El Barça cierra el mercado de fichajes con un notable alto

“El éxito depende de la preparación previa, y sin ella seguro que llega el fracaso.” – Confucio, pensador chino.

Después del vergonzoso nadaplete firmado la temporada pasada por el F.C. Barcelona, que tuvo su triste epílogo en el repaso sufrido a manos – y pies – del Bayern en los cuartos de final de la Champions League que se celebró en Lisboa con motivo de la pandemia, y del Messigateprovocado por el anuncio de Leo de querer abandonar el club, se empezaron a escuchar tambores de guerra en Can Barça, siendo los lemas más repetidos “fin de ciclo”, “revolución ya” y, por supuesto, el “Bartomeu Out” que motivó una recogida de firmas entre los socios para forzar una moción de censura.

Lo que estaba claro es que había que moverse en los despachos y darle una vuelta a una plantilla veterana, que daba la sensación de estar acomodada y poco receptiva a la entrada de aire fresco. La primera medida fue fichar a Ronald Koeman para encabezar esta nueva etapa, enseñándole la puerta de salida a varios jugadores que, habiendo sido muy importantes en los éxitos del equipo, ya habían escrito sus mejores páginas en su historia azulgrana, además de tener una fichas desorbitadas y fuera de mercado. Así los primeros en desfilar fueron Rakitic, Arturo Vidal y Luis Suárez, unos con más likes que otros en las despedidas en redes sociales.

Como en todo mercado de fichajes se sucedieron los confidenciales, las exclusivas, los rumores, los desmentidos y todas esas zarandajas que entretienen al personal, pero que al final lo único que consiguen es desprestigiar a los medios y a los pseudoperiodistas que publican lo que toda la vida se llamó bazofias y hoy se les conoce como fake-news.

La realidad es que, una vez finalizado el mercado, el Barça presenta muchos cambios en la plantilla, en lo que se puede calificar como un éxito en su gestión, ya que consiguió rejuvenecerla, al mismo tiempo que reducía la masa salarial en una buena cantidad de millones de euros, no permitiéndose ninguna frivolidad pagando los excesos de precios a los que nos tenía acostumbrados. Y es que los tiempos han cambiado, los efectos económicos del coronavirus, además de haber expulsado al público de los estadios, han sido y serán demoledores en todos los aspectos, y la célebre frase de D. Antonio González, un expresidente del Deportivo de La Coruña, “en el fútbol el dinero se gasta como se gana, a patadas” de momento pasa al recuerdo.

Bajas: Luis SuárezSemedo, Arthur, Todibo, Rafinha, Rakitic y Arturo Vidal.

Altas: Coutinho, Pjanic, Pedri, Trincao, Dest, Araújo, Aleñá, Ansu Fati, Riqui Puig y Matheus. (Aclaración para ofendiditos: aquí se incluyen fichajes, canteranos y repescados tras cesión, es decir, jugadores que este año tendrán dorsal en el primer equipo).

Sí que sorprende que la mayoría de los jugadores, salvo Semedo y Arthur, saliesen del club sin recibir dinero por un traspaso (más que unas calderillas por incentivos), pero al final y ante la falta de ofertas reales, primó el criterio de facilitar salidas para ahorrar dinero en fichas. Y digo bien “ofertas reales”, porque si algún aficionado se creyó que el Celta había hecho una oferta de 10 millones por Rafinha, más pagarle su ficha de 6 millones brutos por temporada, es que es más inocente que un cubo sin asa. Otra cosa es que su destino haya sido el PSG, club con el que considero que el Barça debería cortar relaciones tras los ninguneos de las pasadas temporadas.

En cuanto a las peticiones del entrenador, hasta el último minuto estuvieron sobre la mesa las posibles llegadas de Eric García y de Depay, pero tanto “los grandes amigos culés” del City como el bocachanclas que preside el Lyon y que se dedica a tuitear las negociaciones se enrocaron en sus posturas y no facilitaron los acuerdos. Pero bueno, tampoco hagamos un drama porque no se haya fichado al cuarto central ni a un ‘9’ que no es ‘9’ y cuyo trabajo lo puede desempeñar perfectamente jugadores jóvenes que ya están en la plantilla, como Ansu Fati.

No sé si la tan cacareada revolución ha sido suficiente o no. Eso está por ver y la temporada es muy larga. Pero algo se habrá hecho bien para pasar en unos pocos meses de las burlas de ser el nuevo Milan 2.0 a poder presentar este once: Ter Stegen; Dest, Araújo, Lenglet, Firpo; De Jong, Puig; Trincao, Pedri, Dembélé; Ansu Fati. Ya sé que probablemente nunca veremos esta alineación, pero la posibilidad está ahí.

Ahora, como aficionados, solo nos queda pedirle al entrenador y a los jugadores que se tomen en serio su trabajo, que entrenen con ilusión como si todos fuesen debutantes con ganas de triunfar y que en el campo lo den todo en defensa de la camiseta. A la vista de la plantilla, no tengo ninguna duda sobre que hay un proyecto ganador, pero ya sabemos que los títulos se recogen a final de temporada. Y eso es lo marcará el éxito o el fracaso. @Bajarlaalpasto1

(Puto) coronavirus, que nos has echado de los estadios

“No hay nada menos vacío que un estadio vacío. No hay nada menos mudo que las gradas sin nadie.” – Eduardo Galeano, periodista y escritor (y futbolero) uruguayo.

Signal Iduna Park

Parafraseando a El Perich se podría decir que el fútbol sin aficionados es como un beso sin sal o un huevo sin bigote. Algo insulso. Y es que con la cita con la que encabezo este post, el maestro Galeano lo que nos viene a confirmar es que un estadio vacío tiene memoria y está lleno de historias y de recuerdos, que es algo muy distinto a interpretar que es lo mismo jugar ante unas gradas vacías que ante un graderío a reventar de aficionados.

Esta dichosa pandemia que llegó a nuestras vidas oficialmente a mediados del mes de marzo lo ha cambiado todo. Dejando claro que lo principal son las dramáticas consecuencias sanitarias que provocó el bicho, lo cierto es que ya nada es igual a principios de año, y que todos, en mayor o menor medida, somos víctimas de una crisis económica, laboral y social sin fecha de caducidad. Por el tema que aquí nos ocupa, el mundo del fútbol también se ha visto afectado de lleno y ha tenido que ir adaptándose a las nuevas circunstancias.

Pero, desde que se reanudaron las competiciones con la prohibición de presencia de público en los estadios, no acabamos de acostumbrarnos a contemplar el paisaje desolador de las gradas vacías de templos del fútbol europeo como Anfield, el Camp Nou o el Signal Iduna Park que, por motivos distintos, nos recuerdan a Balaídos, Cornellá o el Coliseum del Getafe, donde es habitual que haya eco por la ausencia de aficionados.

Es cierto que resulta curioso cuando no indignante que, mientras en otros espectáculos sí que se ha regulado y consentido la presencia de público (por supuesto, con reducciones drásticas de aforos) o este verano se han buscado soluciones para que se pudiese acceder a las playas, el planeta fútbol siga siendo incapaz de gestionar la apertura de sus gradas, tomando medidas como regular y programar entradas y salidas con horarios estrictos, establecer un sistema de cuotas rotatorio entre los socios que lo demanden, fortalecer las medidas de seguridad (personal, tornos, cámaras, control de temperatura…), así como ser implacables en la obligatoriedad del cumplimiento de otras medidas ya habituales en nuestro día a día, como mantener la distancia de seguridad y la obligatoriedad del uso de las mascarillas.

Los malpensados insinúan que el fútbol español se planteará la vuelta de los partidos con público cuando Florentino Pérez finalice la obra faraónica de la cubierta retráctil que cubrirá las gradas del Bernabéu, para que sus aficionados puedan ir a comer su bolsa de pipas sin mojarse ni pasar frío. No sabemos cuánto hay de cierto en esta teoría o si no pasa de ser un chascarrillo; pero sí que es verdad que, como dijo alguien en alguna ocasión, “el fútbol es lo más importante de las cosas menos importantes”, por lo que la presencia de aficionados en los estadios sería una señal de que, con responsabilidad, podemos ir recuperando nuestras vidas. @Bajarlalpasto1

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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Messi saca la patita, pero ya nada volverá a ser como antes

“Si entendiéramos completamente las razones del comportamiento de otras personas, todo tendría sentido.” – Sigmund Freud, médico, investigador y psicoanalista austríaco.

Tras la dolorosa despedida de temporada que firmó el Barça en Lisboa donde fue bailado por el Bayern en Champions, firmando una vergonzosa derrota por 2-8 que fue el epílogo a un sonrojante nadaplete, se preveía un veranito movido en Can Barça. La herida se cerró en falso, con tiritas y agua oxigenada, cuando el traumatismo era de tal gravedad que exigía pasar por el quirófano, destripar y amputar. Solo Piqué –siempre Piqué – dio la cara, mientras el resto de jugadores, con el gran capitán a la cabeza, se dedicaron a silbar melodías con el consentimiento de una directiva que se limitó a ofrecer la cabeza de Quique Setién, un entrenador que llegó presumiendo de lo bien que se lo pasaba con las vacas mansurronas en su pueblo, pero al que devoraron las vacas sagradas del vestuario culé.

Para hacerse cargo del banquillo nombraron a Ronald Koeman, reconocido culé pata negra, líder espiritual del Dream Team de Cruyff y parte importante del escudo por ser el autor del golazo que en Wembley le dio al club su primera Copa de Europa. Nada más llegar, al holandés le dieron mando en plaza y, sin tiempo para ponerse el chándal para empezar a entrenar, lo equiparon con una desbrozadora y una radial y le dieron plenos poderes (y alguna recomendación) para limpiar el vestuario. Al nuevo míster no le tembló el pulso y, demostrando tanta sangre fría como cuando Cruyff lo ponía a jugar de último defensa con solo un compañero a su lado, anunció que no contaba con varios jugadores, con Luis Suárez a la cabeza.

Lo que sucedió a continuación provocó un tsunami que tuvo su epicentro en Barcelona, pero cuya onda expansiva alcanzó todos los rincones del planeta fútbol, desde Dubái hasta Manchester (es un ejemplo, no seáis mal pensados). Y es que a finales del mes de agosto, Messi puso en conocimiento del F.C. Barcelona mediante un burofax su intención de abandonar el club, acogiéndose a una cláusula en su contrato que le permitía su salida libre al final de cada temporada. Pero se olvidó de un pequeño detalle, y es que dicha comunicación tenía como fecha tope para realizarla el 10 de junio.

A partir del conocimiento del contenido del burofax más famoso de la historia de las comunicaciones, se sucedieron las noticias, los rumores, los confidenciales, las exclusivas… en resumen, una sucesión de fake news a través de las redes sociales en lo que parecía una disparatada competición de a ver quién la soltaba más gorda.

Lo cierto es que la directiva del Barça desde el primer momento se negó a que Messi saliese gratis, remitiéndose a su cláusula de rescisión de 700 millones de euros y confirmando, no solo que contaban con él, sino que estaban dispuestos a ampliar su contrato. Y que, por supuesto, en el caso de que llegase alguna oferta la estudiarían. Con la aparición en escena del padre de Messi (siempre los dichosos padres, como en su momento el de Thiago o después el de Neymar) se sucedieron las reuniones en las que el club dejó clara su postura y, ante la falta de ofertas, quedó claro que la salida del argentino era inviable.

Entrevista con Rubén Uría / Goal.com

Al cabo de unos días, y con todo el barcelonismo reclamando que el jugador se explicase, Leo Messi concedió una entrevista al periodista Rubén Uría en el portal Goal, en la que desveló sus intenciones y lo que había motivado plantearse su marcha de Can Barça. En dicha entrevista – sin duda de gran valor periodístico, pero enlatada, guionizada, editada y que parecía grabada en la sala de un psiquiátrico – de entrada sorprendió el look, para unos informal, para otros desaliñado, con el que se presentó el futbolista para anunciar una de las decisiones más trascendentales de su carrera deportiva. En cuanto a sus respuestas, muchas de ellas teledirigidas con maestría por el entrevistador a través de la pregunta, no fueron nada convincentes, arreando palos al presidente por no ponerle una alfombra roja para salir, y acusando al club de falta de proyecto deportivo ganador en las últimas temporadas – falso de toda falsedad – y de hacer malabares y tapar agujeros, con lo que dejaba a sus compañeros a la altura del betún.

Una vez confirmado que se quedaba en el club, solo quedaba que volviese a los entrenamientos y se pusiese a trabajar. Y, cuando parecía que las cosas se habían calmado, llegó el anuncio de la salida de su amigo Luis Suárez, lo que provocó que publicase en su cuenta de Instagram una despedida, entre reivindicativa y lacrimógena, en la que aprovechó para enviar algún recado a Bartomeu. Muchos aficionados le recriminaron que, como capitán del equipo, no se despidiese de todos los jugadores que se marchaban y solo lo hiciese de los considerados miembros del llamado club de amigos.

Y, ¡por fin!, el pasado fin de semana el Barça debutó en LaLiga y presentó su proyecto ganador para esta temporada con una buena puesta en escena con lo que el barcelonismo volvía a ilusionarse y a hablar solo de fútbol. En ese ambiente más distendido, Messi concedió una entrevista al diario SPORT en la que pidió, además de paz y unidad, perdón a lo Panenka, dejando luces y sombras sobre cuál será su futuro, centrándose en los objetivos para esta temporada y justificando que todo lo que hizo fue “para hacer un mejor y más fuerte F.C. Barcelona”.

Considerando como positivo este cambio de actitud del jugador, siguen quedando muchos puntos oscuros en su comportamiento, lo que conduce a plantearse muchas preguntas que estaría bien que tuviesen respuestas: ¿quién fue el ideólogo del burofax?, ¿desde qué despacho aprovecharon la salida de Luis Suárez para calentarle la cabeza al argentino?, ¿se intentó jugar desde alguna candidatura a la presidencia del Barça la baza Messi para provocar un adelanto electoral?, ¿qué papel jugó el City en todo este embrollo?, es más ¿algún candidato tiene relaciones personales e incluso empresariales con algún destacado dirigente de los citizens?, ¿es cierto que Guardiola llamó a Messi o se limitó a esperar acontecimientos tocando la pandereta?, ¿qué papel jugó Pepe Costa en este vodevil?, y por cierto ¿cuáles son las funciones de Pepe Costa y quién le paga el sueldo? ¿o tiene varios pagadores? Las respuestas a muchas de estas preguntas provocarían que más de uno tuviese que quitarse la careta quedando, como bien dice mi amigo @vonmarius1899 , como un culé de Hacendado.

Y una última pregunta: ¿cuál será el final de este culebrón? Los aficionados culés lo que quieren es ver a su equipo jugar bien al fútbol, ganar partidos y títulos, y tener en su plantilla a los mejores jugadores del mundo y, por supuesto, al mejor de la historia como es Leo Messi. Pero aunque muchos crean que la memoria de los aficionados es frágil y que el Messigate de este verano se resolverá en cuanto el crack argentino regale goles, asistencias y slaloms, eso no es del todo cierto. El anuncio de que se quería ir causó mucho dolor en el barcelonismo, y una cosa es perdonar e incluso olvidar, y otra muy distinta pretender que todo vuelva a ser como antes. Y es que mientras siga vistiendo la samarreta con el ’10’ volverá a contar con el apoyo de la afición, pero nada volverá a ser como antes porque la magia se rompió. Mejor dicho, la rompió él y solo él. Por eso Messi siempre será un ídolo en Can Barça, pero ya nadie pedirá una estatua suya en los accesos al Camp Nou ni que el estadio lleve su nombre. Y esa será su penitencia. @Bajarlaalpasto1

La necesaria y dolorosa salida de Luis Suárez del Barça

“Nunca digo adiós, porque un adiós significa irse e irse significa olvidar.” – J.M. Barrie, novelista y dramaturgo británico.

Decir de un jugador del Barça que ha sido el mejor de la historia del club en su posición es un reconocimiento al alcance de unos pocos elegidos. Y, en mi opinión, Luis Suárez ha sido el mejor ‘9’ que se ha vestido de azulgrana o, por lo menos, de los que yo he tenido ocasión de ver. Aclaro que cuando digo ‘9’ me refiero al mejor delantero centro goleador, porque si hablásemos solo del portador del número no habría debate (y es que Cruyff está en otro nivel).

Como veterano aficionado culé, he tenido la fortuna de disfrutar viendo jugar y marcar goles desde Krankl hasta el pistolero uruguayo, pasando por Quini, Lineker, Archibald, Romario, Ronaldo, Anderson, Kluivert o Eto’o. Siendo una elección difícil, si tengo que elegir, me quedo con Luis Suárez porque es muy complicado jugar durante seis temporadas en el Barça a un nivel tan alto en una posición tan exigente y convertirse en el tercer máximo goleador de su historia..

Pero, después de la última temporada que acabó para el Barça de una forma tan dolorosa, tras ser aplastados por el Bayern en Champions y consiguiendo un vergonzoso nadaplete, tocaba tomar decisiones y hacer unos cambios en la plantilla que quizás llegaban ya con cierto retraso, si recordamos los sonrojantes fracasos en Roma y Anfield. Pero es que esta sigue siendo la asignatura pendiente de la mayoría de los clubes deportivos: saber cuándo toca renovar las plantillas para adelantarse a los temidos finales de ciclo que todos acaban sufriendo.

En el caso que nos ocupa, la salida de Luis Suárez estaba cantada ya que, aunque seguro que seguirá goleando en su nuevo destino, sus mejores años como azulgrana ya forman parte del pasado. Y es que parte de la grandeza del Barça se explica porque sus descartes pueden ser las figuras en otros muchos equipos. En cambio, de quedarse en Can Barça, pasaría a tener un rol secundario, no teniendo asegurada la titularidad; y eso para un carácter indómito como el del pistolero no es plato de gusto. Sonaba bien que pudiese convertirse en “el nuevo Larsson”, ese perfil de delantero centro suplente que tan bien supo representar el sueco y por el que tanto suspira el barcelonismo. Para ello, Suárez tendría que haber aceptado una bajada drástica de su ficha y aceptar que su hábitat natural iba a ser el banquillo, lo que habría sido lo mismo que meter una bomba de mano en el vestuario, quitarle la anilla y esperar a que explotase.

También es cierto que, como leyenda del club, se le podría haber dado otro trato y haberle enseñado la puerta de salida con más tacto que una simple llamada telefónica. Pero se aprovechó la llegada de un nuevo entrenador para encomendarle ese marrón y a Koeman le correspondió aceptar el desagradable papel de ejercer de verdugo, y ofrecer varias cabezas – entre ellas las de Lucho – a una afición que estaba muy caliente y necesitada de que alguien agitase el avispero para que el equipo, que había acabado la temporada mostrando un encefalograma plano, se reactivase.

Así es que al final la solución adoptada fue, cuando menos, la menos mala para todas las partes: el Barça se desprende de un jugador al que ya le había exprimido todo su mejor rendimiento y así libera una ficha millonaria, el jugador sale con destino a un club donde peleará por conseguir títulos aunque sin la obligación de conseguirlos (eligió el Atleti como pudo ser un equipo de la liga china o de la MLS), y el Atleti, su nueva casa, se asegura un goleador de efecto inmediato y con repercusión mediática.

Como reza la cita del principio del post, a un jugador como Luis Suárez jamás le diremos adiós porque nunca le olvidaremos. Con su entrega y con su goles se ha ganado un sitio de honor en la historia del Barça y en los corazones de los culés, por lo que no queda más que decirle “Hasta siempre Lucho, gracias por tanto.” @Bajarlaalpasto1

El Barça presenta su nuevo proyecto ganador

“Siempre ha creído que si trabajas, los resultados vendrán solos.” – Michael Jordan, jugador de baloncesto.

Después del veranito que nos han dado con la pamema de los proyectos ganadores, los proyectos perdedores, la falta de proyectos y los proyectos según por donde sople el viento, por fin el Barça ha presentado oficialmente, a falta todavía de algún retoque, su proyecto (ganador) en su debut en LaLiga 2020/2021.

El inicio no ha podido ser más atractivo, con una clara victoria por 4-0 ante el Villarreal de Emery, considerado por muchos como el equipo que mejor se ha reforzado en el último mercado de fichajes. Aunque desde la caverna y desde los panfletos digitales financiador por el capo les ha faltado tiempo para salir en tromba a restarle méritos a la victoria del Barça, acusando al submarino amarillo de no haber comparecido en el Camp Nou. En fin, nada nuevo.

Y eso que el once inicial azulgrana que saltó al campo estuvo formado por diez jugadores que habían participado en la lamentable temporada anterior, más el repescado Coutinho. Por lo que se puede deducir que, de momento, el gran cambio de este Barça se encuentra en el banquillo, desde donde Koeman le ha dado una vuelta al sistema, cambiando el manido 4-3-3 por un 4-2-3-1 más adaptado a las características de la plantilla.

Entre las notas que nos dejó el primer partido destaco el descaro y la naturalidad con la que Ansu Fati ha asumido su rol de titular, la participación de Coutinho en el juego de ataque, la jerarquía de De Jong, el inicio de las jugadas desde los centrales, combinando el juego en corto con el desplazamiento saltando líneas, la recuperación de Alba y la implicación de Messi que, una vez que ha dejado aparcado el burofax y el móvil para subir despedidas entre lacrimógenas y reivindicativas, ha demostrado que puede volver a liderar un nuevo proyecto (ganador, por supuesto, como todos en los que ha participado).

Pero, aunque pinta bien, tampoco nos volvamos locos porque esto no ha hecho más que empezar. Habrá que dejar trabajar a Koeman para que implante sus ideas (presión alta tras pérdida, ritmo alto de balón, cambio de posiciones en ataque…), que los jugadores se encuentren cómodos con el nuevo sistema y que los futbolistas talentosos con los que cuenta encuentren las circunstancias idóneas para crecer. Porque el éxito del holandés será el de todos los culés. @Bajarlaalpasto1

#ElClásico: Resucitado contra moribundo

“En su vida, un hombre puede cambiar de mujer, de partido político o de religión, pero no puede cambiar de equipo de fútbol”. – Eduardo Galeano, periodista y escritor uruguayo.

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Esta tarde a las 16:15h el planeta fútbol concentrará sus miradas en el Camp Nou donde se jugará “un nuevo partido del siglo”, conocido popular y mediáticamente como #ElClásico

Barça y Madrid, los dos grandes trasatlánticos del fútbol mundial (por mucho que les pese a Juve, City, Bayern, United o PSG), disputarán algo más que un simple partido del fútbol, motivada por la rivalidad histórica entre estos dos clubes, que va más allá del simple hecho de darle puntapiés a un balón. Además en esta ocasión ambos equipos llegan con urgencias, tras haber firmado un inicio de liga un tanto irregular. Así tras nueve partidos, mientras los culés solo han ganado cinco, los merengues ya han perdido tres, y los nombres de Valverde y Lopetegui han estado a punto de aparecer publicados en las páginas de “necrológicas” en vez de en las de “deportes”.

También es cierto que a este partido llega en mejor situación el Txinguirri que el exseleccionador felón, ya que en las últimas citas el Barça ha demostrado más solvencia que el Madrid. Por eso, y antes de que empiece a rodar el balón, el futuro de Valverde solo aparece cuestionado por los entrenadores tuiteros de taberna, mientras que en estos momentos Lopetegui ya está dentro del ataúd, pendiente de que alguien (Luis Suárez o Coutinho o Piqué o…) le ponga la tabla encima y la cierre con unos martillazos en forma de goles.

Pero sabemos que el fútbol es caprichoso y #ElClásico todavía lo es más. Por eso es difícil pronosticar qué puede suceder tras los 90 minutos que nos depararán un Barça sin Messi contra un Madrid enfermo terminal. En principio no se esperan revoluciones, y todo hace suponer que Valverde alineará el mismo once que tan buena impresión causó frente al Inter en Champions, y que Lopetegui dejará su futuro en las manos -perdón, en los pies- de las vacas sagradas.

 

 

 

Por lo que respecta al arbitraje, desde la capital ya empezaron a gimotear cuando se supo que no lo arbitraría ninguno de sus soplapitos de cámara, como Undiano, Mateu Lahoz o Gil Manzano, y eso que del VAR se hará cargo Hernández Hernández, el mismo que no quiso ver (es imposible que no lo viese) el gol que marcó el Barça hace dos temporadas en el Villamarín y que le puso el título de liga en bandeja al Floren Team. Si por el Madrid fuese, los Barça-Madrid siempre los arbitraría Guruceta sobre el campo con Ortiz de Mendíbil a cargo del VAR.

Así es que, queridos lectores, preparémonos para disfrutar con un partido que seguro que nos dejará goles, polémicas, rifirrafes… y hasta puede que algún cadáver. @Bajarlaalpasto

 

El Barça saca a relucir las miserias de As y Marca

Tras la justísima eliminación del Barça en los cuartos de final de la Champions ante la Juve, el interés estaba en ver cómo tratarían (des)informativamente el tema desde la caverna. Lo que sucedió por la noche en el pesebre de Pedrerol, en principio, no me interesa porque es un programa dirigido y protagonizado por indigentes intelectuales, destinado a una masa aborregada predispuesta a rumiar y a regurgitar la alfalfa que le suministran noche tras noche sin ningún criterio. Nunca ha sido nada más que eso, ni tiene pasado ni, espero y deseo, tiene más futuro que seguir compitiendo con programas del tarot y de teletienda.

Pero las portadas de hoy de As y de Marca le han dado una vuelta más al columpio, y son un compendio en el que se fusionan el mal gusto, la mediocridad y los complejos de dos medios de comunicación, con un pasado más que respetable, pero que ya llevan años embadurnando sus cabeceras chapoteando en las cloacas del haciendo un periodismo de alcantarilla.

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La portada de As es especialmente vomitiva. Si ya me lo pareció en cuanto la vi a primera hora en internet, me quedó más claro cuando a media mañana salí, como hago habitualmente, a tomar una caña y a ojear la prensa. En el bar en el que estaba se encontraban dos chavales – no tendrían más de 18 años – escarallándose de risa mientras contemplaban la foto de la portada de As con comentario del tipo de “coño, que pena que Messi no se hubiese partido el cuello y se hubiese quedado paralítico, jajaja”. Otros comentarios, jaleados por gran parte de la concurrencia, son sencillamente irreproducibles. Enhorabuena Relaño, objetivo conseguido… menudas risas, ¿verdad?

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Por su parte, Marca realizó una interpretación tan equivocada como malintencionada sobre la que sucedió en el Camp Nou cuando, tras al finalizar el partido y confirmarse la eliminación del Barça, el público se quedó ondeando sus banderas, cantando y animando a sus jugadores. Destacar que “el Camp Nou despidió al equipo como si fuera el fin de una era gloriosa” es la manifestación de un deseo por parte de una patulea de acomplejados que llevan muchos años viendo como el equipo culé ha ganado todos los títulos posibles, adornados con un sextete (nadie más en el mundo sabe lo que es eso), dos tripletes (sí, dos tripletes, otro caso único), todo ello salpicado además con resultados históricos como los 2-6 y 0-4 en el Bernabéu o la manita al Moudrid en Barcelona.

En el caso de Marca la mamarrachada se completó con una encuesta delirante sobre el mismo tema. Entiendo que los palanganeros que han puesto un título universitario y su decencia al servicio de ese panfleto no soportan que el barcelonismo esté unido ante una derrota, sin duda muy dolorosa, y que se sientan orgullosos y presuman de equipo. Pero esa es la gran diferencia con el club al que J.I. Gallardo y sus adláteres rinden pleitesía a cambio de intereses espurios, que nunca han sabido perder y mucho menos ganar.

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Estas dos portadas vomitivas demuestran hasta que punto el nazionalmadridismo sigue rabioso y echando espumarajos por la boca, y por eso celebran la eliminación del FC Barcelona – gracias a otro equipo, por supuesto, porque saben que ellos jamás lo conseguirían -, conscientes de que entre eso, los Kuipers, ClattenburgsKassais de turno y las juegos malabares con las bolas de los Infantino’s boys, están más cerca de desprestigiar un poco más la competición para mayor gloria del Visir de Chamartín. @Bajarlaalpasto

 

Yo creo en este Barça, ¿y tú?

Este miércoles el Barça se jugará contra la Juventus el pase a semifinales de la Champions League, para lo cual necesitará remontar el 3-0 sufrido en el partido de ida. ¿Creéis que lo conseguirá? Yo también.

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Por motivos familiares alegres (visitas deseadas, comilonas, paseos, running, copas, largas conversaciones, muchas risas…), esta Semana Santa he estado desconectado de las redes sociales, he tenido el blog abandonado y, prácticamente, no he seguido la información deportiva. Es más, el sábado ni vi el partido del Barça contra la Real Sociedad.

Hago esta breve introducción porque ayer por la tarde, una vez que ya había vuelto a la vida normal, tuiteé casi sin darme cuenta lo siguiente:

Y es cierto. La misma noche del desastre de París ante el PSG fui de los culés que pensaba en que se podía remontar o de los que, por lo menos, no íbamos a consentir que nadie nos quitase la ilusión de pelear por conseguirlo. Recuerdo que al día siguiente publiqué el post Yo no me bajo del carro que tuvo mucha repercusión y que, está mal que yo lo diga, a muchos les sirvió para alejar viejos fantasma y creer en lo mismo que yo.

Pues ahora, y tras el nuevo varapalo sufrido en Turín, sigo pensando lo mismo. Y no lo pienso porque sea un esnafrado o porque me haya dado un golpe en la cabeza, sino porque este Barça me ha dado pruebas más que de sobra para que confíe en él. Y porque, como digo habitualmente, con Messi sobre un campo de fútbol siempre sucederá lo que D10S quiera que suceda. Y estoy convencido de ello.

Es más, los que esperan que el miércoles suceda un milagro están equivocados… porque nunca es un milagro que este Barça marque 3, 4 o 5 goles, a no ser que consideremos algo sobrenatural y de origen divino lo que lía Messi habitualmente con el balón en sus pies.

Por eso me reafirmo en que yo creo en este Barça, y más tras haber escuchado a Luis Enrique en la rueda de prensa previa al partido de vuelta contra la Juve (captura de @rubenuria):

ruben_uria

Así es que nadie me va a quitar la ilusión de sentarme este miércoles – tras escuchar el himno puesto en pie como todas las noches de Champions – a ver al partido con mi camiseta y mi bufanda y con la ilusión de clasificarnos para semifinales. ¿Quién más se apunta? Seguro que muchos. ¡VISCA BARÇA! @Bajarlaalpasto

FC Barcelona y Cruyff, juntos hasta la eternidad

fcbarcelona.es

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El 24 de marzo se ha cumplido el primer aniversario del fallecimiento de Johan Cruyff, lo que me hizo recordar cómo me enteré de la noticia y como viví ese día, tal y como escribí en este artículo publicado en MUNDIARIO.

Un día después, el FC Barcelona – con el presidente Bartomeu al frente – y la familia de Johan, representada por su hijo Jordi, han presentado las acciones que realizarán conjuntamente para recordar al genio que cambió la historia del club:

. Llamar Estadi Johan Cruyff al nuevo Miniestadi que se está construyendo en la Ciutat Esportiva Joan Gamper.

. Petición al Ayuntamiento de Barcelona para que la calle de la sede del FC Barcelona pase a llamarse calle Johan Cruyff.

. Estatua del jugador en el nuevo Espai Barça.

. Espacio propio en el Museu del Barça para reconocer de manera monográfica su figura y su trayectoria. Para ello, su hijo Jordi cede una camiseta utilizada por su padre y el Balón de Oro que ganó como culé.

Ahora me estoy imaginando a Johan contemplando la escena desde ahí arriba, sentado en un balón, sonriendo y repitiendo “salid al campo y disfrutad”, que es el pensamiento que mejor resume lo que es ser del Barça.

Y, por supuesto, con mi gallina de piel me sumo al #GraciasJohan porque CONTIGO APRENDIMOS A SOÑAR.

 

Yo no me bajo del carro

tuitsAl finalizar el partido que disputó el Barça en París publiqué estos dos tuits, con lo que quería dejar clara mi postura tras el 4-0: VERGÜENZA Y PUTO DESASTRE, sí, así, sin anestesia, para que no haya ninguna duda del bochorno que pasamos todos los culés viendo a nuestro equipo, para finalizar con un YO NO ME BAJO DEL CARRO, en mayúsculas para que quede bien claro que es ahora cuando hay que ser barcelonista y demostrar barcelonismo.

Entiendo que hay muchos aficionados que solo han visto ganar al Barça, porque es lo que lleva haciendo desde hace muchos años. Es más, en el vocabulario habitual de los jóvenes culés brotan con naturalidad las palabras Champions, triplete, Liga, sextete… Es más, otras como Copa o doblete ya ni las pronuncian porque – y aquí está la desgracia – ya ni se valoran. Pero en la historia del fútbol mundial, ¿sabéis cuántos equipos han ganado un triplete? ¿Y dos, por cierto, con dos entrenadores distintos y de la casa? ¿Y un sextete? Y en la historia de las competiciones españolas, ¿cuántos han ganado un doblete? ¿y cuántos han revalidado un doblete?

De las respuestas a esas preguntas viene el nivel de exigencia – y de excelencia – que ha alcanzado el FC Barcelona. Una temporada sin triplete es considerada un fracaso. Si no se gana la Champions tienen que rodar cabezas. Un partido ganado sufriendo es sinónimo de ridículo. Domingo – miércoles, domingo – miércoles hay que golear, y jugar de fantasía, y marcar el gol de la jornada, y con el 80% de posesión… y eso no, amigos, eso es imposible hacerlo una temporada sí y otra temporada también.

Por eso yo que, como veterano aficionado culé, me he comido mucha mierda – sí, ¡mucha mierda! – con temporadas interminables en las que no se ganaba nada, en las que solo se celebraba ganarle un partido al Real Madrid (me sonroja solo recordarlo), en las que se perdían ligas de la forma más absurda, que he visto fallar cuatro penaltis seguidos ¡cuatro! en el probablemente día más triste de mi historia como futbolerono estoy dispuesto a defender que se retroceda décadas en la historia del club y volvamos a la época en la que cada fracaso deportivo se resolvía con un bidón de gasolina y un lanzallamas, cuando no con unos cartuchos de dinamita.

A nivel de juego, la temporada es mala. Aún así el Barça ya está en la final de Copa y sigue segundo en LaLiga. En la Champions, el resultado del partido de ida de cuartos de final contra el PSG ha sido el peor imaginable, pero todavía queda el partido de vuelta. ¿Qué es prácticamente imposible pasar la eliminatoria? Pues claro… pero vamos a jugarlo. Si hay algún equipo en el mundo capaz de levantar ese marcador es el FC Barcelona. Y, por cierto, ¿Messi ya sabe que ningún equipo en la historia de la Champions ha remontado un 4-0? Será interesante que lo sepa, porque sigo defendiendo que con Messi sobre un campo de fútbol siempre sucederá lo que D10S quiera que suceda. 

En porcentaje, la eliminatoria puede estar en un 95% frente a un 5% a favor del PSG. Y ese 5% no es un simple dato porcentual, sino que es simbólicamente el número de goles que, en principio, necesita el Barça para plantarse en cuartos de final. No sé vosotros, pero me apunto a intentarlo, porque el equipo me ha demostrado todo lo que es capaz de conseguir y porque YO NO ME BAJO DEL CARRO. @Bajarlaalpasto