La necesaria y dolorosa salida de Luis Suárez del Barça

“Nunca digo adiós, porque un adiós significa irse e irse significa olvidar.” – J.M. Barrie, novelista y dramaturgo británico.

Decir de un jugador del Barça que ha sido el mejor de la historia del club en su posición es un reconocimiento al alcance de unos pocos elegidos. Y, en mi opinión, Luis Suárez ha sido el mejor ‘9’ que se ha vestido de azulgrana o, por lo menos, de los que yo he tenido ocasión de ver. Aclaro que cuando digo ‘9’ me refiero al mejor delantero centro goleador, porque si hablásemos solo del portador del número no habría debate (y es que Cruyff está en otro nivel).

Como veterano aficionado culé, he tenido la fortuna de disfrutar viendo jugar y marcar goles desde Krankl hasta el pistolero uruguayo, pasando por Quini, Lineker, Archibald, Romario, Ronaldo, Anderson, Kluivert o Eto’o. Siendo una elección difícil, si tengo que elegir, me quedo con Luis Suárez porque es muy complicado jugar durante seis temporadas en el Barça a un nivel tan alto en una posición tan exigente y convertirse en el tercer máximo goleador de su historia..

Pero, después de la última temporada que acabó para el Barça de una forma tan dolorosa, tras ser aplastados por el Bayern en Champions y consiguiendo un vergonzoso nadaplete, tocaba tomar decisiones y hacer unos cambios en la plantilla que quizás llegaban ya con cierto retraso, si recordamos los sonrojantes fracasos en Roma y Anfield. Pero es que esta sigue siendo la asignatura pendiente de la mayoría de los clubes deportivos: saber cuándo toca renovar las plantillas para adelantarse a los temidos finales de ciclo que todos acaban sufriendo.

En el caso que nos ocupa, la salida de Luis Suárez estaba cantada ya que, aunque seguro que seguirá goleando en su nuevo destino, sus mejores años como azulgrana ya forman parte del pasado. Y es que parte de la grandeza del Barça se explica porque sus descartes pueden ser las figuras en otros muchos equipos. En cambio, de quedarse en Can Barça, pasaría a tener un rol secundario, no teniendo asegurada la titularidad; y eso para un carácter indómito como el del pistolero no es plato de gusto. Sonaba bien que pudiese convertirse en “el nuevo Larsson”, ese perfil de delantero centro suplente que tan bien supo representar el sueco y por el que tanto suspira el barcelonismo. Para ello, Suárez tendría que haber aceptado una bajada drástica de su ficha y aceptar que su hábitat natural iba a ser el banquillo, lo que habría sido lo mismo que meter una bomba de mano en el vestuario, quitarle la anilla y esperar a que explotase.

También es cierto que, como leyenda del club, se le podría haber dado otro trato y haberle enseñado la puerta de salida con más tacto que una simple llamada telefónica. Pero se aprovechó la llegada de un nuevo entrenador para encomendarle ese marrón y a Koeman le correspondió aceptar el desagradable papel de ejercer de verdugo, y ofrecer varias cabezas – entre ellas las de Lucho – a una afición que estaba muy caliente y necesitada de que alguien agitase el avispero para que el equipo, que había acabado la temporada mostrando un encefalograma plano, se reactivase.

Así es que al final la solución adoptada fue, cuando menos, la menos mala para todas las partes: el Barça se desprende de un jugador al que ya le había exprimido todo su mejor rendimiento y así libera una ficha millonaria, el jugador sale con destino a un club donde peleará por conseguir títulos aunque sin la obligación de conseguirlos (eligió el Atleti como pudo ser un equipo de la liga china o de la MLS), y el Atleti, su nueva casa, se asegura un goleador de efecto inmediato y con repercusión mediática.

Como reza la cita del principio del post, a un jugador como Luis Suárez jamás le diremos adiós porque nunca le olvidaremos. Con su entrega y con su goles se ha ganado un sitio de honor en la historia del Barça y en los corazones de los culés, por lo que no queda más que decirle “Hasta siempre Lucho, gracias por tanto.” @Bajarlaalpasto1

‘Historia de los Mundiales de Fútbol’ – Brian Glanville

mundial‘Historia de los Mundiales de Fútbol’ es la crónica de la competición futbolística más importante del mundo, y recoge la competiciones mundialistas desde Uruguay 1930 hasta Sudáfrica 2019.

En su 414 páginas publicadas por T&B Editores, el escritor y periodista británico Brian Glanville nos regalas crónicas, fotografías, alineaciones, resúmenes y estadísticas con los que el lector podrá (re)vivir decenas de partidos y conocer en profundidad a los grandes protagonistas de los mejores momentos de la historia del fútbol.

En palabras de Bobby Moore, capitán de la selección de Inglaterra que ganó la Copa del Mundo en 1966, “no hay un libro mejor si se quiere saber todo sobre la Copa del Mundo. Esta es la historia definitiva”. Y para el periódico británico The Sunday Telegraph “la mayoría de los escritores sobre fútbol se dividen en dos categorías: aquellos que han sido influenciados por Brian Glanville y aquellos que deberían haberlo sido”.

Así es que si estáis interesados en saberlo todo sobre la Copa del Mundo, no dudéis en haceros con este libro para disfrutar de la Historia de los Mundiales de Fútbol con Pelé, Cruyff, Beckenbauer, Maradona, Platini, Kempes, Zidane, Romario, Ronaldo, Xavi o Iniesta. ¿Os lo vais a perder? Yo tampoco. @Bajarlaalpasto

 

Este libro forma parte de mi biblioteca #LibrosFutboleros

 

#TheBest carallada… crónica de una gamberrada

maradonaGala, fiesta, espectáculo, luces, marketing… bien bien, todo esto está muy bien. Y si además lo aderezas con famosillos de diverso pelaje y antiguos cracks convertidos en al versión 2.0 del dúo Sacapuntas, como Maradona y Ronaldo (el gordo, no perdón, el bueno), pues Infantino y su troupe ya se garantizaron más de dos horas de audiencia televisiva en prime time para poder pastelear con patrocinadores y demás almas caritativas que pululan alrededor de la FIFA.

Todo eso estaría muy bien  si, por lo menos, el premio más importante y el que mueve todo ese tinglado se lo concediesen a quien más se lo merece, es decir, al mejor jugador. Sí, al mejor jugador, no al máximo goleador ni a quien forma del equipo que ha ganado más trofeos. Sencillamente al que ha jugador mejor al fútbol. Porque los que marcan más goles ya tienen sus premios específicos, y los que ganan títulos ya levantan sus copas.

 

Por eso resulta muy chusco que el premio al mejor jugador de la temporada se lo den a Cristiano Ronaldo, conocido coloquialmente como penaltiman o el achuchabalones. El delantero portugués del Real Madrid, sin duda un buen goleador y un gran lanzador de penaltis inventados, tiene su principal virtud en estar siempre atento a empujar las pelotas – con perdón – que le regalan tanto sus compañeros como el Kassai de turno.

Lo que es indiscutibles es que la vedette de Madeira, cuantos más premios individuales recibe, más alejado está futbolísticamente del auténtico número uno del mundo, como es Lionel Messi. Por eso jamás formarán parte del olimpo de los dioses del planeta fútbol, formado por Di Stéfano, Pelé, Cruyff, Maradona y el propio Messi. También le queda grande la primera fila que está reservada a los discípulos que flanquean a los dioses, como Platini, Zico, Xavi, Zidane, Ronaldinho o Beckenbauer. Y podría estar un escalón más abajo compartiendo honores con Van Basten, Ronaldo, Iniesta, Eusebio, Gerd Müller o Sócrates.

Y con todo eso la gala tampoco fue para lanzar bombas. Es más, podría decir que me he divertido más en algún funeral que viendo esa pamema. Pero Infantino cumplió el objetivo. Florentino Pérez se dio un baño de masas y es misma noche demostró la razón que tenía Butragueño, su pelotari oficial, cuando dijo que era un ser superior, ya que fue capaz de hablar al mismo tiempo en exclusiva y en riguroso directo para varias cadenas de radio.

Por eso seguro que, aunque el título de este post sea un chapurreo entre inglés y gallego, seguro que me entendéis perfectamente cuando me refiero a The Best carallada. @Bajarlaalpasto