Supercopa: primer asalto

Una vez más, uno de los grandes clásicos del fútbol mundial no ha defraudado. Ya se sabe que no es lo mismo que se enfrenten en la Liga o en una eliminatoria de la Champions League o en una final de la Copa del Rey; pero un Barça-Madrid siempre reúne todos los ingredientes para que los aficionados al fútbol den rienda suelta a sus más bajas pasiones.

Curiosamente, la previa del partido no estuvo rodeada de polémica y, por momentos, dio la impresión de que íbamos a presenciar unos juegos florales en vez de un duelo a muerte entre dos rivales encarnizados. Pero, por suerte, todo cambió en cuanto comenzó el partido. 

De entrada tanto Tito como Mou nos tenían preparada una sorpresa en las alineaciones: por parte azulgrana, Jordi Alba se quedó en el banquillo cediendo su puesto a Adriano, mientras que los merengues daban paso a Callejón en el puesto destinado, en principio, para Di María. Tácticamente se presentaron en el campo como se esperaba: un Barça dominador del balón, haciéndolo circular con velocidad e intentando entrar con combinaciones por el centro, con un Iniesta magistral y un Xavi cada vez con más presencia en el área rival; el Madrid, por su parte, bien pertrechado atrás, con dos centrales duros y expeditivos que, a mayores, contaron con la ayuda de dos medios centro más preocupados de destruir que de crear, y rifando su suerte a que alguno de los de arriba pescase algún pelotazo.

La primera parte fue un monólogo azulgrana, y el Madrid se fue al descanso dando gracias por el injusto empate conseguido hasta ese momento. En la segunda parte el partido se abrió y ahí el Barça, con más espacios, mató a su rival. Al gol a balón parado de Cristiano respondió Pedro con un control y un disparo magistral, tras un servicio milimétrico de Mascherano. Posteriormente, Messi transformó el penalty que Iniesta provocó ante Ramos, y Xavi consiguió el tercero tras otra jugada de videojuego inventada por el mago de Fuentealbilla. Cuando parecía que estaba más cercano el cuarto gol de los culés, apareció Di María para disputarle un balón a Valdés quien, en un exceso de confianza, cometió un error que acabó en gol, por lo que el título se decidirá la próxima semana en el Bernabéu. 

El partido respondió a las expectativas y tuvo todos los condimentos que se le piden a este gran duelo: jugadas polémicas, penaltis, piques entre jugadores, goles y jugadas de ensueño. De momento, y a la espera de ver en acción a los otros grandes equipos europeos, podemos afirmar que, una temporada más, los mejores partidos del año los disputarán Barça y Real Madrid.

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