Luces y sombras en el regreso de Dani Alves al Barça

«Llevo a mis hijos a todas partes, pero siempre encuentran su camino de regreso a casa.» – Robert Orben, escritor norteamericano.

Dani Alves podía haber anunciado su vuelta al FC Barcelona utilizando las mismas palabras que pronunció Josep Tarradellas cuando volvió del exilio tras la muerte de Franco y al inicio de la transición con Adolfo Suárez: «Ja sóc aquí». Es cierto que el molt honorable president se pasó 38 años en el exilio y el lateral brasileño ‘solo’ cinco, pero es que, según él mismo ha confesado en sus redes sociales, le han parecido una eternidad.

Tras la sorpresa y las dudas iniciales, el regreso de Alves al Camp Nou ha sido celebrado mayoritariamente por la afición culé, aunque también ha habido voces discordantes, lo cual es bueno siempre que el debate se plantee en términos constructivos y no, como suele ocurrir históricamente en nuestro querido Barça, para atacar al que piensa distinto.

Nadie pone en duda que Dani Alves es un jugadorazo, con un currículum deportivo espectacular y que a su carácter ganador, suma un carisma que pocos poseen. Y seguro que para Xavi esas cualidades han pesado más en la balanza, antes que la edad, el que lleve meses sin competir y que hasta enero, con la apertura de un nuevo mercado, no pueda jugar con el equipo.

Del otro lado, hay quienes critican precisamente que, cuando se esperaba que la anunciada revolución de Laporta comenzase por agradecerles los servicios prestados y enseñarles la puerta de salida a las vacas sagradas, ahora se traiga de vuelta al que será el jugador más veterano de la plantilla, con lo que queda demostrado que el manido discurso simplista de que los fichajes cierran el paso a los canteranos se utiliza siempre a favor de obra.

Porque la pregunta es obligatoria y es ¿qué habría pasado si Bartomeu y Koeman hubiesen fichado a un jugador semirretirado, cerca de entrar en la cuarentena, para jugar por delante de Dest (21) o Mingueza (22)? Pues que no les llegaría la Diagonal para salir por piernas y, cuando los cogiesen, una turba de tuiteros descontrolados pedirían que los colgasen por los dedos gordos de los pinreles desde el punto más alto de la Sagrada Familia.

Lo curioso es que el sustituto de Dani Alves en la banda derecha de Barça, después de cinco años y tras haber pasado por el puesto Douglas, Aleix Vidal, Sergi Roberto, Wagué, Semedo, Dest, Emerson y Mingueza, vuelva a ser el propio Dani Alves y que eso genere una ilusión desbordada en el club. Y es que como bien tuiteó @vonmarius1899 «Que la vuelta de Alves haga que la gente suba fotos de éxitos futbolísticos ¡de hace un decenio o más! es señal de que emocionalmente, afición y club aún viven de recuerdos, y de ahí no salen. Y lo que es peor, eso durará. Nos hemos instalado en una nostalgia enfermiza e insana». Para pensar y analizar.

También es cierto que la llegada del lateral brasileño ha generado reacciones de falsa alegría en la caverna, como queriendo demostrar una jocosidad fingida, conscientes de que ha vuelto una de sus mayores pesadillas de este siglo. Como recuerda @MisterCruyff14 «Dani Alves desde que es profesional ha ganado el doble de títulos oficiales que el Madrid (46 a 23)». Y, puestos a hacer chistes, me quedo con esta genialidad de @shiequitito «Oye, que se están riendo del fichaje de Alves cuando en su equipo tienen ex jugadores con obesidad mórbida como Isco, Marcelo y Hazard».

Al final, como siempre, el acierto o no del regreso de Alves al Barça lo marcará su adaptación al juego del equipo que implante Xavi, su jerarquía y disponibilidad para guiar a los jóvenes y su incidencia sobre el césped. Lo que está claro es que no viene de vacaciones porque dentro de poco más de un año se disputará la Copa del Mundo en Qatar, a la que quiere acudir con la canariha para poner el broche final a su carrera con el único título que le falta, el de campeón del mundo. Y conociendo al personaje, ¿alguien apostará a que no lo consigue? Yo tampoco. @Bajarlaalpasto1

Cuatro capitanes culés y un funeral

«La culpa ha sido mía, yo soy el único cabrón de esta historia…» – Hugh Grant en la película ‘Cuatro bodas y un funeral’.

Uno de los momentos más famosos de la historia de la liga es el desenlace de la que se disputó la temporada 1993/1994, que finalizó con el famoso penalti fallado por Djukic que le habría dado el título al Deportivo de La Coruña, y que se acabó celebrando en Barcelona en la que fue la cuarta liga consecutiva del ‘Dream Team’ de Cruyff. Al final el partido y con un Riazor desolado, un abatido Arsenio Iglesias se presentó en la rueda de prensa y soltó una de las frase que debería formar parte de cualquier compendio de filosofía que se precie: «Mucho que decir y poco que contar».

Han pasado 27 años desde ese episodio y, al acabar el esperpento protagonizado por el Barça en Vallecas, lo primero que me ha venido a la mente en la sentencia de o Bruxo de Arteixo; y es que cómo se puede explicar el delirante inicio de temporada del equipo blaugrana, que tras diez jornadas suma unos paupérrimos 15 puntos (la mitad de los posibles), producto de cuatro victorias, tres empates y tres derrotas, casualmente todas contra conjuntos madrileños, marcando unos ridículos 15 goles y encajando 11, destacando que en varios partidos el primer disparo entre tres palos ha acabado en las redes de la portería de Ter Stegen.

A la hora de buscar culpables seguro que la responsabilidad está compartida, empezando por la junta directiva, siguiendo por el cuerpo técnico y acabando por los jugadores, y dándole también su parte a los servicios médicos, a los que por la forma en la que están gestionando y tratando las lesiones habría que recordarles la máxima «si juegas a los médicos, hazlo sin pacientes reales», y a todos esos metemierdas que desde los medios de (des)información y desde las redes sociales pululan cerca del club y que son expertos en provocar incendios y en ofrecerse para apagarlos con gasolina.

Los antiguos romanos, que eran gente sabia y de buen razonar, decían que «el pescado se empieza a pudrir por la cabeza«. Y en el caso del Barça está claro que tanto el presidente Laporta como su antecesor Bartomeu, en unas ocasiones por acciones y en otras por omisión, tienen su cuota como máximos responsables de la institución; tampoco puede escapar de la quema un Koeman sobrepasado por los acontecimientos y que, como entrenador, está demostrando tener menos cintura que cuando era el último defensor en su etapa como jugador.

Pero en esta ocasión quiero dedicarle unas líneas a un cuarteto que lleva formando parte activa de los últimos estropicios que ha sufrido el FC Barcelona, que no son otros que sus cuatro actuales capitanes: Busquets, Piqué, Alba y Sergi Roberto. Y es que, por poner una fecha dolorosa en el recuerdo de los aficionados, los cuatro estuvieron en el vergonzante 3-0 de Roma y también acudieron puntuales a las sonrojantes citas europeas con el Liverpool (4-0), Bayern (2-8) Juventus (0-3), PSG (1-4) Bayern (0-3) y Benfica (3-0). Por el medio, también derrotas dolorosas en competiciones domésticas y una falta absoluta de nivel competitivo, tanto ante los grandes del fútbol español, como Real Madrid o Atleti, como últimamente ante sus nuevas bestias negras, como el Granada City, el Bayern de Cádiz, el Getafelsburgo o el Inter de Vallecas.

Resulta triste y preocupante comprobar que en la mayoría de las ocasiones en las que los cuatro capitanes están sobre el campo, el partido acaba en un funeral. Y es que Busquets no es capaz de llevar la manija de un equipo blandito, Piqué tiene otras prioridades que le ocupan mucho tiempo, Alba llevaba años viviendo de los caramelitos que le regalaba Messi y Sergi Roberto es un futbolista intrascendente con un juego más insulso que un bocadillo de miga de pan.

El problemas es que, cuando otros capitanes como Puyol, Xavi o Iniesta vieron que su momento había llegado y los tres pactaron una salida con honores del club de su vida, los actuales portadores del brazalete se han agarrado a sus contratos, cediendo únicamente en diferir la duración de los mismos para no perder ni un céntimo, y al poder que tienen en el vestuario para impedir la renovación a fondo que se debería practicar en la plantilla. Y con este comportamiento irresponsable, el aficionado culé seguirá asistiendo a un funeral tras otro mientras espera la resurrección de un equipo muerto y enterrado. @Bajarlalpasto1

Laporta, Koeman y ‘el coño de la Bernarda’

«Si no te gusta algo, cámbialo. Si no puede cambiarlo, cambia de actitud.» – Maya Angelou, escritora, cantante y activista estadounidense.

Cuando parecía que el serial sobre el relevo de Koeman en el banquillo del Barça llegaba a su fin, y que en el Wanda se escribiría el epílogo de esta historia sobre un amor imposible, el guión ha dado un giro inesperado con la salida del presidente Laporta para confirmar y pedir el apoyo para el entrenador, un entrenador en el que nunca ha creído y al que no considera capacitado para pilotar la nave blaugrana.

Pero como dice la máxima «a la fuerza ahorcan», desde el principio el presidente azulgrana se vio obligado a aceptar la continuidad del último entrenador fichado por Bartomeu ante la imposibilidad de encontrar un relevo de garantías. Y esa situación se ha prolongado hasta ahora, cuando parecía que la situación ya era insostenible. Nadie duda de que el sueño húmedo de Laporta era conseguir el regreso de Guardiola. Pero entre las muchas virtudes que sin duda tiene Pep, una de ellas es saber que volviendo al Barça no tendría nada que ganar y sí mucho que perder. Su paso por el banquillo culé siempre será recordado por un sextete, dos Champions y una ratio de campeonatos disputados-títulos ganados imposible de repetir, amparado en una generación de futbolistas de la casa única.

A partir de ahí, nombres y más nombres, candidatos, rumores, un montón de falsas exclusivas, un reguero de ‘según mis fuentes’ sin agua, y los medios que supuestamente siguen la actualidad del Barça compitiendo con los tuiteros más desvergonzados a ver si a alguno le sonaba la flauta. Todo el mundo opinó y todo el mundo dio su receta mágica para volver a tocar el cielo futbolístico: Cruyffistas de pacotilla que no tienen ni zorra idea de quién fue Cruyff, defensores acérrimos del 4-3-3 porque suena bien, talibanes del juego de posición como si hiciesen un auto de fe, y cánticos y alabanzas al estilo, al ADN y a no sé que demás paparruchas trasnochadas.

Y así se publicaron los nombres de Xavi, Roberto Martínez, Pirlo, Gallardo, Ten Hage o Conte como si jugasen a lo mismo y su ideario futbolístico fuese similar. También aparecieron las candidaturas de Löw, Tuchel o Jordi Cruyff. Y seguro que me estoy olvidando de más de uno. Hasta desde Bajaralpasto jugamos a entrenadores y apostamos por Albert Capellas, como buen conocedor del fútbol-base, amante convencido y practicante del juego de posición (este sí que sí) y con aprendizaje en los banquillos al lado de Peter Bosz y de Jordi Cruyff.

Al final, y contra todo pronóstico, tantas horas de radio y televisión, tantas páginas de periódicos y tantos mensajes y comentarios en redes sociales dedicados en exclusiva a hablar sobre la marcha de Koeman y la llegada de su sustituto para volver al punto de partida. Ahora la pregunta es ¿qué hay detrás de esta decisión de Laporta? ¿Lo hace por convencimiento u obedece a motivos económicos o a la imposibilidad de traer a un entrenador de su confianza? En principio, todo apunta a que es una huida hacia adelante para ganar tiempo, aunque el mes de octubre que se presenta es de agárrate que vienen curvas, con partidos de liga contra Atleti, Valencia y Real Madrid, y de Champions frente al Dinamo de Kiev. O la gloria o el infierno. O, lo que puede ser peor, la intrascendencia.

Desde el momento en el que el presidente ha mostrado públicamente su apoyo y su confianza en el entrenador, lo deseable es que todo el barcelonismo se una, todos los culés salgan (salgamos) de sus trincheras y todos juntos animemos y demostremos la grandeza de nuestro club. Pero también sería estúpido ignorar que en el mundo del fútbol la ratificación de un entrenador suele ser el paso previo a su despido. Ojalá que el culebrón sobre el banquillo del Barça, que históricamente ha sido un potro de tortura, haya llegado a su final por esta temporada. Sería la señal de que el equipo goza de buena salud y estará en la disputa de todos los títulos. @Bajarlaalpasto1

El banquillo del Barça siempre ha sido un potro de tortura

“La vida es mi tortura y la muerte será mi descanso.” – William Shakespeare, dramaturgo y poeta inglés

Decir del banquillo del Barça que es una silla eléctrica sería un piropo. En la silla eléctrica te sientan, te amarran con unas cinchas, te ponen un casquete, le dan al interruptor, te achicharran y a otra cosa. En cambio el potro de tortura es un instrumento mucho más sofisticado. El objetivo no es que la palmes pronto, no, todo lo contrario. Aquí se trata de que su usuario sufra, se retuerza, pida clemencia, se humille… ¿os suena, culés de pacotilla?

Históricamente, el Barça ha tenido a los mejores entrenadores del mundo. Los más deseados del momento, los triunfadores, todos con sus títulos o con sus brillantes hojas de servicios o con su trabajo en el club o con su pasado azulgrana… No me voy a ir al año de la chupirindaina, pero sí a un momento que marcó un cambio de tendencia en el club, como fue la llegada al club de Rinus Michels al principio de los años 70. Que primero a un técnico como el holandés (perdón, neerlandés) como después a Weisweiler, Müller, Rifé, Helenio Herrera, Kubala, Latek, Menotti, Venables, Luis Aragonés, Cruyff, Robson, Van Gaal, Serra Ferrer, Rexach, Antic, Rijkaard, Guardiola, Tito Vilanova, Tata Martino, Luis Enrique, Valverde, Setién y hasta ahora a Koeman siempre se les hayan buscado las cosquillas, es la demostración de la existencia del famoso “entorno” autodestructivo que tan bien bautizó Cruyff en Praga hace ya casi 30 años.

Y es que uno se llevaba mal con la estrellita de turno, otro que la estrellita de turno prefería a su valedor, otro que si no tenía carácter, otro que si tenía mucho genio, otro que si el estilo, otro que si era antipático, otro que si el ADN, otro que si le echaba un pulso al presi, otro que si no tenía currículum, otro que si era un tristón, otro que si cuidaba vacas en el prado… hasta que llegamos al actual, a Koeman, leyenda del club y fiel a la institución, cuyo pecado fue que lo fichó Bartomeu en una de las épocas más convulsas de la historia del equipo, en medio de una crisis institucional-social-económica-sanitaria sin precedentes, con una moción de censura a la vista, con Messi dándole al botón de ‘enviar’ de su bochornoso burofax y después de una sonrojante derrota por 2-8 en Champions ante el Bayern.

Pues ahora es Ronald el inquilino de tan siniestro y cruel artilugio, y tras cada partido que no se gana, o se gana sin la brillantez que exigen los gurús y los guardianes de las esencias, Laporta y sus acólitos le dan una vuelta de tuerca mientras buscan quién le sustituya, tanto en el banquillo como en el potro. Y es que “el entorno” ni descansa ni respeta a nadie… ¡qué pase el siguiente! @Bajarlaalpasto1

El Barça de los once canteranos

En las últimas temporadas hubo varias oportunidades para que el Barça presentase sobre el terreno de juego un equipo formado íntegramente por futbolistas educados futbolísticamente en La Masía. Pero ha sido este último domingo cuando por espacio de una hora Valdés, Montoya, Piqué, Puyol, Alba, Xavi, Busquets, Iniesta, Cesc, Pedro y Messi, con Tito Vilanova en el banquillo, demostraron que el trabajo iniciado hace muchos años por Johan Cruyff no era la locura de un romántico del fútbol. Uno de los momentos más destacados de este trabajo ya fue cuando en el 2010 los jugadores del Barça arrasaron en la gala del Balón de Oro, consiguiendo Messi el de Oro, Iniesta el de Plata y Xavi el de Bronce.

Incluso un técnico como Van Gaal, coleccionista de filias y fobias a partes iguales, pronosticó cuando entrenaba al equipo azulgrana que un equipo formado por canteranos acabaría ganando la Champions League. Pues bien, a día de hoy, a nadie le extrañaría que el once mencionado anteriormente se presentase en Wembley en el mes de mayo con todas las garantías de alzar la orejona.

Tampoco, en el colmo de un purismo mal entendido, se pedirá que grandes futbolistas como Alves, Mascherano, Adriano, Song, Villa o Alexis desaparezcan de las alineaciones; pero sí que parece claro que un jugador que llegue de fuera tendrá que adaptarse y reciclarse para poder jugar en un equipo que está convencido de a lo que juega, y que están dispuestos a ir con esa idea hasta las últimas consecuencias.

Como de la cantera culé todos los años salen muchos y muy buenos jugadores, es cierto que alguno de ellos tuvo que buscarse la vida futbolística lejos del Camp Nou; y así, Piqué en el Manchester United, Cesc en el Arsenal y  Alba en el Valencia, demostraron con el paso del tiempo que tenían ADN Barça, y por ello el empeño por parte de los dirigentes y técnicos en traerlos, pagando cantidades importantes, para la que, sin duda, siempre fue su casa.

Sería injusto olvidarse del presidente Laporta, al que se le podrán criticar muchas de sus actuaciones en el campo político o en su vida personal, pero que durante su mandato apostó, enfrentándose incluso a algún gurú del barcelonismo, primero por Rijkaard y después por Guardiola, como entrenadores que apostaban por un tipo de fútbol que solo puede ser ejecutado por jugadores educados desde pequeños en esa filosofía de juego, y que han demostrado que el modelo es válido y funciona.

En el once que jugó contra el Levante participaron nueve jugadores que formaron parte de la selección española campeona de la última Eurocopa (seis de ellos también jugaron de titulares en la final de la Copa del Mundo), otro que ya posee tres Balones de Oro y Montoya, lateral derecho que ya ha sido convocado por Vicente Del Bosque para jugar con la absoluta. A ellos hay que unir a Thiago (un fijo ya en el primer equipo), Bartra, Tello o Cuenca quienes ya han llegado a jugar, incluso, partidos importantes de Champions League.

Y tan importante como este hecho, es que el futuro del modelo está asegurado, ya que muchos de esos futbolistas todavía tienen por delante varias temporadas al máximo rendimiento, y por detrás hay otros jóvenes que ya están llamando a las puertas del primer equipo y que ya han llegado a debutar, como Dos Santos, Sergi Roberto o Deulofeu, y otros que seguirán trabajando en el equipo filial hasta que llegue el momento de engrosar la primer plantilla, como Oier, Planas, Rafinha, Grimaldo, Espinosa o Dongou.

Enhorabuena a todos los técnicos y entrenadores, tanto de la primera plantilla como de las categorías inferiores, del F.C. Barcelona porque ellos han sido los culpables de haber creado un estilo de fútbol admirado en todo el mundo.