Los niños mantienen vivo al Barça en la Champions

«Confía en los jóvenes; confía en la innovación de esta generación.» – Jack Ma (Ma Jun), empresario chino.

Final en Kiev en el alambre, ya que cualquier resultado que no fuese una victoria dejaba al Barça prácticamente fuera de la Champions. Y el equipo blaugrana se presentó, para jugar en un ambiente gélido y contra un rival que cuenta con un entrenador con más conchas que un galápago, con un interino en el banquillo y con un once titular formado por un portero alemán en horas bajas, un central francés alejado de su mejor versión, dos holandeses – un centrocampista zozobrando como «el holandés errante» y un delantero que iba para león y se está quedando en gatito – y siete canteranos ‘made in la Masía’, con sus dosis de estilo y de ADN culé.

Pero ni el partido ni la situación ni la clasificación estaban para tirar del manual del perfecto cruyffista, y sí para recordar el célebre discurso de Winston Churchill en 1940 cuando, ante la Cámara de los Comunes, apeló al “nada puedo ofrecer aparte de sangre, esfuerzo, lágrimas y sudor”, como reconocimiento al valor de los soldados británicos durante la Segunda Guerra Mundial.

Y así el Barça, con la ayuda del alemán, el francés y los holandeses, se agarró a la Champions con el orgullo de Mingueza, esforzándose por cumplir fuera de su puesto; la calidad y la jerarquía de Eric García, del que solo falta saber cuándo será el capitán y el líder del equipo; la omnipresencia de Nico, un todocampista que recuerda a Effenberg o Schweinsteiger; la extraña mezcla de calidad e intensidad de Gavi, que parece que juega con zapatillas de cuadros con tacos de aluminio y la inocente insolencia de Ansu Fati, a quien la camiseta con el ’10’ le queda como un traje hecho a medida. Junto a ellos, un Busquets llamado a pastorear esta nueva camada de canteranos, tanto en el Barça como en la selección, y un Jordi Alba que sigue melancólico tras la marcha de Messi y que deambula por el césped mandando centritos al área como si fuesen pellizcos de monja.

A estos siete se les sumaron durante la segunda parte Araújo, un pedazo de defensa que seguro que cuando nació le dijeron a su madre en el paritorio «señora, ha tenido usted un central», y Balde, un fino estilista destinado a ser el inquilino de la banda izquierda del Camp Nou durante la próxima década.

Lo que hicieron estos chavales en el Olímpico de Kiev es una pequeña muestra de lo que pueden llegar a hacer, siempre que se encuentren arropados y el club sea capaz de crear el hábitat propicio para que explote todo su talento. El futuro, e incluso la viabilidad del FC Barcelona, pasa por las botas de estos canteranos y por las cabezas pensantes de sus dirigentes. Por el bien del Barça, esperemos que estos tomen las decisiones correctas y que aquellos respondan a la confianza que están teniendo. Y es que un buen trabajo desde los despachos tendrá su reflejo en el campo. @Bajarlaalpasto1

Cuatro capitanes culés y un funeral

«La culpa ha sido mía, yo soy el único cabrón de esta historia…» – Hugh Grant en la película ‘Cuatro bodas y un funeral’.

Uno de los momentos más famosos de la historia de la liga es el desenlace de la que se disputó la temporada 1993/1994, que finalizó con el famoso penalti fallado por Djukic que le habría dado el título al Deportivo de La Coruña, y que se acabó celebrando en Barcelona en la que fue la cuarta liga consecutiva del ‘Dream Team’ de Cruyff. Al final el partido y con un Riazor desolado, un abatido Arsenio Iglesias se presentó en la rueda de prensa y soltó una de las frase que debería formar parte de cualquier compendio de filosofía que se precie: «Mucho que decir y poco que contar».

Han pasado 27 años desde ese episodio y, al acabar el esperpento protagonizado por el Barça en Vallecas, lo primero que me ha venido a la mente en la sentencia de o Bruxo de Arteixo; y es que cómo se puede explicar el delirante inicio de temporada del equipo blaugrana, que tras diez jornadas suma unos paupérrimos 15 puntos (la mitad de los posibles), producto de cuatro victorias, tres empates y tres derrotas, casualmente todas contra conjuntos madrileños, marcando unos ridículos 15 goles y encajando 11, destacando que en varios partidos el primer disparo entre tres palos ha acabado en las redes de la portería de Ter Stegen.

A la hora de buscar culpables seguro que la responsabilidad está compartida, empezando por la junta directiva, siguiendo por el cuerpo técnico y acabando por los jugadores, y dándole también su parte a los servicios médicos, a los que por la forma en la que están gestionando y tratando las lesiones habría que recordarles la máxima «si juegas a los médicos, hazlo sin pacientes reales», y a todos esos metemierdas que desde los medios de (des)información y desde las redes sociales pululan cerca del club y que son expertos en provocar incendios y en ofrecerse para apagarlos con gasolina.

Los antiguos romanos, que eran gente sabia y de buen razonar, decían que «el pescado se empieza a pudrir por la cabeza«. Y en el caso del Barça está claro que tanto el presidente Laporta como su antecesor Bartomeu, en unas ocasiones por acciones y en otras por omisión, tienen su cuota como máximos responsables de la institución; tampoco puede escapar de la quema un Koeman sobrepasado por los acontecimientos y que, como entrenador, está demostrando tener menos cintura que cuando era el último defensor en su etapa como jugador.

Pero en esta ocasión quiero dedicarle unas líneas a un cuarteto que lleva formando parte activa de los últimos estropicios que ha sufrido el FC Barcelona, que no son otros que sus cuatro actuales capitanes: Busquets, Piqué, Alba y Sergi Roberto. Y es que, por poner una fecha dolorosa en el recuerdo de los aficionados, los cuatro estuvieron en el vergonzante 3-0 de Roma y también acudieron puntuales a las sonrojantes citas europeas con el Liverpool (4-0), Bayern (2-8) Juventus (0-3), PSG (1-4) Bayern (0-3) y Benfica (3-0). Por el medio, también derrotas dolorosas en competiciones domésticas y una falta absoluta de nivel competitivo, tanto ante los grandes del fútbol español, como Real Madrid o Atleti, como últimamente ante sus nuevas bestias negras, como el Granada City, el Bayern de Cádiz, el Getafelsburgo o el Inter de Vallecas.

Resulta triste y preocupante comprobar que en la mayoría de las ocasiones en las que los cuatro capitanes están sobre el campo, el partido acaba en un funeral. Y es que Busquets no es capaz de llevar la manija de un equipo blandito, Piqué tiene otras prioridades que le ocupan mucho tiempo, Alba llevaba años viviendo de los caramelitos que le regalaba Messi y Sergi Roberto es un futbolista intrascendente con un juego más insulso que un bocadillo de miga de pan.

El problemas es que, cuando otros capitanes como Puyol, Xavi o Iniesta vieron que su momento había llegado y los tres pactaron una salida con honores del club de su vida, los actuales portadores del brazalete se han agarrado a sus contratos, cediendo únicamente en diferir la duración de los mismos para no perder ni un céntimo, y al poder que tienen en el vestuario para impedir la renovación a fondo que se debería practicar en la plantilla. Y con este comportamiento irresponsable, el aficionado culé seguirá asistiendo a un funeral tras otro mientras espera la resurrección de un equipo muerto y enterrado. @Bajarlalpasto1

La central lechera saca su peor versión para atacar a Gavi

«¡Oh miseria humana, a cuántas cosas te sometes por el dinero!» – Leonardo da Vinci, polímata italiano del Renacimiento.

Sin duda en un país normal, la irrupción de Gavi, un futbolista de 17 años, en el once titular del Barça y su posterior llamada para formar parte de la selección española que disputó la final-four de la Nations League sería una de las noticias deportivas más celebradas del año. Pero aquí no. Todo lo contrario. Su convocatoria por parte de Luis Enrique y posterior debut como titular ante Italia fue tildado por la caverna como ‘provocación’, y su inclusión en la alineación titular para disputarle el título a Francia se consideró como una declaración de guerra por parte del seleccionador quien, a juicio de esas cabezas podridas, solo pretendía dividir a la afición y alejar a los seguidores de la selección.

Lo cierto es que Gavi –insisto, un chaval de 17 años que tendría que estar en el instituto- se mostró ajeno a todas las críticas y se cascó dos partidazos contra Verrati y Pogba, para entendernos, frente a la campeona de Europa y la campeona del mundo, no desentonando en ningún momento, y siendo un factor determinante para que la selección española llevase el mando del juego en los dos partidos.

Pero la caverna ya había cobrado su presa y no la iba a soltar; y si con Luis Enrique no pueden, porque rueda de presan sí y rueda de prensa también les deja en ridículo, y con Koeman tampoco, porque el holandés ha decidido apostar por la masía, ahora han ido a por Gavi, ‘culpable’ de tener un talento innato para jugar al fútbol, y de querer agarrarse a la titularidad en el Barça y en la selección a base de buen juego y de darlo todo en el campo. Y, por supuesto, de ir al choque, meter la pierna y no achantarse.

Si bien es cierto que en todos los partidos comete dos o tres faltas, algunas de ellas evitables, que le han costado alguna tarjeta amarilla (hay que ver lo valientes que son los árbitros con los niños y cómo silban melodías mirando para otro lado ante auténticos guadañeros), resulta curioso como desde la Central Lechera han salido en tromba a acusarle de leñero y de jugador agresivo, cuando el club de sus amores ha dado cobijo desde hace décadas a auténticos carniceros, como De Felipe, Benito, Mino, Ruggieri, Rocha, Hierro, Sanchís, Pepe, Casemiro y el mismísimo Sergio Ramos, que comparte los curiosos récords de ser el jugador más expulsado de la historia de LaLiga, al mismo tiempo de ser el jugador al que más expulsiones le han perdonado. Y sería injusto olvidar en esta vergonzante relación a Zidane, tan gran jugador como sucio, quien tiene en su palmarés 14 rojas y el trofeo al jugador más expulsado en la historia de los mundiales.

Por eso resulta vomitivo que auténticos trompeteros de la (des)información se dediquen a atacar y a intentar desacreditar a un joven jugador porque va fuerte al balón, después de llevar años defendiendo el discurso de la intensidad y del echarle huevos. La diferencia es que Gavi tiene pinta de ser un futbolista en el que se van a mezclar lo talentoso con lo rocoso, y que irá alternando el guante con el garfio, la zapatilla con el zueco o el paso de ballet con el tackle según su inteligencia le marque lo que requieran las circunstancias del partido.

No soy muy de hacer comparaciones ni me gustan los rollos de estamos ante el nuevo Zutano o el sucesor de Perengano. Pero el otro día en una tertulia futbolera debatíamos sobre a quién se nos parecía Gavi y me mojé: creo que estamos ante un jugador tipo Deco que puede liderar el centro del campo del Barça y del fútbol español durante los próximos 12 o 15 años. Solo espero que se centre en su carrera y les calle la boca a los que pretenden desestabilizarle desde los estercoleros mediáticos. @Bajarlaalpasto1

En Merenguilandia siguen celebrando el atraco de Francia en la Nations League

«Una derrota peleada vale más que una victoria casual.» – José de San Martín, militar y político argentino.

Si os preguntasen en qué partido jugado en San Siro, con árbitro británico, en el que estaba en juego un título europeo, ganó el equipo que iba vestido de blanco con un gol marcado en fuera de juego, la mayoría seguro que habríais contestado la final de la Champions de 2016 en la que el Real Madrid se impuso al Atleti con un clamoroso gol ilegal de Sergio Ramos. Y doy tantos datos para identificar el partido porque si solo hubiese que adivinar qué final europea ganó un equipo de blanco con gol en fuera de juego también podríais haber dicho la que le atracó – perdón, ganó – el Madrid a la Juventus en Amsterdam en 1998, con arbitraje de Krug, uno de los benefactores de la Casa Blanca.

Pues desde hace unos días también sería una respuesta correcta el robo perpetrado en ese mismo estadio por Francia, ataviada de blanco impoluto, a España en la final de la Nations League, cambiando en el papel de cooperador necesario a Clattenburg por Taylor, que abandonaron la famosa flema británica para dedicarse a pastelear y a medrar.

Lo que tienen en común esos tres episodios lamentables, que seguro que ocuparían un lugar destacado si un día se publicase una recopilación de competiciones manipuladas por la UEFA, es que los tres se celebraron en Merenguilandia con fanfarria y repique de bombo, si bien es cierto que la victoria de Francia, o la derrota de la selección española de Luis Enrique, se festejó más en las redes sociales, sin necesidad de vallar Cibeles ni de embutir a la presidenta Ayuso en una camiseta blanca, como sí se hizo en otras ocasiones con sus antecesoras en el cargo, Aguirre o Cifuentes.

Y es que el título del equipo francés le proporcionó al nazionalmadridismo un doble placer: por un lado le sirvió para atizarle a Luis Enrique por no haber llevado a ningún jugador del Madrid, como si la presencia del tal Nacho o de una medianía como Lucas Vázquez hubiese alterado el resultado de la final; y por otro, lo están utilizando para seguir dando la matraca y seguir promocionando a Benzema en la carrera por el Balón de Oro.

Sin duda lo más chusco es que esta celebración está protagonizada por los que siempre han presumido de buenos españoles, y así se permitían criticar a Piqué, al que le negaban el derecho de jugar con la selección porque entendían que era un indepe que no sentía la camiseta, o se ponían estupendos por unos silbidos al himno en los prolegómenos de alguna final de Copa del Rey.

Pero la bipolaridad de estos infraseres les llevó a que, dos días después de jalear al vecino francés, desempolvaron la bandera rojigualda para ponerla en el balcón para celebrar la festividad del 12 de octubre, conocida como la Fiesta Nacional, y ahí sí que sacaron a relucir su extraño orgullo y su patriotismo de la señorita Pepis. @Bajarlaalpasto1

La caverna vomita bilis contra Luis Enrique

«La grandeza inspira envidia. La envidia engendra rencor. El rencor genera mentiras.» – JK Rowling, escritora británica.

Han pasado casi diez años desde la última gran victoria de la selección española, tras el periodo mágico entre 2008-2012 en los que dominó el planeta fútbol ganando dos Eurocopas y un Mundial desplegando un fútbol espectacular, y ahora que vuelve al primer plano y disputará el título de la segunda Nations League contra Francia, actual campeona del mundo, la afición vuelve a estar dividida. Y, tristemente, vuelven a ser los mismos que antes de 2008 organizaron una cacería contra el seleccionador Luis Aragonés los que ahora vuelven a la cargan para atizarle a Luis Enrique, y por el mismo motivo: plantarse para dejar que la selección española deje de ser una sucursal de la cochiquera madridista.

Y así, si en su momento Luis Aragonés tomó la decisión deportiva de prescindir de Raúl, de profesión capitán del Real Madrid y manipulador de vestuarios, para apostar por Fernando Torres y Villa, en la última Eurocopa Luis Enrique decidió que ningún jugador del Madrid daba el nivel para acudir a la cita en la que el combinado nacional volvió a la élite, llegando a disputar la semifinal y siendo injustamente eliminada contra la futura campeona, Italia. Y eso en los estercoleros mediáticos de la capital jamás se lo perdonaron.

La primera factura que le quisieron cobrar al técnico asturiano fue por la ausencia de Sergio Ramos en la convocatoria, cuando el camero estaba lesionado y prácticamente llevaba todo el año sin jugar, situación que se ha prolongado hasta la fecha. Pero daba igual, e incluso algún pesebrero prefirió meter su dignidad en el cubo de la basura, para exigir que el capitán merengue tendría que acudir a la cita europea por su capacidad para ejercer como líder. A partir de ahí ya todo valió, y el nazionalmadridismo salió en tromba para criticar a Luis Enrique por no haber llevado a un lateral derecho próximo a la cuarentena, al cuarto central del Madrid, a un centrocampista medio tocado del Betis o a un delantero del Celta que lo único que demostró en su carrera es que solo ha rendido a alto nivel en el club vigués. Como si llevar a esos cuatro (buenos) futbolistas hubiese mejorado el gran resultado final en el torneo.

Y ante la final-four de la Nations League, a la que España llegó tras dejar por el camino a la todopoderosa Alemania, volvieron las críticas feroces contra el seleccionador. Por un lado, por no haber llamado a ningún jugador del Madrid, como si hubiese alguno que se lo mereciese, como el tal Nacho, cuyo único mérito es ser capaz de jugar mal en varias posiciones, o Lucas Vázquez, una medianía que tendría difícil despuntar en una liga de peñas. Y menciono a estos dos tuercebotas, porque reclamar la presencia de Ausencio, perdón Asensio, o Isco parece una broma pesada. Y por otro la convocatoria de Gavi, un chaval de 17 años al que Koeman ha subido al primer equipo del Barça, y al que desde los panfletos capitalinos han atacado, argumentando que tenía por delante a Luis Alberto, a Brahim Díaz o que hasta el españolista Darder – ¡Darder! – reunía más méritos.

Pero la brillante victoria de la selección ante la Italia eurocampeona, que además jugaba en su casa, con Gavi de titular y con un atractivo 4-3-3 basado en la posesión, la presión alta y en jugar en campo contrario y con falso nueve, demostró que la caverna nunca descansa. Y así, después del partido se sucedieron los comentarios críticos, insistiendo en que Luis Enrique es un provocador, que la selección está formada por jugadores mediocres y de perfil bajo, e incluso algún atolondrado llegó a afirmar que, ante la final, hay más cosas que le unen a Francia que a España. Por supuesto que esta basura que trabaja en los medios es la misma que de vez en cuando reparte carnets de españoles buenos y malos, y son los mismos que durante años organizaron una cacería contra Piqué porque, según sus cerebros podridos de odio, era un indepe que no sentía los colores.

Por cierto, recordarles a esos botarates que aseguran sin ponerse colorados que la selección está formada por futbolistas de perfil bajo que el once titular que presentó Luis Enrique contra Italia estuvo formado por el portero del equipo campeón de la Supercopa y finalista de las dos últimas Copas del Rey, dos defensas del equipo que ganó la Champions, otro la Premier y el cuarto la Europa League; un centro del campo con un campeon de LaLiga, otro de la Copa y el tercero titular y revelación del Barça; y una delantera con un ganador de la Premier, un jugador del PSG y otro de la Real Sociedad, actual colíder de LaLiga.

En resumen, la caverna ya tiene escrito el relato, independientemente de lo que suceda en la final contra la Francia campeona del mundo: Si la selección pierde, a Luis Enrique le atizarán más que a una estera; si gana, dirán que la Nations League es un torneo menor. Y es que la caverna hará todo lo posible para deshacerse de un seleccionador que los ningunea y que presume públicamente de saber más de fútbol que ellos, algo que no le ocurriría discutir ni a quien asó la manteca. Pero, por suerte para el fútbol español, por lo menos hasta el Mundial de Qatar tendrán que tragar con el técnico asturiano, así es es recomendable que hagan acopio de Almax, Primperán, Lexatín y Hemoal para pasar estos meses de la forma más digna posible. @Bajarlaalpasto1

Laporta, Koeman y ‘el coño de la Bernarda’

«Si no te gusta algo, cámbialo. Si no puede cambiarlo, cambia de actitud.» – Maya Angelou, escritora, cantante y activista estadounidense.

Cuando parecía que el serial sobre el relevo de Koeman en el banquillo del Barça llegaba a su fin, y que en el Wanda se escribiría el epílogo de esta historia sobre un amor imposible, el guión ha dado un giro inesperado con la salida del presidente Laporta para confirmar y pedir el apoyo para el entrenador, un entrenador en el que nunca ha creído y al que no considera capacitado para pilotar la nave blaugrana.

Pero como dice la máxima «a la fuerza ahorcan», desde el principio el presidente azulgrana se vio obligado a aceptar la continuidad del último entrenador fichado por Bartomeu ante la imposibilidad de encontrar un relevo de garantías. Y esa situación se ha prolongado hasta ahora, cuando parecía que la situación ya era insostenible. Nadie duda de que el sueño húmedo de Laporta era conseguir el regreso de Guardiola. Pero entre las muchas virtudes que sin duda tiene Pep, una de ellas es saber que volviendo al Barça no tendría nada que ganar y sí mucho que perder. Su paso por el banquillo culé siempre será recordado por un sextete, dos Champions y una ratio de campeonatos disputados-títulos ganados imposible de repetir, amparado en una generación de futbolistas de la casa única.

A partir de ahí, nombres y más nombres, candidatos, rumores, un montón de falsas exclusivas, un reguero de ‘según mis fuentes’ sin agua, y los medios que supuestamente siguen la actualidad del Barça compitiendo con los tuiteros más desvergonzados a ver si a alguno le sonaba la flauta. Todo el mundo opinó y todo el mundo dio su receta mágica para volver a tocar el cielo futbolístico: Cruyffistas de pacotilla que no tienen ni zorra idea de quién fue Cruyff, defensores acérrimos del 4-3-3 porque suena bien, talibanes del juego de posición como si hiciesen un auto de fe, y cánticos y alabanzas al estilo, al ADN y a no sé que demás paparruchas trasnochadas.

Y así se publicaron los nombres de Xavi, Roberto Martínez, Pirlo, Gallardo, Ten Hage o Conte como si jugasen a lo mismo y su ideario futbolístico fuese similar. También aparecieron las candidaturas de Löw, Tuchel o Jordi Cruyff. Y seguro que me estoy olvidando de más de uno. Hasta desde Bajaralpasto jugamos a entrenadores y apostamos por Albert Capellas, como buen conocedor del fútbol-base, amante convencido y practicante del juego de posición (este sí que sí) y con aprendizaje en los banquillos al lado de Peter Bosz y de Jordi Cruyff.

Al final, y contra todo pronóstico, tantas horas de radio y televisión, tantas páginas de periódicos y tantos mensajes y comentarios en redes sociales dedicados en exclusiva a hablar sobre la marcha de Koeman y la llegada de su sustituto para volver al punto de partida. Ahora la pregunta es ¿qué hay detrás de esta decisión de Laporta? ¿Lo hace por convencimiento u obedece a motivos económicos o a la imposibilidad de traer a un entrenador de su confianza? En principio, todo apunta a que es una huida hacia adelante para ganar tiempo, aunque el mes de octubre que se presenta es de agárrate que vienen curvas, con partidos de liga contra Atleti, Valencia y Real Madrid, y de Champions frente al Dinamo de Kiev. O la gloria o el infierno. O, lo que puede ser peor, la intrascendencia.

Desde el momento en el que el presidente ha mostrado públicamente su apoyo y su confianza en el entrenador, lo deseable es que todo el barcelonismo se una, todos los culés salgan (salgamos) de sus trincheras y todos juntos animemos y demostremos la grandeza de nuestro club. Pero también sería estúpido ignorar que en el mundo del fútbol la ratificación de un entrenador suele ser el paso previo a su despido. Ojalá que el culebrón sobre el banquillo del Barça, que históricamente ha sido un potro de tortura, haya llegado a su final por esta temporada. Sería la señal de que el equipo goza de buena salud y estará en la disputa de todos los títulos. @Bajarlaalpasto1

Luis Enrique vuelve a retratar al nazionalmadridismo

“Convicciones fuertes preceden a las grandes acciones.” – James Freeman Clarke, teólogo estadounidense.

Desde la pasada Eurocopa en la que la selección española firmó una gran actuación llegando a semifinales, donde fue eliminada injustamente por la Italia que se proclamaría campeona, cuando el seleccionador nacional Luis Enrique anuncia una nueva convocatoria, gran parte del fútbol español – desde pesebreros que manchan la profesión de periodista desde sus estercoleros mediáticos hasta aficionados que en su vida le han dado un puntapié a un bote, pasando por una cohorte de tuiteros que utilizan las redes sociales para dar rienda suelta a sus frustraciones – se pone en pie de guerra para criticar la lista, muchas veces antes de leerla completa y ya no digamos de analizarla.

Y es que ese grupo, capitaneado por la facción más radical del madridismo, como es el nazionalmadridismo, formado por los merengones más rancios, con olor a naftalina y llenos de caspa, se cree que sigue siendo el propietario de la selección, como sucedía en las épocas históricas más tristes y desoladoras del combinado nacional, y su sueño húmedo es tener al frente de la misma a un meapilas a quien pastorear para que la roja no sea nada más que una sucursal de la cochiquera del Bernabéu. El ejemplo más cercano es el de Lopetegui, a quien el convocar a los suplentes del Real Madrid le sirvió para que Florentino Pérez entrase a degüello en el vestuario de la selección en vísperas del inicio del Mundial de Rusia’18 para llevárselo con malas artes.

Pero con Luis Enrique, como diría un sabio popular, “van de cachas, cuesta arriba y con el viento en contra”, porque como diría otro castizo al asturiano las críticas “se la trae floja, oscilante y pendulona”, por lo que se siente libre para llamar – o no –  a quien considere oportuno.

Además, los resultados le están dando la razón. Y así, desde 2012 la selección española había dejado de ser un referente  en el panorama internacional, firmando ridículo tras ridículo, hasta que llegó Luis Enrique y la llevó a unas semifinales de Eurocopa y a la final four de la Nations League. Pero la miseria de sus críticos llega hasta el punto de que, en vez de reconocérselo, aseguran que se podría haber ganado la Euro si hubiese alistado a otro lateral derecho, al cuarto central del Real Madrid, a un centrocampista del Betis y al delantero del Celta, como si estuviésemos hablando de Cafú, Baressi, Neeskens y Batistuta.

Ahora el drama es que convoca a Gavi, como antes a Pedri, en vez de a Brahim Díaz. Y es que cómo estará un tal Nacho para que el nazionalmadridismo ya ni reclame su presencia en el puesto de Eric García o Laporte. Porque la pamema que organizaron con Sergio Ramos mejor no recordarla. Por cierto, un dato importante es que en el último partido de Champions, en el que el Madrid firmó un ridículo internacional frente al, ahora no recuerdo bien el nombre, el Bayern de Sheriff o el Sheriff City moldavo, Carleto acabó el partido con un once formado por 1 belga, 1 austríaco, 1 croata, 1 uruguayo, 1 alemán, 1 serbio, 2 franceses y 3 brasileños… vamos, que los que reparten carnets de españoles buenos y malos tienen la cara más dura que todo el cemento utilizado en la reforma del Alibabá Stadium, para acusar al seleccionador de antimadridista por no convocar a ningún jugador merengue.

Y es que en fondo son unos cachondos y lo que no quieren para ellos, lo quieren para los demás. Pero si a Rubiales no le tiembla el pulso y sigue aguantando las muchas presiones que está teniendo, los nazionalmadridistas van a seguir teniendo ese escozor en el ojete que les provoca cada victoria que consigue la selección con Luis Enrique al frente. @Bajarlaalpasto1

El banquillo del Barça siempre ha sido un potro de tortura

“La vida es mi tortura y la muerte será mi descanso.” – William Shakespeare, dramaturgo y poeta inglés

Decir del banquillo del Barça que es una silla eléctrica sería un piropo. En la silla eléctrica te sientan, te amarran con unas cinchas, te ponen un casquete, le dan al interruptor, te achicharran y a otra cosa. En cambio el potro de tortura es un instrumento mucho más sofisticado. El objetivo no es que la palmes pronto, no, todo lo contrario. Aquí se trata de que su usuario sufra, se retuerza, pida clemencia, se humille… ¿os suena, culés de pacotilla?

Históricamente, el Barça ha tenido a los mejores entrenadores del mundo. Los más deseados del momento, los triunfadores, todos con sus títulos o con sus brillantes hojas de servicios o con su trabajo en el club o con su pasado azulgrana… No me voy a ir al año de la chupirindaina, pero sí a un momento que marcó un cambio de tendencia en el club, como fue la llegada al club de Rinus Michels al principio de los años 70. Que primero a un técnico como el holandés (perdón, neerlandés) como después a Weisweiler, Müller, Rifé, Helenio Herrera, Kubala, Latek, Menotti, Venables, Luis Aragonés, Cruyff, Robson, Van Gaal, Serra Ferrer, Rexach, Antic, Rijkaard, Guardiola, Tito Vilanova, Tata Martino, Luis Enrique, Valverde, Setién y hasta ahora a Koeman siempre se les hayan buscado las cosquillas, es la demostración de la existencia del famoso “entorno” autodestructivo que tan bien bautizó Cruyff en Praga hace ya casi 30 años.

Y es que uno se llevaba mal con la estrellita de turno, otro que la estrellita de turno prefería a su valedor, otro que si no tenía carácter, otro que si tenía mucho genio, otro que si el estilo, otro que si era antipático, otro que si el ADN, otro que si le echaba un pulso al presi, otro que si no tenía currículum, otro que si era un tristón, otro que si cuidaba vacas en el prado… hasta que llegamos al actual, a Koeman, leyenda del club y fiel a la institución, cuyo pecado fue que lo fichó Bartomeu en una de las épocas más convulsas de la historia del equipo, en medio de una crisis institucional-social-económica-sanitaria sin precedentes, con una moción de censura a la vista, con Messi dándole al botón de ‘enviar’ de su bochornoso burofax y después de una sonrojante derrota por 2-8 en Champions ante el Bayern.

Pues ahora es Ronald el inquilino de tan siniestro y cruel artilugio, y tras cada partido que no se gana, o se gana sin la brillantez que exigen los gurús y los guardianes de las esencias, Laporta y sus acólitos le dan una vuelta de tuerca mientras buscan quién le sustituya, tanto en el banquillo como en el potro. Y es que “el entorno” ni descansa ni respeta a nadie… ¡qué pase el siguiente! @Bajarlaalpasto1

Koeman tiene que agitar el avispero

«Para abrir nuevos caminos hay que inventar, experimentar, crecer, correr riesgos, romper reglas, equivocarse… Y divertirse.» – Mary Lou Cook, escritora estadounidense.

Esta noche a las 21:00h el Barça jugará contra el Granada en el Camp Nou el partido correspondiente a la quinta jornada de LaLiga, con la intención de borrar el mal sabor de boca que dejó la derrota -acompañada del mal juego- ante el Bayern en Champions, y de engancharse a la cabeza de la clasificación.

Para ello Koeman debería empezar por presentar una alineación ilusionante, al mismo tiempo que solvente, para enganchar a los aficionados enviando un mensaje de que apuesta por la renovación y el buen juego. No soy partidario de tomar decisiones drásticas con un bidón de gasolina y una cerilla, y lanzar al terreno de juego un equipo formado por tiernos infantes, porque siempre he defendido que los jugadores jóvenes deben ir entrando progresivamente, al lado de veteranos que asuman la responsabilidad. 

Contando con que el entrenador cuenta con las bajas de Jordi Alba, Pedri, Braithwaite, Ansu Fati, Dembélé, Agüero y Nico, sí que puede agitar el avispero y presentar novedades en todas las líneas desde el inicio, presentando una alineación como ésta:

Ter Stegen; Dest, Araújo, Piqué, Baldé; De Jong, Busquets, Gavi; Demir, Memphis, Coutinho.

Y es que, por muchas críticas que se hagan al último mercado de fichajes, con esta convocatoria y este once se deberían de ganar el 80% de partidos de este campeonato. Otra cosa distinta es que se necesite la mejor versión de los Dembélé, Ansu, Pedri o el Kun para disputar el título contra el Madrid, el Atleti o el Sevilla, y ya no digamos para avanzar en la Champions ante Bayern, City, Chelsea o PSG. @Bajarlaalpasto1

Piqué: ‘Es lo que hay’… y una mierda

«El hombre es dueño de sus silencios y esclavo de sus palabras.” –  Aristóteles, filósofo griego.

Comienzo con una aclaración, innecesaria para mis fieles y pacientes seguidores-lectores, por si hay algún despistado o alguna nueva incorporación: tanto en este blog como en la cuenta de Twitter @Bajarlaalpasto1 siempre he sido un gran defensor y un gran admirador de Gerard Piqué, al que le he dedicado varios posts. Y siempre he dicho que es [era] el mejor central del mundo… pero solo cuando le sale [salía] de las bolas.

Dicho esto, lo cierto es que desde 2017 – ¡ya cinco años!!! – Piqué aparece retratado en los ocho resultados más vergonzosos sufridos por el Barça en Champions durante este tiempo, siempre acompañado por Sergi Roberto, Jordi Alba, Busquets y Ter Stegen (sí, también Ter Stegen, ya sé que para muchos está mal recordarlo, pero la hemeroteca es así de caprichosa).

No seré yo quien dude de la profesionalidad del central, pero lo que sí es cierto, y aquí la hemeroteca vuelve a ser caprichosa, es que en los últimos años el fútbol no ha sido su única prioridad, diversificando sus actividades, principalmente a través de la empresa Kosmos, organizando el nuevo formato de la Copa Davis, representando a tenistas como Thiem o participando en proyectos futbolísticos como el FC Andorra, al mismo tiempo que arrasa en sus incursiones en el mundo de la comunicación, tanto a nivel personal con sus redes sociales como con su alianza con Ibai Llanos, tras haber comprado los derechos de la última Copa América y el debut de Messi con el PSG, o el nuevo proyecto que van a compartir en eSports. Y para todo eso se necesita tiempo, dedicación y concentración.

Recordamos que tras la vergonzosa derrota en Champions por 2-8 en Lisboa ante el Bayern, Piqué había declarado que «nadie es imprescindible, yo soy el primero que me ofrezco, si tiene que venir sangre nueva y cambiar esta dinámica soy el primero en irme, en dejarlo, porque creo que hemos tocado fondo”, añadiendo que “no competimos en Europa, llevamos unos años así, independientemente de quién sea el entrenador o de los jugadores que sean. En LaLiga nos daba, pero tampoco nos da.”

Pues bien, ha pasado más de un año y, centrándonos en la situación deportiva de Piqué en el Barça, el jugador sigue formando parte de la plantilla de la cual es el capitán y se ha vendido como un gran servicio al club una rebaja salarial que, en términos reales, ha sido diferirse el pago de su ficha a cambio de asegurarse una temporada más (hasta el 2024). Y, lo que resulta más triste, parece que a nivel futbolístico no está capacitado para  desempeñar el que tendría que ser su último gran servicio al club, como era el de apadrinar a Araújo y Eric García y que creciesen y se asentasen a su lado.

Así es que, y por mucho que me duela decirlo, Piqué no ha dado un paso a un lado ni, mucho menos, un paso al frente. Lo que sí da, y cada vez más, son pasos atrás sobre el terreno de juego, reculando para que no se le vean las costuras y metiendo al equipo a defender en su área, en vez de sacar la línea y hacer un bloque más junto, más compacto y más dominador.

Y está muy bien que tras una derrota dolorosa no se esconda y dé la cara. Pero lo que no es de recibo es que en septiembre, con solo tres jornadas de Liga y una de Champions disputadas, diga con cara lánguida: “es lo que hay, ahora somos lo que somos”, y transmita ese mensaje derrotista, como queriendo decir que con veteranos acomodados, fichajes de la clase media y jóvenes barbilampiños la temporada se nos va a hacer los culés más larga que el viaje de Marco para encontrar a su buena mamá… y eso que este serial lacrimógeno tuvo un final feliz. @Bajarlaalpasto1