«Soy de un tiempo en el cual hacer el ridículo era algo que se evitaba, ahora es un objetivo a alcanzar». – Rosana Hermann, escritora brasileña.

Después de nueve años en los que la caverna, siguiendo las consignas de su amo Florentino Pérez, no paró de ensalzar y de proteger a Cristiano Ronaldo hasta el vómito, la espantada protagonizada este verano por la vedette de Madeira ha provocado que muchos de esos palanganeros -no todos- se olviden de todas las mamarrachadas que han escrito o dicho en sus prostíbulos mediáticos.
Por eso muchos de los gusanos de la (des)información que viven de ejercer un periodismo deportivo nauseabundo, que justificaron todas las agresiones protagonizadas por el niño bonito del madridismo y que no dudaron en promover campañas vergonzantes como la de las caretas para mayor gloria del achuchabalones, ahora miran para otro lado y silban melodías aunque sus carreras ya han quedado emponzoñadas para siempre, y seguirán viviendo de hacer el gilipollas mientras Florentino no se aburra de juguetear con el Madrid, su juguetito preferido, se marche para su casa y tengan que sellar esos estercoleros que rezuman purín en los que dan rienda suelta a sus barrabasadas.

Dentro del grupo de fieles a Míster Portugal destacan Edu Aguirre y Manu Saínz, dos palanganeros que se disputan el dudoso honor de ver quien es más genuflexo ante su amo . Estos dos botarates sin el más mínimo sentido del decoro lo mismo van a desearle suerte al portugués antes de jugar contra España en el Mundial, que viajan hasta Turín a limpiarle los mocos a su hijo mayor, o siguen defendiendo sus agresiones, como la última protagonizada hace dos días en el partido de Champions que la Juventus disputó en Mestalla y que acabó con Ronaldo (el malo) gimoteando camino del vestuario.
Y es que da igual. Cuando uno decide convertirse en felpudo es que ha aceptado aparcar la dignidad y que lo pisoteen. No sé qué ven por las mañanas estas dos plañideras cuando se ponen delante del espejo, pero debe compensarles cuando van al cajero y comprueban el saldo de sus cuentas corrientes. @Bajarlaalpasto

Seguro que cuando habéis leído el título de este post la mayoría habéis pensado: «Coño, ¡esto ya lo sabíamos!». Y es cierto, ya sé que no es ninguna novedad. Pero es que tanto el despeje que realizó con las dos manos Sergio Ramos el pasado martes en el Signal Iduna Park en partido de Champions contra el Borussia Dortumd, como las posteriores explicaciones del protagonista y de los palanganeros que se encargan de (des)informar sobre el Madrid, no tienen desperdicio.













Sabíamos que el paso de Pep Guardiola por el banquillo del FC Barcelona había causado heridas en el madridismo difíciles de cicatrizar. Ganar 14 títulos de 19 posibles en cuatro temporadas, sonrojar al Bernabéu con un histórico 2-6, humillar al Moudrid con una manita y, sobre todo, enamorar al planeta fútbol partiendo de algo tan sencillo como que al fútbol se juega con un balón y que tienes que pasárselo a uno que tenga una camiseta como la tuya, son registros que una sociedad mediocre y envidiosa jamás le perdonará. Jamás.
Pasan los días y – mientras el barcelonismo sigue celebrando «la madre de todas las remontadas», como fue ganarle 6-1 al PSG para superar el 4-0 del partido de ida – el madridismo no levanta cabeza. Y es que el palo en Merenguilandia ha sido muy duro. Ellos no jugaban, el PSG les importa tres pepinos… pero su odio al Barça había provocado que llevasen semanas celebrando la deseada eliminación de la Champions del equipo culé.
Al finalizar el partido que disputó el Barça en París publiqué estos dos tuits, con lo que quería dejar clara mi postura tras el 4-0: VERGÜENZA Y PUTO DESASTRE, sí, así, sin anestesia, para que no haya ninguna duda del bochorno que pasamos todos los culés viendo a nuestro equipo, para finalizar con un YO NO ME BAJO DEL CARRO, en mayúsculas para que quede bien claro que es ahora cuando hay que ser barcelonista y demostrar barcelonismo.