejores entrenadores del mundo. Los más deseados del momento, los triunfadores, todos con sus títulos o con sus brillantes hojas de servicios o con su trabajo en el club o con su pasado azulgrana… No me voy a ir al año de la chupirindaina, pero sí a un momento que marcó un cambio de tendencia en el club, como fue la llegada al club de Rinus Michels al principio de los años 70. Que primero a un técnico como el holandés (perdón, neerlandés) como después a Weisweiler, Müller, Rifé, Helenio Herrera, Kubala, Latek, Menotti, Venables, Luis Aragonés, Cruyff, Robson, Van Gaal, Serra Ferrer, Rexach, Antic, Rijkaard, Guardiola, Tito Vilanova, Tata Martino, Luis Enrique, Valverde, Setién y hasta ahora a Koeman siempre se les hayan buscado las cosquillas, es la demostración de la existencia del famoso “entorno” autodestructivo que tan bien bautizó Cruyff en Praga hace ya casi 30 años.

Y es que uno se llevaba mal con la estrellita de turno, otro que la estrellita de turno prefería a su valedor, otro que si no tenía carácter, otro que si tenía mucho genio, otro que si el estilo, otro que si era antipático, otro que si el ADN, otro que si le echaba un pulso al presi, otro que si no tenía currículum, otro que si era un tristón, otro que si cuidaba vacas en el prado… hasta que llegamos al actual, a Koeman, leyenda del club y fiel a la institución, cuyo pecado fue que lo fichó Bartomeu en una de las épocas más convulsas de la historia del equipo, en medio de una crisis institucional-social-económica-sanitaria sin precedentes, con una moción de censura a la vista, con Messi dándole al botón de ‘enviar’ de su bochornoso burofax y después de una sonrojante derrota por 2-8 en Champions ante el Bayern.

Pues ahora es Ronald el inquilino de tan siniestro y cruel artilugio, y tras cada partido que no se gana, o se gana sin la brillantez que exigen los gurús y los guardianes de las esencias, Laporta y sus acólitos le dan una vuelta de tuerca mientras buscan quién le sustituya, tanto en el banquillo como en el potro. Y es que “el entorno” ni descansa ni respeta a nadie… ¡qué pase el siguiente! @Bajarlaalpasto1

Koeman tiene que agitar el avispero

«Para abrir nuevos caminos hay que inventar, experimentar, crecer, correr riesgos, romper reglas, equivocarse… Y divertirse.» – Mary Lou Cook, escritora estadounidense.

Esta noche a las 21:00h el Barça jugará contra el Granada en el Camp Nou el partido correspondiente a la quinta jornada de LaLiga, con la intención de borrar el mal sabor de boca que dejó la derrota -acompañada del mal juego- ante el Bayern en Champions, y de engancharse a la cabeza de la clasificación.

Para ello Koeman debería empezar por presentar una alineación ilusionante, al mismo tiempo que solvente, para enganchar a los aficionados enviando un mensaje de que apuesta por la renovación y el buen juego. No soy partidario de tomar decisiones drásticas con un bidón de gasolina y una cerilla, y lanzar al terreno de juego un equipo formado por tiernos infantes, porque siempre he defendido que los jugadores jóvenes deben ir entrando progresivamente, al lado de veteranos que asuman la responsabilidad. 

Contando con que el entrenador cuenta con las bajas de Jordi Alba, Pedri, Braithwaite, Ansu Fati, Dembélé, Agüero y Nico, sí que puede agitar el avispero y presentar novedades en todas las líneas desde el inicio, presentando una alineación como ésta:

Ter Stegen; Dest, Araújo, Piqué, Baldé; De Jong, Busquets, Gavi; Demir, Memphis, Coutinho.

Y es que, por muchas críticas que se hagan al último mercado de fichajes, con esta convocatoria y este once se deberían de ganar el 80% de partidos de este campeonato. Otra cosa distinta es que se necesite la mejor versión de los Dembélé, Ansu, Pedri o el Kun para disputar el título contra el Madrid, el Atleti o el Sevilla, y ya no digamos para avanzar en la Champions ante Bayern, City, Chelsea o PSG. @Bajarlaalpasto1

Piqué: ‘Es lo que hay’… y una mierda

«El hombre es dueño de sus silencios y esclavo de sus palabras.” –  Aristóteles, filósofo griego.

Comienzo con una aclaración, innecesaria para mis fieles y pacientes seguidores-lectores, por si hay algún despistado o alguna nueva incorporación: tanto en este blog como en la cuenta de Twitter @Bajarlaalpasto1 siempre he sido un gran defensor y un gran admirador de Gerard Piqué, al que le he dedicado varios posts. Y siempre he dicho que es [era] el mejor central del mundo… pero solo cuando le sale [salía] de las bolas.

Dicho esto, lo cierto es que desde 2017 – ¡ya cinco años!!! – Piqué aparece retratado en los ocho resultados más vergonzosos sufridos por el Barça en Champions durante este tiempo, siempre acompañado por Sergi Roberto, Jordi Alba, Busquets y Ter Stegen (sí, también Ter Stegen, ya sé que para muchos está mal recordarlo, pero la hemeroteca es así de caprichosa).

No seré yo quien dude de la profesionalidad del central, pero lo que sí es cierto, y aquí la hemeroteca vuelve a ser caprichosa, es que en los últimos años el fútbol no ha sido su única prioridad, diversificando sus actividades, principalmente a través de la empresa Kosmos, organizando el nuevo formato de la Copa Davis, representando a tenistas como Thiem o participando en proyectos futbolísticos como el FC Andorra, al mismo tiempo que arrasa en sus incursiones en el mundo de la comunicación, tanto a nivel personal con sus redes sociales como con su alianza con Ibai Llanos, tras haber comprado los derechos de la última Copa América y el debut de Messi con el PSG, o el nuevo proyecto que van a compartir en eSports. Y para todo eso se necesita tiempo, dedicación y concentración.

Recordamos que tras la vergonzosa derrota en Champions por 2-8 en Lisboa ante el Bayern, Piqué había declarado que «nadie es imprescindible, yo soy el primero que me ofrezco, si tiene que venir sangre nueva y cambiar esta dinámica soy el primero en irme, en dejarlo, porque creo que hemos tocado fondo”, añadiendo que “no competimos en Europa, llevamos unos años así, independientemente de quién sea el entrenador o de los jugadores que sean. En LaLiga nos daba, pero tampoco nos da.”

Pues bien, ha pasado más de un año y, centrándonos en la situación deportiva de Piqué en el Barça, el jugador sigue formando parte de la plantilla de la cual es el capitán y se ha vendido como un gran servicio al club una rebaja salarial que, en términos reales, ha sido diferirse el pago de su ficha a cambio de asegurarse una temporada más (hasta el 2024). Y, lo que resulta más triste, parece que a nivel futbolístico no está capacitado para  desempeñar el que tendría que ser su último gran servicio al club, como era el de apadrinar a Araújo y Eric García y que creciesen y se asentasen a su lado.

Así es que, y por mucho que me duela decirlo, Piqué no ha dado un paso a un lado ni, mucho menos, un paso al frente. Lo que sí da, y cada vez más, son pasos atrás sobre el terreno de juego, reculando para que no se le vean las costuras y metiendo al equipo a defender en su área, en vez de sacar la línea y hacer un bloque más junto, más compacto y más dominador.

Y está muy bien que tras una derrota dolorosa no se esconda y dé la cara. Pero lo que no es de recibo es que en septiembre, con solo tres jornadas de Liga y una de Champions disputadas, diga con cara lánguida: “es lo que hay, ahora somos lo que somos”, y transmita ese mensaje derrotista, como queriendo decir que con veteranos acomodados, fichajes de la clase media y jóvenes barbilampiños la temporada se nos va a hacer los culés más larga que el viaje de Marco para encontrar a su buena mamá… y eso que este serial lacrimógeno tuvo un final feliz. @Bajarlaalpasto1

Koeman denuncia un atraco, no llora

«La peor forma de injusticia es la justicia simulada.» – Platón, filósofo griego.

Imaginaros que un día os roban la cartera, vais a la comisaría más cercana a denunciarlo y el policía que os atiende os contesta: «Vingi pirqui mi hin ribidi li cirtiri… pero venga, coño, ¡ahora dígalo sin llorar!» Pues este argumento tan sólido es el único que utilizan – la verdad, es que no tienen más – los trompeteros de la caverna merengue y la masa aborregada que les sigue, cuando alguien del equipo rival denuncia que ha sido atracado por su equipo con la inestimable ayuda del VAR que, como adelantamos cuando se implantó, no iba a ser la purga de Benito.

Y eso es lo que hizo Koeman al acabar el último clásico, que finalizó con victoria del equipo blanco gracias a un penalti pitado por Martínez Munuera, un soplapitos que lleva varias temporadas haciendo méritos para que el ganado lanar merengón lo eleve a los altares, al lado de los Gil Manzano, Hernández Hernández o Mateu Lahoz.

Lo triste y preocupante es que esa denuncia solo la haga el entrenador. Al acabar el partido publiqué este tuit:

Ya sé que en estos momentos eso es imposible, porque el club está instalado en una guerra civil declarada por una parte de la masa social que se ha puesto al servicio de intereses espurios, por lo que cada parte implicada va a lo suyo. Y así, mientras un capitán está desaparecido desde que tuvo la ocurrencia de enviar el famoso burofax y otro prefiere rajar en una entrevista justo en la previa del partido contra el Madrid, el presidente y su junta están más pendientes de esquivar los golpes que les llegan por tierra, mar y aire, y los promotores de la moción de censura siguen con sus prisas, sin importarles si tan siquiera se dan o no las medidas sanitarias necesarias para evitar contagios el día de la votación. De los candidatos, solo Toni Freixa antepone los intereses del club a su propia candidatura, mientras que otros se dedican a publicar tuits tribuneros dependiendo de por dónde sople el viento y buscando únicamente réditos electorales.

Por eso, y ante este panorama, es de agradecer el comportamiento que está teniendo Ronald Koeman quien, desde su puesto de máximo responsable deportivo, tiene que trabajar para que el proyecto de este año – ganador como siempre, por supuesto – vaya cuajando mientras va dando entrada a jóvenes jugadores, pero al mismo tiempo tiene que salir a dar la cara por el equipo cuando es tratado injustamente, mientras desde otras instancias del club se dedican a tocar la pandereta. Y si no, que alguien me explique cómo después de perder en casa contra el Madrid, tras un nuevo escándalo arbitral, el que sale a los medios es Dest, uno de los más jóvenes y el último en llegar, ante el pasotismo de los pesos pesados de la plantilla. Como decimos en mi tierra, cousas veredes.

Y para finalizar: Me niego a comprar el discurso de la caverna de que los árbitros siempre favorecen a los grandes y que unas veces te dan y otras te quitan. Es mentira, falso de toda falsedad. Desde los estercoleros mediáticos tradicionales, a los que se han sumado los digitales financiados por el capo, desde los cuales forofos juntaletras se dedican a jugar a ser periodistas, escribiendo con la bufanda tan apretada al cuello que les impide que les lleguen sangre al cerebro, ya tienen escrito el relato. Entiendo que sus borregos se traguen esa alfalfa, pero no el aficionado culé. Y en esto hay que ser inflexibles y seguir el camino marcado por el míster: los atracos se denuncian. Y en el Camp Nou Martínez Munuera fue el tonto útil del VAR para decantar el clásico a favor del Real Madrid. Punto. @Bajarlaalpasto1