#TheBest carallada… crónica de una gamberrada

maradonaGala, fiesta, espectáculo, luces, marketing… bien bien, todo esto está muy bien. Y si además lo aderezas con famosillos de diverso pelaje y antiguos cracks convertidos en al versión 2.0 del dúo Sacapuntas, como Maradona y Ronaldo (el gordo, no perdón, el bueno), pues Infantino y su troupe ya se garantizaron más de dos horas de audiencia televisiva en prime time para poder pastelear con patrocinadores y demás almas caritativas que pululan alrededor de la FIFA.

Todo eso estaría muy bien  si, por lo menos, el premio más importante y el que mueve todo ese tinglado se lo concediesen a quien más se lo merece, es decir, al mejor jugador. Sí, al mejor jugador, no al máximo goleador ni a quien forma del equipo que ha ganado más trofeos. Sencillamente al que ha jugador mejor al fútbol. Porque los que marcan más goles ya tienen sus premios específicos, y los que ganan títulos ya levantan sus copas.

 

Por eso resulta muy chusco que el premio al mejor jugador de la temporada se lo den a Cristiano Ronaldo, conocido coloquialmente como penaltiman o el achuchabalones. El delantero portugués del Real Madrid, sin duda un buen goleador y un gran lanzador de penaltis inventados, tiene su principal virtud en estar siempre atento a empujar las pelotas – con perdón – que le regalan tanto sus compañeros como el Kassai de turno.

Lo que es indiscutibles es que la vedette de Madeira, cuantos más premios individuales recibe, más alejado está futbolísticamente del auténtico número uno del mundo, como es Lionel Messi. Por eso jamás formarán parte del olimpo de los dioses del planeta fútbol, formado por Di Stéfano, Pelé, Cruyff, Maradona y el propio Messi. También le queda grande la primera fila que está reservada a los discípulos que flanquean a los dioses, como Platini, Zico, Xavi, Zidane, Ronaldinho o Beckenbauer. Y podría estar un escalón más abajo compartiendo honores con Van Basten, Ronaldo, Iniesta, Eusebio, Gerd Müller o Sócrates.

Y con todo eso la gala tampoco fue para lanzar bombas. Es más, podría decir que me he divertido más en algún funeral que viendo esa pamema. Pero Infantino cumplió el objetivo. Florentino Pérez se dio un baño de masas y es misma noche demostró la razón que tenía Butragueño, su pelotari oficial, cuando dijo que era un ser superior, ya que fue capaz de hablar al mismo tiempo en exclusiva y en riguroso directo para varias cadenas de radio.

Por eso seguro que, aunque el título de este post sea un chapurreo entre inglés y gallego, seguro que me entendéis perfectamente cuando me refiero a The Best carallada. @Bajarlaalpasto

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