Vinicius lucha contra el racismo ‘a lo Panenka’

“Una mentira es como una bola de nieve; cuanto más rueda, más grande se vuelve” – Martin Lutero, teólogo alemán.

Antonín Panenka fue un futbolista checoslovaco que pasó a la historia de fútbol por haber marcado el penalti decisivo que le dio a su país el título de campeón en la Eurocopa disputada en Yugoslavia en 1976, derrotando en la final a la Alemania que llegó al torneo con la vitola de ser la campeona del mundo dos años antes. La Mannschaft se presentaba como la máxima favorita, al mantener en su selección a varios de los mejores futbolista de aquella época, como Maier, Beckenbauer, Vogts, Bonhof o Hoenes; pero una final trepidante que finalizó tras una prórroga con empate a dos goles, se resolvió en el ultimo penalti con una genialidad de Panenka, quien batió al gran Sepp Maier con un toque suave y en forma de medio vaselina nunca visto hasta esa fecha, quedando bautizado desde ese momento con su apellido ese tipo de lanzamiento.

Reconozco que me molesta mezclar el nombre de un gran tipo como Antonín con el de Vinicius, con quien nada tiene que ver, a no ser que tomemos el término ‘a lo Panenka’ como sinónimo de ‘con engaño’, que es lo que voy a hacer. Y es que al futbolista brasileño del Real Madrid, jaleado por unos medios de comunicación al servicio del nazionalmadridismo, lo han convertido en el abanderado de una supuesta lucha contra el racismo, por el simple hecho de que los cuatro tarados que siempre acuden a los estadios han reaccionado a sus continuas provocaciones con insultos de dudoso gusto.

Vinicius llegó al fútbol español tras un fichaje multimillonario en el que Florentino Pérez, demostrando su poderío al frente de un Club-Estado, se comprometió a pagar más de 60 millones de euros (entre fijo, variables, comisiones variadas y primas para los familiares) por un imberbe que pocos destellos balompédicos había mostrado en el planeta fútbol, aunque después en una de las Asambleas del club le vendió a sus compromisarios-borregos que se trataba de un canterano salido de La Fábrica de Valdebebas, factoría que, por cierto, debería llevar años cerrada por falta de producción.

Desde su aterrizaje en el fútbol español, el brasileño tuvo problemas en todos los campos que visitaba, tanto con los contrarios como con las aficiones rivales, por su actitud chulesca, sus gestos provocadores y sus ademanes antideportivos, todo ello con el consentimiento de unos árbitros que preferían mirar para otro lado y tragarse su dignidad antes que mostrarle la tarjeta roja, y a los que, en agradecimiento, acabó enfrentándose conocedor de su impunidad.

Su carrera iba transcurriendo por la liga entre polémicas y piques, hasta que el 21 de mayo de 2023 prendió la traca (nunca mejor dicho) en el partido disputado en Mestalla frente al Valencia. A falta de 20 minutos el Real Madrid iba perdiendo y, tras una jugada protagonizada por el ‘7’ madridista, que finalizó con un incidente en apariencia nimio, el brasileño montó la enésima tangana en un encuentro que ya estaba caliente, hasta acabar encarándose con la grada, dirigiéndose fuera de sí a un par de aficionados que se encontraban situados detrás de la portería local.

Bronca, jaleo, partido parado, Lucas Vázquez queriendo apagar el fuego con gasolina, Vinicius amenazando con abandonar el campo, Ancelotti diciéndole que se quedase y que pelillos a la mar y el colegiado De Burgos Bengoechea asegurando que suspendería el partido si se reprodujese algún episodio similar. Para completar la antología del disparate, resaltar que fue Rüdiger -¡Rüdiger!- el encargado de calmar los ánimos y de pedir sosiego. Y el Madrid, una vez más, ya había conseguido su propósito de embarrar un partido que estaba a punto de perder, y es que eso es algo consustancial al ADN merengue.

Desde ese momento y hasta el final, un Vinicius desquiciado no dejó de protagonizar una sucesión de secuencias lamentables, con la complicidad de su entrenador que no lo sustituyó viendo como estaba el percal, que finalizaron con una agresión a Hugo Duro, lo que motivó su expulsión. Para completar su actuación estelar, de camino a los vestuarios, y después de desafiar al árbitro, se dirigió a la grada haciéndole el gesto con los dedos de “a Segunda”, con lo que consiguió caldear aún más el ambiente.

A partir de ahí, estaba cantado que sobre el brasileño recaería una sanción ejemplar tras haberse encarado con rivales, aficionados, árbitro y cualquiera que osase cruzarse en su camino. Pero el Comité de Competición de la RFEF, en un giro de guion inesperado, le retiró la tarjeta roja por un quítame allá esas pajas, por lo cual no tuvo ningún castigo, recayendo las sanciones sobre el club che, en forma de cierre de la grada Mario Kempes y multa de 45.000 euros, por insultos racistas del público.

De esa forma, Vinicius salió elevado a los altares, siendo considerado como un icono de la lucha contra el racismo, contando con el apoyo del presidente Lula da Silva, quien ordenó que se apagase la iluminación del Cristo Redentor de Río de Janeiro, llegando su caso a la ONU hasta ser nombrado Embajador de Buena Voluntad de la UNESCO y de concederle el Premio Sócrates en la Gala del Balón de Oro por su labor de concienciación social contra el racismo. Y así San Vini quedó equiparado a Gandhi, a la Madre Teresa de Calcuta o a Martín Luther King en su lucha por los derechos de las víctimas de violencia racial, habiendo quien insinuó sino podría ser un hijo secreto de Rosa Parks y Nelson Mandela.

Chascarrillos aparte y tratando este tema con la seriedad que requiere, lo único cierto es que el público de todos los estadios del fútbol español no dirigen a Vinicius insultos racistas, sino que responden con abucheos y alguna que otra lindeza al mal comportamiento que tiene el jugador sobre el campo. Protestas, insultos, empujones, desplantes y gestitos provocadores forman parte de su repertorio, por lo que no se recuerda cuándo fue el último partido en el que no protagonizó ninguna trifulca. También sería deseable que a los cuatro tarados que sí profieren barbaridades del tipo ‘negro de mierda’ o ‘mono’ siempre fuesen identificados y detenidos, y se les expulsase de los estadios de fútbol, además de aplicárseles las penas o sanciones que estén tipificadas penalmente por sus acciones.

Pero lo que es injusto es demonizar al fútbol español acusándole en su conjunto de racista, o como hicieron Vinicius y el campechano de su entrenador tras el bochorno vivido en Mestalla al tildar también de racista a todo el público valenciano, aunque después se apresuraron a matizar sus acusaciones. Y es que una prueba de esto es que, como se repite día sí y día también, en el once titular del Madrid figuran seis o siete jugadores de raza negra, como él, sin que ninguno de ellos haya tenido el más mínimo problema de índole racista en ningún campo.

Entre las medidas que puso en marcha la Federación para combatir la inventada “lacra del racismo que está instalado en nuestra sociedad” se juntaron las de actualizar los protocolos para agilizar las actuaciones contra episodios racistas, xenófobos o de odio, con la de pactar un partido amistoso con la Confederación Brasileña de Fútbol que sirviese para dar visibilidad al presunto problema. Como marco para la disputa de dicho partido se acordó que fuese en el Estadio Santiago Bernabéu, lo cual no dejó de tener su miga, ya que como había contado Paco Gento, leyenda del Real Madrid y presidente de honor de la institución merengue, el presidente que dio el nombre al estadio tenía toques racistas, al recordar que “Santiago Bernabéu no quería negros en el club, era un poco maniático”. Y también es verdad que en dicho estadio siempre camparon a sus anchas los Ultra Sur -grupo de ideología nazi, racista y xenófoba- teniendo incluso en sus instalaciones dependencias a sus disposición para guardar banderas, pancartas y otros materiales no considerados precisamente como de animación.

El evento tuvo una presentación sencillamente sonrojante, con una rueda de prensa en la que nuestro Nelson Mandela de Hacendado demostró ser mejor actor dramático que futbolista, lloriqueando y gimoteando mientras decía entre sollozos que cada vez tenía menos ganas de jugar al fútbol, algo que es falso de toda falsedad, a no ser que se haya puesto celoso viendo lo bien que trató Florentino Pérez a Ilia Topuria y esté pensado en pasarse a la UFC. Todo la actuación estaba guionizada y fue grabada por las cámaras de Netflix, en lo que será un capítulo más del documental que la plataforma de streaming está preparando y que, probablemente, se titule «Vinicius, el racismo y el coño de la Bernarda».

Por lo que se refiere al partido, se disputó tal y como estaba previsto, en un ambiente bullanguero, con los aficionado brasileños animando a la canarinha y con los aficionados españoles… pues animando también a la verdeamarela, llegando a silbarle incluso al capitán del combinado español; y también, tal y como estaba previsto, el amistoso acabó como el rosario de la aurora, protagonizado cómo no por nuestro insigne luchador por los derechos sociales de pacotilla, que desplegó ante un público entregado a la causa todo su repertorio de malos modos y bufadas, olvidándose de jugar al fútbol y demostrando, una vez más, que le falta mucho para entrar en el olimpo de los dioses futbolísticos. Durante el partido le hizo una llave de judo a Lamine Yamal, tuvo un rifirrafe con Laporte y se fue a por Morata cuando ya estaba el encuentro finalizado, organizándose una montonera como cierre de la velada contra el racismo. En resumen, sus estadísticas fueron cero goles, cero asistencias, cero regates, dos tanganas… ¡baila Vini, baila!

Para finalizar, solo quiero destacar que mucho más repugnante que el racismo, es su utilización para la promoción personal y para fines espurios, porque desde ese momento la lucha por la igualdad y la dignidad y la denuncia de cualquier tipo de discriminación pierde todo su sentido. Así es que ojalá que dejemos el nombre del bueno de Panenka solo para referirnos a la obra de arte que se inventó hace ya casi 50 años, y no tengamos que invocarlo para desacreditar la pelea por la consecución de un fin noble, por culpa de las ensoñaciones y los delirios de grandeza de un cabeza de chorlito. @Bajarlaalpasto

Todos jugamos a ser Luis Enrique

«Soy el mejor entrenador que hay en la faz de la tierra.» – Luis Enrique, seleccionador español.

Desde siempre a todo el mundo lo que más le gusta y de lo que más presume es de lo que tiene más cerca. Así la iglesia más bonita, la plaza más acogedora, la playa más limpia y los bares con más ambiente siempre son los que tenemos al lado de nuestra casa (y, aunque no sea cierto, lo defenderemos con vehemencia ante la gente de fuera). Por supuesto, la tortilla de nuestra abuela es la más rica y las fiestas de nuestro pueblo son las más divertidas. Incluso, en ese afán desmedido por proclamar lo de uno, hay quien ha llegado a afirmar que “nadie tira a una cabra desde un campanario con tanto arte como nosotros”.

Perich, el gran escritor y humorista gráfico catalán, argumentaba esta teoría de “nada como lo nuestro” contando la siguiente historia: “Cuando voy a la playa y un niño me tira arena no me hace ni pizca de gracia; por el contrario, cuando mi hija le tira arena a otros señores me parece muy divertido. Esto demuestra que mi hija tira la arena con más gracia que los otros niños”. Deducción tan lógica como desternillante.

Si este pensamiento lo trasladamos al mundo del fútbol, podemos comprobar que, en cualquier campo de España, cuando un jugador hace un control de balón sin caerse al suelo, o regatea a un rival aunque sea dándole con las canillas, es más que probable que al domingo siguiente haya alguna pancarta en el estadio exigiendo “Zutanito selección”.

Sin duda es una suerte tener al frente de la selección a un entrenador con experiencia y son sapiencia futbolística como Luis Enrique, que no se casa con nadie a la hora de hacer las convocatorias y que ha conseguido que la selección española no sea un cortijo, mangoneada por grupos mediáticos de presión al servicio de intereses espurios. Y es que, si en vez del asturiano estuviese algún paniaguado de los banquillos, seguro que a Qatar irían desde el tal Nacho hasta Ceballos, pasando por Cafucas Vázquez y – ¡por qué no! – Vallejonbauer.

Además nuestro seleccionador es capaz de abstraerse a los comentarios y sugerencias que le lanzan desde cualquier punto de nuestra geografía, porque, de hacerles caso, nos presentaríamos en el Mundial con un once que bien podría ser este: Edgar Badía; Nacho Vidal, Mingueza, Fali, Jaume Costa; Isi Palazón, Melero, Sergi Darder, Joan Jordán; Chimy Ávila, Hugo Duro.

Que sí, que entiendo que os estéis partiendo de risa porque lo que acabo de hacer no es más que eso, un chiste futbolero. @Bajarlaalpasto

 

La selección de Luis Enrique indigna a los mediocres

«La crítica convertida en sistema es la negación del conocimiento.» – Henry F. Amiel, escritor suizo.

El pasado viernes Luis Enrique hizo pública la lista formada por los 26 futbolistas que defenderán los colores de la selección española en el Mundial de Qatar. Como se esperaba, y ya antes de conocerse, muchos juntaletras tenían guardadas en la carpeta de borradores sus críticas y sus palos al seleccionador por no convocar a Zutano o a Perengano, según sus criterios mucho mejores que Fulano y Mengano.

Lo cierto es que vivimos en un país en el que todos tenemos alma de seleccionador y que, por ver partidos mientras tuiteamos sentados en el sofá de nuestra casa, nos creemos que sabemos más de fútbol que cualquier entrenador que lleve años dedicado a su profesión.

Por eso, el debate sobre los elegidos por Luis Enrique estaba servido y, como también se esperaba, el fuego amigo llegó desde la caverna madridista, quienes en una demostración sonrojante de hipocresía le exigen al seleccionador que lleve al Mundial a aquellos que no sirven para su querido equipo merengue. Y así, no entienden que se hayan quedado fuera de lista Sergio Ramos y un tal Nacho, cuando al primero no quisieron renovarle y le enseñaron la puerta de salida, y el segundo chupa banquillo partido sí y partido también, sin reconocer que el seleccionador ha llamado al 100% de los jugadores madridistas que juegan habitualmente en su club, como son Carvajal y Asensio.

Sobre el resto de las ausencias, la verdad es que el tema no da para mucho. Y es que si la única crítica a Luis Enrique es que no ha contado con Canales, Brais, Borja Iglesias o Iago Aspas (porque las bromas de Sergi Darder, Isi Palazón o Rafa Mir, son eso, bromas), quiere decir que el seleccionador ha acertado de pleno, ya que si bien esos cuatro son buenos futbolistas, tampoco estamos hablando de la reencarnación de Ardiles, Simonsen, Gerd Müller o Paolo Rossi.

Así es que, con los 26 futbolistas liderados por el seleccionador, España intentará, tras ser semifinalista en la última Eurocopa y finalista en la Nations League, seguir instalada en la élite del fútbol mundial, aún a costa del disgusto que se llevarían muchos repartidores de carnets de buenos y malos españoles. @Bajarlaalpasto

Luis Enrique cumple, la caverna regurgita

«El éxito llega para todos aquellos que están ocupados buscándolo.» – Henry Thoreau, escritor y filósofo estadounidense.

Domingo por la noche. La selección española derrota a Suecia, en la Cartuja se celebra a lo grande, el fútbol español estará presente en la Copa del Mundo que se celebrará en Qatar dentro de un año y los pesebreros que (des)informan desde sus estercoleros mediáticos tienen que mostrar una alegría fingida y esperar a mejor ocasión para pedir la cabeza de Luis Enrique.

Tras una fase clasificatoria impecable – 6 victorias, 1 empate y 1 derrota – el seleccionador asturiano ha demostrado que estaba en el buen camino, iniciado con una espectacular Eurocopa, continuado por una impactante fase final de Nations League y rematado con una clasificación para el Mundial por la puerta grande. Todo ello apoyándose en un grupo cada vez más numeroso de futbolistas que han ido entrando y saliendo de las convocatorias, pero que han demostrado una implicación y una fidelidad inquebrantable a la idea propuesta por Luis Enrique, aceptando todos ellos su papel, más o menos trascendente.

Y es que uno de los principales méritos del seleccionador es haber formado un equipo que más se parece a un club que a una selección, en el que el líder da órdenes desde la banda y antes y después se sienta ante los medios para asumir toda la presión. Porque vivimos en el país en el que hay más entrenadores de fútbol por metro cuadrado del mundo – al igual que médicos, economistas, virólogos y, últimamente, hasta vulcanólogos -, en el que muchos se creen que la clasificación para ir a un mundial la regalan en una tómbola, cuando lo cierto es que desde 1978 solo cuatro selecciones (Brasil, Argentina, Alemania y España) han conseguido estar en todas las fases finales.

Y todo ello teniendo en contra al aparataje mediático españoleiro que, convocatoria sí y convocatoria también, se dedicaron a enfangar el trabajo de Luis Enrique, criticando las presencias y lamentando las ausencias de jugadores afines a sus intereses. Porque la caverna nunca descansa, y empezaron atizándole por la lista para la Eurocopa, desprestigiaron el papel en la Nations League y acabaron atacando a Gavi, un chaval de 17 años cuyo pecado es haber irrumpido en el fútbol español con un desparpajo impropio de su edad.

Por eso resultó patético ver como el pasado domingo, después de confirmarse la presencia de España en Qatar, muchos de los periodistas que llevaban meses esperando el fracaso de Luis Enrique, publicaban mensajes en sus redes sociales celebrando la clasificación de una manera forzada, por lo que tuiteé que «He visto gente entrando en un quirófano que transmitía más alegría que estos pesebreros», ilustrado con estos tres tuits:

 

 

 

 

Para afrontar el mundial de la mejor forma posible, sería deseable que de aquí a un año el fútbol español se sacudiese sus complejos, aparcase los antis, saliese de sus trincheras y se uniese en torno a la figura del seleccionador y de sus elegidos. Pero como ya tengo cierta edad y me he papado todos esos mundiales desde 1978, me temo que mi deseo acabará en el cubo de la basura, y que a Luis Enrique le darán más palos que a una estera y sufrirá el llamado fuego amigo, tal y como les ocurrió en otras citas mundialistas a Kubala, Santamaría, Clemente o Luis Aragonés.

Ahora bien, como al bueno de Lucho le dé en Qatar por sacar a pasear su gran rabo asturiano (perdón, no es una ordinariez, sino una licencia literaria) y España levante la Copa, todos esos mismos paniaguados se unirán a la fiesta, meterán sus lorzas en una camiseta roja, ondearán una bandera y cantarán a voz en grito el porompompero, ¡no lo dudéis! @Bajarlaalpasto1

La central lechera saca su peor versión para atacar a Gavi

«¡Oh miseria humana, a cuántas cosas te sometes por el dinero!» – Leonardo da Vinci, polímata italiano del Renacimiento.

Sin duda en un país normal, la irrupción de Gavi, un futbolista de 17 años, en el once titular del Barça y su posterior llamada para formar parte de la selección española que disputó la final-four de la Nations League sería una de las noticias deportivas más celebradas del año. Pero aquí no. Todo lo contrario. Su convocatoria por parte de Luis Enrique y posterior debut como titular ante Italia fue tildado por la caverna como ‘provocación’, y su inclusión en la alineación titular para disputarle el título a Francia se consideró como una declaración de guerra por parte del seleccionador quien, a juicio de esas cabezas podridas, solo pretendía dividir a la afición y alejar a los seguidores de la selección.

Lo cierto es que Gavi –insisto, un chaval de 17 años que tendría que estar en el instituto- se mostró ajeno a todas las críticas y se cascó dos partidazos contra Verrati y Pogba, para entendernos, frente a la campeona de Europa y la campeona del mundo, no desentonando en ningún momento, y siendo un factor determinante para que la selección española llevase el mando del juego en los dos partidos.

Pero la caverna ya había cobrado su presa y no la iba a soltar; y si con Luis Enrique no pueden, porque rueda de presan sí y rueda de prensa también les deja en ridículo, y con Koeman tampoco, porque el holandés ha decidido apostar por la masía, ahora han ido a por Gavi, ‘culpable’ de tener un talento innato para jugar al fútbol, y de querer agarrarse a la titularidad en el Barça y en la selección a base de buen juego y de darlo todo en el campo. Y, por supuesto, de ir al choque, meter la pierna y no achantarse.

Si bien es cierto que en todos los partidos comete dos o tres faltas, algunas de ellas evitables, que le han costado alguna tarjeta amarilla (hay que ver lo valientes que son los árbitros con los niños y cómo silban melodías mirando para otro lado ante auténticos guadañeros), resulta curioso como desde la Central Lechera han salido en tromba a acusarle de leñero y de jugador agresivo, cuando el club de sus amores ha dado cobijo desde hace décadas a auténticos carniceros, como De Felipe, Benito, Mino, Ruggieri, Rocha, Hierro, Sanchís, Pepe, Casemiro y el mismísimo Sergio Ramos, que comparte los curiosos récords de ser el jugador más expulsado de la historia de LaLiga, al mismo tiempo de ser el jugador al que más expulsiones le han perdonado. Y sería injusto olvidar en esta vergonzante relación a Zidane, tan gran jugador como sucio, quien tiene en su palmarés 14 rojas y el trofeo al jugador más expulsado en la historia de los mundiales.

Por eso resulta vomitivo que auténticos trompeteros de la (des)información se dediquen a atacar y a intentar desacreditar a un joven jugador porque va fuerte al balón, después de llevar años defendiendo el discurso de la intensidad y del echarle huevos. La diferencia es que Gavi tiene pinta de ser un futbolista en el que se van a mezclar lo talentoso con lo rocoso, y que irá alternando el guante con el garfio, la zapatilla con el zueco o el paso de ballet con el tackle según su inteligencia le marque lo que requieran las circunstancias del partido.

No soy muy de hacer comparaciones ni me gustan los rollos de estamos ante el nuevo Zutano o el sucesor de Perengano. Pero el otro día en una tertulia futbolera debatíamos sobre a quién se nos parecía Gavi y me mojé: creo que estamos ante un jugador tipo Deco que puede liderar el centro del campo del Barça y del fútbol español durante los próximos 12 o 15 años. Solo espero que se centre en su carrera y les calle la boca a los que pretenden desestabilizarle desde los estercoleros mediáticos. @Bajarlaalpasto1

Raticos de fútbol – Julián Cerón Madrigal

«El fútbol, como la vida, se disfruta a raticos.»

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«…, probablemente como tú, cuando estoy en los parques miro de reojo a los niños jugar al fútbol por si se les escapa la pelota y puedo devolvérsela de un buen toque.» Así, con esta declaración de intenciones, finaliza el libro ‘Raticos de fútbol’ de Julián Cerón Madrigal, biológo, investigador, viajero, escritor y, por encima de todo, me atrevo a decir que futbolero porque como confiesa en el prólogo de su libro «cada día que pasa soy más de jugadores que de equipos, y a veces más de jugadas o partidos que de jugadores. En definitiva, soy del juego.»

Esta pequeña joya de 106 paginas ha sido mi descubrimiento literario-futbolero del año. A lo largo de diez capítulos – que recogen cada uno un ratico de fútbol – he viajado, conocido, reconocido y recordado episodios futboleros narrados en primera persona por el autor, quien comparte con el lector sus experiencias personales y partidos vividos, salpicados con referencias históricas, en Guayaquil, Bogotá, Medellín o New Jersey, con otros conocidos por la mayoría de los aficionados, como la final de la Champions 2014 en Lisboa, o los grandes momentos de la selección española en Viena, Johannesburgo o Kiev.

El libro ‘Raticos de fúbol’ lo podéis comprar a través de este enlace en amazon por 8 euros, y toda la información sobre el autor la tenéis en su blog. Desde hace unos días también está a la venta ‘Raticos de fútbol II’, libro que ya tengo tengo en mi poder, esperando para ser devorado.

Nota de agradecimiento: Puedo presumir de tener ambos libros dedicados por cortesía de su autor y, por supuesto, ya ocupan un lugar privilegiado en mi biblioteca futbolera. Gracias Julián 😉

En Twitter: @raticosdefutbol

 

Este libro forma parte de mi biblioteca #LibrosFutboleros

 

 

Isco se marca ‘un Sergio Ramos’ y se borra de la selección

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Hay situaciones que suceden periódica e irremediablemente, como las fases lunares, el calendario de las mareas, ir los domingos a comer paella a casa de la suegra… o que un jugador del Real Madrid se borre de una convocatoria de la selección española ante un partido intrascendente.

El más genuino escapista de la selección es, precisamente, su capitán Sergio Ramos, conocido coloquialmente como el patriota de pacotilla, quien en más de una ocasión fingió alguna lesión para borrarse de la llamada del seleccionador de turno. Pero eso sí, lo mismo luce muñequeras con la bandera española que escucha el himno con más sentimiento que nadie.

Ahora le toca el turno a Isco quien, siguiendo el ejemplo del capitán de su club, no viaja a Rusia – tranquilos, es para jugar un simple amistoso, porque al Mundial irá aunque sea a la pata coja – con Lopetegui y sus compañeros para, según apuntan los medios de la caverna, llegar en buenas condiciones al duelo liguero contra el Atlético de Madrid. Isco jugó el pasado sábado en La Rosaleda contra Costa Rica y, aunque no marcó ningún gol ni repartió ninguna asistencia, se retiró del campo antes de tiempo para darse un baño de masas y escuchar la ovación que le dedicaron sus paisanos malagueños.

También es cierto que el cambio del centrocuentista – perdon, centrocampista – del Madrid y de la selección estuvo motivado por una fea entrada que le hizo un defensor costarricense, de las que hay varias en todos los partidos, exagerada por los medios domesticados, que la calificaron como ‘salvaje’, ‘criminal’ o ‘escalofriante’. Esos medios son los mismos que se pusieron de perfil y silbaron melodías, e incluso llegaron a justificar dos entradas ‘salvajes’, ‘criminales’ y ‘escalofriantes’ que realizó no hace mucho el propio Isco sobre Neymar y Gabi. ¿Os acordáis? Yo también. @Bajarlaalpasto

 

 

Los bobos de la camiseta

«Mamá dice que tonto es el que hace tonterías.» – Forrest Gump

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Mira que somos cachondos y, además, lo que nos gusta embarrar. Lo digo porque la selección española de fútbol se clasificó brillantemente para disputar la Copa del Mundo Rusia 2018, por lo que el tema que nos tenía que preocupar es que, desde ahora y hasta la cita mundialista, Lopetegui pudiese trabajar para que cuando llegue el momento elija a los 23 mejores futbolistas.

Pero, insisto, somos unos cachondos y nos gusta llevar al límite, cuando no al absurdo, cualquier asuntito, dándonos igual que sea más o menos relevante. Así, un pueblo que se divierte lanzando cabras desde un campanario, o en el que hay gente que es capaz de acabar en un hospital por una discusión sobre si la tortilla de patata debe llevar o no cebolla, o donde se insulta a un jugador que defiende a la selección desde que era un niño, no podía dejar escapar la ocasión de montar un jaleo por los colores de la camiseta que Adidás diseño para ir a Rusia.

Esta discusión nos queda muy lejana a los que, como yo, sólo distinguimos los colores básicos – rojo, verde y azul –  y el resultado de sus combinaciones. Pero, claro, desde que los colores tienen apellido, todo es mucho más complicado: rojo bermellón, verde jade, azul petróleo, blanco roto, gris plomo, fucsia-malva-lila-magenta, amarillo crepúsculo… ¿así cómo carallo no se van a liar los diseñadores?

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Pues en esas estamos, en plena discusión bizantina sobre si la nueva camiseta de la selección es republicana porque uno de sus colores parece morado – en todo caso sería sólo de la Segunda República, no de la Primera -, o sobre si la segunda equipación en azul y rojo recuerda al FC Barcelona, sin decir que cuando la selección jugó totalmente de blanco, Piqué incluido, nadie dijo ese tipo de mamarrachadas en otro sentido. Por cierto, en este segundo caso los que estarán contentos serán Isco y Asensio, porque nunca tendrán una ocasión como ésta de vestirse con los colores que sienten de verdad.

Lo peor de todo es que desde ahora y hasta que comience el Mundial el globo se seguirá inflando; y lo más triste será que cuando lleguemos a Rusia y nuestro equipo salte al terreno de juego, en vez de escuchar «cuidado, aquí están los favoritos para levantar la Copa del Mundo» escucharemos «coño, ya han llegado los bobos de la camiseta». @Bajarlaalpasto

 

Piqué se explica, la caverna manipula

«Si se introduce en el proceso de comunicación la mentira o la mala fe, habrá manipulación.» – Albert Jacquard (escritor, ensayista, profesor, filósofo, biólogo y genetista francés).

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La algarabía provocada por las declaraciones de Gerard Piqué sobre las circunstancias que rodearon antes, durante y después a la jornada del #1O – que motivaron mi post titulado Todos mis respetos, Gerard Piqué – fue aprovechada al día siguiente por un montón de borregos para, amparados en el anonimato que da a acudir a los sitios en rebaño, presentarse en Las Rozas durante el entrenamiento de la selección española con el único objetivo de linchar públicamente al central del Barça y de la roja.

Y digo que «la algarabía… fue aprovechada» porque esas declaraciones de Piqué  – en las que defendía el derecho a votar y criticaba la actuación policial durante el #1O – sirvieron como falsa munición para que la borregada atacase al futbolista por el motivo que más les duele: su declarado antimadridismo. Como muy bien resume mi amigo @EuskalCule: «Paradójicamente, ‘EMPEZÓ TODO’ el día que Piqué dijo ‘gracias Kevin Roldán, contigo EMPEZÓ TODO’”. Imposible explicar más con menos.

Tal fue el jaleo que montó esa patulea que se suspendió el entrenamiento, el seleccionador tuvo que salir a dar explicaciones y la caverna aprovechó para atizarle a Piqué como si fuese un muñeco de pimpampún. Y todo eso fue lo que motivó que el jugador convocase una rueda de prensa.

En su comparecencia ante los medios Piqué se comportó de la misma forma en que lo hace en el terreno de juego: estuvo imperial, señorial y con la cabeza bien alta. Invitó a todos los periodistas – a todos, incluidos los que trabajan para medios que promueven los silbidos contra él –  a que le hiciesen cualquier tipo de preguntas y a todos los neutralizó como hace sobre el césped con los mejores delanteros del mundo. Mandó, templó, dirigió, gesticuló. Sin duda una auténtica master class de un tipo que nunca se esconde y siempre da la cara.

Pero al final sucedió lo esperado y muchos de los medios adscritos al nazionalmadridismo, lo que coloquialmente se conoce como la caverna, (des)informaron a sus lectores y oyentes manipulando las declaraciones de Piqué de un modo vil y rastrero. Y es que ya se sabe que para el nazionalmadrismo – ese gobierno de facto que campa a sus anchas y maneja muchos de los hilos de este país desde el siniestro palco del Bernabéu (como también denunció Piqué) – la selección española no es más que una sección del Real Madrid Club de Fútbol, de la misma manera que Televisión Española, Antena3, Cuatro, Telecinco y laSexta no son más que canales temáticos de Real MadridTV, utilizados para su propaganda.

Y así la declaración más esperada de Piqué «NO ES MI CASO, pero creo que un independentista podría jugar en la selección», fue recortada en diversos medios tras un curso acelerado de manipulación informativa para presentarla así:

Incluso un pseudoperiodista que desprestigia su profesión por diferentes redacciones y platós, y que tiene como carta de presentación el haber anunciado el declive de Messi – sí, así, con dos cojones -, también se apuntó a meterse como un gorrino a chapotear en el charco:

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Como suele ocurrir en estos casos, siempre se acaban subiendo al carro oportunistas que buscan su minutito de gloria. Este ha sido el caso del tal Álvaro Arbeloa, un tuercebotas con un currículum deportivo tan espectacular como inmerecido, que acabó su carrera teniendo que volver de Inglaterra casi a nado cuando fue puesto de patitas en la calle por el todopoderoso West Ham, y que reparte carnets de españoles buenos y malos después de haber declarado en tono chulesco «no veo los partidos de España» o «estoy supercontento de no ir a la selección».

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Mientras muchos no pasan de ser más que unos vulgares metemierda, Piqué se presentó en público a pecho descubierto, sin ningún tipo de censura, y argumentó y habló de respeto y diálogo, dos términos por desgracia en desuso en este mundo de locos en el que estamos viviendo. En varias ocasiones he manifestado que no comparto muchas de las ideas de Piqué, de la misma forma que cuanto más le escucho hablar más le admiro y le respeto. Y hoy le he escuchado con mucha atención. No cambies, Gerard.  @Bajarlaalpasto

Todos mis respetos, Gerard Piqué

“No estoy de acuerdo con lo que dices, pero defenderé con mi vida tu derecho a expresarlo.”  – Voltaire (escritor, historiador, filósofo y abogado francés del siglo XVIII).

Piqué_llora

La frase que encabeza este post fue lo primero que se me vino a la mente tras escuchar a Piqué después de la pamema disputada en el Camp Nou entre el Barça y Las Palmas, y creo que, tras los sucesos vividos en Cataluña el pasado 1 de octubre, muchos deberían leerla y reflexionar. Por cierto, ¿qué le va a pasar al descerebrado que fijó el #1O como fecha para la celebración de ese partido? ¿Y al lumbreras que decidió que era el día perfecto para bordar una banderita en las camisetas? ¿Y a los pseudoperiodistas que ante un fuego se dedicaron a echar gasolina? ¿Y a los metemierda que en cuanto vieron un charco se rebozaron como gorrinos?

Voviendo al temita. Siempre he sido muy fan de Gerard Piqué tanto en lo deportivo como en lo personal. A nivel futbolístico, la categoría de Piqué no ofrece discusión, con el matiz de que es el mejor central del mundo… pero sólo cuando le sale de los cataplines. En el Barça es indiscutible y en la selección española también es el líder de la defensa, teniendo que suplir los despistes y las ausencias injustificadas de Sergio Ramos.

En lo personal, Gerard Piqué es una persona que se viste por los pies, que dice lo que piensa y que es consecuente con sus principios. Pero justo eso es lo que le convierte en sospechoso habitual en un país que se rige por la máxima grouchiana de «estos son mis principios, pero si no le gustan tengo otros». Y justo por eso tiene todos mis respetos, aunque no aplauda todo lo que diga. Jamás criticaré a nadie por manifestar sus ideas y por no esconderse. Es más, ojalá que muchos de nuestros políticos tomasen ejemplo, nos dijesen tan claro como Piqué lo que piensan, aceptasen preguntas en público y dejasen en algunos casos de hacer el don Tancredo y en otros de esconderse como gusanos.

A mediados del siglo pasado estaba mal visto que los futbolistas hiciesen otra cosa que no fuese dar patadas a un balón. Es famosa la anécdota que cuenta el periodista coruñés Carlos F. Santander en su libro A bote pronto  sobre Pahíño – futbolista gallego que fue internacional y jugó en Celta, Real Madrid y Deportivo de La Coruña – quien tenía inquietudes literarias y culturales y leía incluso a autores prohibidos en la época, como Tolstoi o Juan Ramón Jiménez, y por ello el diario falangista  Arriba comentó: «Pero, ¿qué se puede esperar de un delantero centro que lee a Dostoievski?». Pues ahora parece que 70 años más tarde algún lumbreras se pregunta «Pero, ¿qué se puede esperar de un defensa central que tiene ideas políticas?». De marcianos.

Ahora bien, Piqué está en el punto de mira de muchos aficionados, no por sus opiniones políticas, sino por su declarado antimadridismo. Y es que Piqué se ha metido con el Madrid siempre que ha podido y les ha dedicado bromas más o menos graciosas  –  para mi gusto siempre muy graciosas – como las de Kevin Roldán o el jugador CONOcido, llegando a manifestar que para él «es sinfonía que me silbe el Bernabéu». Y ha celebrado su gol en el histórico 2-6 y les ha enseñado la manita en el famoso 5-0. También, y eso sí que fueron palabras mayores, ha llegado a criticar y a denunciar lo que se cuece en el palco siniestro de ese estadio.

Lo miserable es que, una masa aborregada formada por indigentes intelectuales que se tragan sin rechistar la alfalfa que en forma de mentiras les suministra los medios de la caverna, han trasladado el pique saludable entre Madrid y Barça a roja. Y así, los mismos que con toda la razón del mundo reclaman respeto para los símbolos de la selección, como es el himno español, no tienen reparos en arengar al rebaño para que silben a quien lleva en su camiseta otro símbolo de esa misma selección, como es el escudo.

Y es que a esa panda de botarates alienados sin criterio la política le tira de los pinreles y lo que no le perdonan es su antimadridismo, porque sino también criticarían a otros deportistas que habiendo realizado declaraciones políticas en el mismo sentido que Piqué  – probablemente sin tanta vehemencia -, siguen contando con el favor del gran público.

Ahora, tras sus declaraciones y tuits publicados antes y durante la jornada del #1O, han vuelto a salir en tromba para exigirle que abandone la selección. Y le han dado un recibimiento entre bochornoso y vomitivo en la concentración de la selección en las instalaciones de Las Rozas, llegando a gritarle consignas contradictorias del estilo de «¡Vete a tu país!» al mismo tiempo que «¡Piqué, cabrón, España es tu nación!». Vamos, que además de borregos son bipolares.

El humorísta gráfico catalán Perich en su célebre libro Autopista publicó la siguiente cita: «En España aún hay mucha gente que para educar a sus hijos les dice: ¡Nene, no pienses: caca!». Este libro está publicado en 1970 y parece que mucha gente sigue anclada en esos años y aplicando esa idea. Y como esa idea me repugna, manifiesto mi admiración y todos mis respetos por Piqué: por decir lo que piensa y por ser consecuente con sus principios. No cambies nunca, Gerard. @Bajarlaalpasto